Cuando el cuerpo pasa factura: infartos y cánceres antes de los 50
La escena se repite en demasiados barrios: un vecino que no llega a los 50, fumador, con un cáncer de pulmón incipiente; otro que se desploma por un ictus a los 42; un tercero que con 47 apenas puede atarse los cordones. Los casos se acumulan y la pregunta ya no es si el exceso mata, sino cuándo empieza a pasar factura.
El cuerpo no olvida: drogas, alcohol y tabaco
La relación entre los excesos de juventud y los problemas graves de salud se ha convertido en un lugar común. Los testimonios apuntan a que los ictus y los cánceres ya no son patrimonio de los mayores: aparecen en la cuarentena y hasta antes. El tabaco sigue siendo el gran sospechoso: fumar multiplica por 20 o 30 el riesgo de cáncer de pulmón, un dato que se repite con crudeza. Pero también se menciona el abuso de cocaína y otras sustancias en quienes hoy rondan los 50. La generación de la ruta del bacalao, el botellón y las drogas de diseño empieza a pagar la factura.
El asunto no se limita a las sustancias ilegales. El alcohol, con la borrachera del fin de semana como rito social, deja una huella que algunos comparan con la del tabaco. Y hay quien señala que la 'maría' actual es más tóxica que la de antes: cultivos en invernaderos con fertilizantes agresivos, sin el filtro natural del aire libre. Un cóctel que, en personas con predisposición, dispara el riesgo.
La letra pequeña de la alimentación moderna
El otro gran frente es la comida. Los ultraprocesados, los edulcorantes y la ubicuidad de la soja hasta en productos insospechados son señalados con el dedo. Hay quien sostiene que la dieta industrial mata más que las drogas, aunque los cálculos relativizan: comer salchichas o beicon eleva el riesgo de cáncer colorrectal en apenas un 0,9% sobre el riesgo base, una cifra pequeña frente al factor multiplicador del tabaco. El problema es que no viene sola: se combina con el sedentarismo, el exceso de peso y el estrés.
El combo estrés-sedentarismo es el que más testimonios citan como desencadenante. Pantallas, teletrabajo y sofá: tres enemigos que matan despacio. Hay quien dice que la solución pasa por volverse analógico, escribir a máquina, andar 16.000 pasos al día. Otros recuerdan que los 16.000 pasos son un mito: a partir de cierta cantidad, el cuerpo no gana nada y empieza a desgastarse.
¿Dejar de vivir o vivir mejor?
Las posturas van desde el 'vividor hasta el final' hasta el puritanismo saludable. En el extremo, hay quien asegura haber recuperado la forma tras 25 años de sedentarismo con dos años y medio de gimnasio, bicicleta y una hora diaria de caminata. Otros, más escépticos, recuerdan que también hay quienes llegan a los 60 y pico derruidos pero vivos tras décadas de excesos. La genética y la suerte existen. Pero, como apunta un comentario afilado, quien no cuida su cuerpo tiene más papeletas en el bombo.
Un dato descoloca: un conocido con brotes esquizofrénicos por el abuso de sustancias cobra una pensión de 1.600 euros al mes. No parece un buen negocio. La salud, cuando se pierde, no se compra con ingresos.