Coche para fardar por 6.000 euros: la trampa está en el taller
¿Se puede comprar un coche de segunda mano que llame la atención, sea de gasolina, pase de los 150 CV y cueste menos de 6.000 euros? Se puede. El problema no es encontrarlo: es lo que llega después. El punto de partida es un presupuesto ajustado al límite,
hasta 6.500 euros si el comprador apura, y una lista de deseos que suena a capricho de veinteañero: sonido, potencia y una estética que haga girar la cabeza incluso a quien no distingue un escape de un parachoques. La búsqueda tampoco se limita a España: también vale Alemania o cualquier rincón de Europa.
¿Qué coches raros y potentes entran por menos de 6.000 euros?
La lista que sale es larga y heterogénea. El
Mazda RX8, con
231 CV, aparece como uno de los favoritos por su motor rotativo —un sonido que engancha— y unos precios hundidos hasta el suelo. Hay quien asegura que cruzarse con uno por la calle es casi un acontecimiento, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Le siguen el
Opel Calibra Turbo 4x4, con
204 CV, o un
Mercedes de tres puertas con motor 2.5 de gasolina y 200 caballos. También suenan un Mitsubishi 3000GT, un Seat 124 Sport, un Porsche Boxster, un Hyundai Coupe o el
UAZ por 3.900 euros.
El filtro de «raro de ver» y el de «más de 150 CV» rara vez coinciden con el de «fiable». Y a partir de ahí la conversación deja de ser una lista de caprichos y se convierte en un problema de dinero. Un utilitario nuevo y básico, del tipo Dacia, aparece en la conversación como la opción sensata frente a tanto deportivo de saldo.
El precio de compra es la mitad de la broma
Comprar un deportivo viejo es barato. Mantenerlo, no. Los recambios de modelos con muchos años a sus espaldas son caros y difíciles de encontrar en desguace, y cada avería se traduce en una factura difícil de digerir. El ejemplo que más se desarrolla es el
Alfa Romeo 159 JTD de 1.9 y 150 CV: coche precioso y con carácter, pero de vida útil corta. Cuentan que resulta raro encontrar uno por encima de los
160.000 o 170.000 kilómetros, y que muchos se quedaron por el camino rondando los 100.000. No sería un problema de cuidado, sostienen, sino de que el motor agota su ciclo antes de tiempo por mucho cariño que se le ponga.
El RX8 no se queda atrás en ese capítulo. Su motor rotativo es a la vez una joya de sonido y, para algunos, un mantenimiento exigente. Hay quien fantasea con injertarle un motor de otra marca y añadirle un turbo para sacarle
ciento cincuenta caballos extra, pero esa aventura dispara el presupuesto muy por encima del punto de partida y no todos los componentes lo aguantarían. La conclusión que se repite: en estos coches el gasto gordo no está en la compra, está en la posventa.
¿Merece más la pena una moto por 3.000 euros?
Llega la respuesta incómoda para cualquier aficionado al motor de cuatro ruedas: por
3.000 euros, una moto deportiva de segunda mano deja en ridículo a casi cualquier coche de ese presupuesto. La lista incluye leyendas como la Suzuki Hayabusa, la Honda CBR 1100 XX o la Kawasaki ZZR 1100, máquinas capaces de superar los
300 km/h de serie. El nombre de la Hayabusa, «halcón», respondía a la Honda Blackbird, «mirlo»: una guerra de prestaciones entre marcas japonesas que hoy se lee casi como arqueología.
El contrapeso es evidente. Son motos pesadas, con inercias traicioneras y una potencia desproporcionada para quien no acumula kilómetros. Nadie con dos dedos de frente las recomienda como primera moto, y alguna de las más deseadas se recuerda, con el tiempo, como un hierro en curva. Detalle no menor: el casco tapa la cara, así que si el objetivo era que te miren, la jugada pierde fuelle.
Cabrio sí, pero con garaje y seguro
Otra vía para llamar la atención sin arruinarse es el cabrio. El inconveniente no es el precio de compra, es la convivencia: de garaje a garaje, nada de dejarlo en la calle y mucho menos de noche. Una capota rajada o un robo dejan la gracia en nada. La capota dura soluciona parte del problema, pero encarece el coche y reduce la oferta disponible.
Al final, la pregunta que abrió la búsqueda sigue sin cerrarse. Hay coches que cumplen casi todo —raro, gasolina, potente, con carácter— y ninguno que cumpla todo sin cobrar peaje en el taller, el seguro o la tranquilidad del propietario. Comprar por 6.000 euros algo que haga girar cabezas es fácil. Lo difícil es mirar la factura del mes siguiente y seguir sonriendo. La personalidad, esa que el comprador decía no tener, la acaba poniendo el mecánico.