Cadena perpetua para el fundador de Evergrande: China marca territorio
China ha condenado a cadena perpetua a Xu Jiayin, fundador de Evergrande y ex hombre más rico del país. El mensaje al resto de magnates es inconfundible: ni la fortuna ni las conexiones políticas protegen ante el aparato judicial. Pero la sentencia, enmarcada en uno de los mayores fraudes contables de la historia, no se lee igual en todos los sitios.
El caso que sacudió el ladrillo chino
Evergrande, otrora el mayor promotor inmobiliario del mundo, arrastraba una deuda gigantesca. La condena de su fundador convierte el desplome en un aviso: en China el poder también se ejecuta. El fraude contable que se le imputa está entre los más graves que se recuerdan, aunque las cifras exactas no se han hecho públicas por completo.
Justicia ejemplar o purga selectiva
Las lecturas se dividen. Hay quien ve una demostración de que Pekín no tolera que se juegue con los libros de cuentas, y quien sostiene que el derribo de un magnate tan visible responde a otras lógicas. La teoría del ajuste de cuentas político no es descabellada: el imperio de Jiayin queda a disposición de quien decida quedárselo por un yuan.
El espejo occidental
La comparación con Occidente es inevitable. Mientras en España los debates sobre corrupción política rara vez terminan en penas tan contundentes, en China el expediente se cierra con rapidez y severidad. Pero que un caso sea ejemplar no significa que la justicia sea ciega: los analistas recuerdan que el sistema financiero chino sigue siendo opaco y que varias redes paralelas conviven bajo el mismo tejado.
La pregunta que flota es si esta condena disuadirá a otros gigantes del ladrillo con balances maquillados o si, simplemente, elige a la próxima víctima. La respuesta, como casi todo en China, dependerá de quién pregunte.