Madrid tendrá F1 en 2026: 5,47 km y 20 curvas alrededor de Ifema
El trazado que la Fórmula 1 quiere correr en Madrid en 2026 ya tiene forma.
5,47 kilómetros, 20 curvas y una velocidad media estimada de 218 km/h, según la ficha que acompaña a la vuelta virtual difundida estos días. El circuito discurre por el entorno de Ifema, con capacidad para
110.000 espectadores ampliable a 140.000, lo que lo situaría entre los graderíos más grandes del calendario. La presentación se ha hecho en la propia sede ferial, y el anuncio ha reabierto la guerra de siempre: quién paga, para qué sirve y por qué no se arregla el Jarama.
Qué es el circuito urbano de Ifema y por dónde pasa
El proyecto no es un circuito de muro a muro como Mónaco o Valencia. La idea es aprovechar el recinto ferial como epicentro:
14 pabellones de uno de los recintos de exposiciones más grandes de Europa, según se subraya al presentarlo, más espacio libre para actividades paralelas, hospitalities y todo el negocio que la F1 arrastra hoy. Ese es el argumento de los defensores: un gran premio céntrico, con infraestructura ya construida y sin necesidad de levantar un autódromo desde cero.
El trazado, sin embargo, ha generado memes antes que análisis. Hay quien le ha buscado el parecido con una glorieta y quien ha contado
dos rotondas dentro del recorrido, lo que para los puristas convierte la carrera en un paseo por polígono industrial. La vuelta virtual difundida por redes sirve tanto para vender el producto como para alimentar la burla.
El Jarama, la alternativa que nadie descarta del todo
La pregunta más repetida es por qué no se reforma el Jarama. El circuito histórico está a un paso de la A-1, tiene solera y trazado, pero arrastra dos problemas que se citan una y otra vez:
el ruido y las casas. Las urbanizaciones construidas alrededor han limitado históricamente el uso del circuito por decibelios, y las escapatorias son escasas, lo que complica meter monoplazas actuales con garantías. Hay quien recuerda que el circuito estaba antes que las viviendas, y que eso no ha impedido que las quejas vecinales manden.
A eso se suma la logística. La A-1 es, según varios comentarios, la peor radial de Madrid: sin cercanías, sin bus de alta ocupación y con un embudo de dos carriles nada más pasar el Jarama. Meter allí 140.000 personas un fin de semana es un problema de tráfico que nadie ha resuelto sobre el papel.
Quién paga el gran premio: inversión privada o dinero público
Aquí está el nudo. La defensa oficial insiste en que el proyecto madrileño es
100% inversión privada, a diferencia del circuito urbano de Valencia, que acabó abandonado y con la Generalitat pagando. La comparación con Valencia aparece en casi todas las conversaciones: se recuerda que aquel trazado duró pocos años y hoy está en desuso.
La desconfianza es razonable. Hay quien pregunta directamente si el canon lo pagarán los madrileños o los patrocinadores, y hay quien sostiene que ningún evento de este tamaño se organiza sin dinero público escondido en infraestructuras, accesos o seguridad. La respuesta oficial no ha despejado el detalle del contrato. El paralelismo con Cataluña también planea: se afirma que Madrid habría tensionado el precio de adjudicación y que la Generalitat tendría que pagar un mínimo por temporada para mantener su plaza. Es un cálculo que circula, no un dato confirmado.
Qué pasa con el calendario y con Cataluña
La llegada de Madrid no implica necesariamente la salida de Barcelona. Se argumenta que son
dos contratos independientes y que cada sede negocia su canon por separado. Pero el contexto es el de un calendario que ya roza el límite de carreras y en el que los circuitos urbanos ganan peso frente a los permanentes. La F1 quiere ciudades, no asfalto en el culo del mundo.
El resultado es una paradoja: Madrid celebra tener un gran premio sin haber construido un circuito, y Barcelona defiende el suyo sin saber cuánto le costará mantenerlo. Entre medias, los aficionados discuten si el espectáculo justifica el desembolso.
El impacto económico: beneficios para todos o para unos pocos
La promesa es atracción de inversión, turismo y visibilidad internacional. La duda es si ese retorno llega al ciudadano o se queda en los bolsillos de siempre. Hay quien recuerda que Madrid ya restringe la circulación de vehículos contaminantes dentro de la M-30 mientras permite un evento que mueve miles de coches y genera residuos, y hay quien responde que el impacto se mide en empleo y hostelería, no en humo.
El punto donde el análisis se atasca es el mismo de siempre: nadie ha publicado todavía el contrato. Sin cifras de canon, sin reparto de ingresos y sin cláusulas de salida, la promesa de que será rentable es exactamente eso, una promesa. Y con Valencia de fondo, la paciencia del contribuyente tiene fecha de caducidad.