España busca 15.000 camioneros y el carnet cuesta hasta 6.000€
Faltan 15.000 camioneros en España. Nadie discute el número: el desacuerdo empieza al explicar por qué no aparecen. El sector sostiene que los españoles ya no quieren el volante; buena parte de quienes lo agarran cada día responde que el sueldo por hora no paga ni el carnet ni las noches fuera de casa. Y sobrevolando todo, un pronóstico que el veterano transportista Antonio Abad resume sin anestesia: en diez años, afirma, todos los camioneros del país serán inmigrantes.
El diagnóstico de partida señala cuatro cuellos de botella: las condiciones de trabajo, una disparidad de convenios que rompe cualquier comparación, el precio del carnet y el curso práctico obligatorio. Con miles de vacantes por cubrir, el sector se ha acostumbrado a contratar fuera lo que no encuentra dentro.
¿Cuánto cuesta sacarse el carnet de camión?
El CAP, el certificado de aptitud profesional, ronda los 1.200 euros. Un paquete completo de permiso C, CAP, ADR y cisternas se sitúa en unos 1.300 euros más los derechos de examen, con ocho clases de tráiler aparte y la hora de clase a 80 euros. Son las cifras que manejan quienes acaban de pasar por el trámite, y no incluyen los suspensos.
La cuenta cambia mucho según la suerte de cada uno. Hay quien se lo sacó casi gratis en cursos subvencionados y hay quien ha pagado cerca de
6.000 euros por el carnet de un sobrino que suspendió una vez. Ese diferencial, del orden de 1.300 a 6.000 euros por el mismo papel, funciona como primer filtro de entrada al oficio y explica que se hable de las autoescuelas más como barrera de precio que como academia.
A eso se suma la vía administrativa. Se sostiene que la DGT pone más trabas a los españoles que a los conductores que llegan con el permiso ya homologado de otro país, y entre los propios profesionales hay quien asegura haber coincidido con compañeros incorporados con todos los carnets convalidados, incluido el de autobús, sin haber conducido apenas un coche en su vida.
¿Cuánto cobra un camionero y cuántas horas echa?
El sueldo por hora que se atribuye al sector es de
5 o 6 euros, con jornadas que en el relato más duro llegan a 12 y 15 horas diarias, descansos mínimos, sin horas extras y sin calendario laboral. De ahí sale una frase que resume el malestar:
el problema no es el carnet, es lo que se paga después.
La versión que dan otros chóferes es distinta. En ruta nacional la mayoría de los días no se conduce más de seis horas; en internacional se pueden hacer diez horas dos días a la semana y nueve el resto, y rara vez se llega al límite porque hay que asegurar el estacionamiento antes de que se agote el tiempo. El tacógrafo, recuerdan, ya no se puede manipular y hay controles por todas partes.
En cuanto a la nómina, el autobús se mueve entre
1.900 y 2.100 euros porque no genera dietas por pernocta, frente al tráiler, que sí las suma. Hay quien presume de 34 días de vacaciones y de haber pagado una casa de 70.000 euros en tres años. Otros ven en el mismo oficio una vida en la cabina, descrita sin cariño como un
trastero con ruedas.
El salario o la frontera: las dos teorías sobre las vacantes
Hay quien sostiene que, si no se trajera mano de obra dispuesta a trabajar por menos, las empresas se verían obligadas a mejorar condiciones. La respuesta desde el otro lado es que no hay candidatos: si no aparecen españoles dispuestos a subirse a un camión, las vacantes se cubren como se puede.
El envejecimiento del colectivo cruza la cuestión migratoria con la demografía. Una corriente del análisis habla de sustitución de trabajadores nacionales por otros con menos capacidad de negociar; la contraria replica que no existe ninguna mayoría que rechace el oficio por comodidad, sino menos gente en edad de trabajar y más puestos manuales y sacrificados sin cubrir. Lo que ambas lecturas comparten es el efecto sobre el precio del trabajo: la llegada de profesionales dispuestos a aceptar tarifas más bajas presiona a la baja un salario que ya se mueve en tramos modestos.
También coincide la foto del pasado. En los noventa un tráiler propio vivía bien y se llevaba hasta un tercio del precio del porte; esa imagen desapareció con la
guerra de precios entre empresas que empezaron a contratar conductores de otros países para abaratar costes.
Camiones eléctricos y becas: el futuro que ya se prueba
El relevo no tiene por qué llegar en forma de persona. Hay fabricantes probando camiones eléctricos en el sur de España para comprobar si aguantan el calor, y programas de becas como el que MAN Truck & Bus Iberia lanza por tercera edición para que las mujeres se saquen el permiso de camión y accedan al mercado laboral. Faltan también conductores de autobús, así que el cuello de botella no es exclusivo del tráiler.
La conducción autónoma aparece en todas las
quinielas, aunque con matices. Sustituir al chófer implica una inversión que se estima en cientos de miles de euros por unidad para ahorrar una nómina mensual modesta, y no resuelve el resto de la cadena: alguien tiene que abrir las puertas, ajustar el remolque al muelle, colocar las cinchas, poner el candado y cuadrar la temperatura del frigorífico.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar más camiones eléctricos, más becas y más contratación en origen antes que una subida generalizada de salarios. Pero el pronóstico no está cerrado: la primera empresa que suba la oferta se llevará a los chóferes de la competencia, y ese mecanismo ya se está viendo. La pregunta es cuánto tarda el resto en copiarlo.