Menú a 8,5 euros: el bar Paco resiste al alza de precios
En un país donde el menú del día ha superado los 12 euros de media en muchas ciudades, hay quien todavía ofrece un plato combinado o un menú completo por 8,5 euros. Es el caso de un bar de barrio conocido como «Paco», cuya propuesta económica levanta tanto admiración como escepticismo.
Los defensores del local lo consideran «patrimonio inmaterial» de la hostelería de toda la vida, un reducto que mantiene precios asequibles sin renunciar a la esencia del tapeo español. La clientela valora que, en tiempos de inflación, aún se pueda comer por menos de 9 euros.
Pero no todos están convencidos. Las críticas apuntan a que semejante precio solo es posible si se recortan partidas como la limpieza o la calidad de los ingredientes. «Pasa una espátula por la plancha y verás», advierten los más suspicaces, sugiriendo que la grasa acumulada forma parte del «aroma especial» del local. El tono entre bromas y advertencia refleja la tensión entre el ahorro y la seguridad alimentaria.
El debate sobre los bares Paco —nombre genérico para estos establecimientos low cost— trasciende lo gastronómico. Es un síntoma de cómo la subida de costes está expulsando del mercado a los negocios tradicionales, mientras algunos resisten con márgenes que otros consideran insostenibles. La pregunta es si esa resistencia se basa en eficiencia real o en prácticas que rozan el límite de lo admisible.
Por ahora, el bar Paco sigue abierto y con su menú a 8,5 euros. El dato que descoloca: en un mundo donde todo sube, aún hay quien ofrece una comida completa por el precio de un café con leche en el centro.