En Madrid hay 8.762 pisos en alquiler y habitaciones desde 550€
¿Se puede alquilar algo en Madrid sin que se lleve por delante medio sueldo? La respuesta que da el mercado es un no con cifras: según un recuento que circula en el foro, hay
8.762 viviendas activas en
alquiler en todo Madrid y
5.100 habitaciones, un stock que, según quienes buscan, se agota en cuanto se publica. La habitación más barata, la más pequeña y la más castigada, arranca en
550 euros más gastos, según ese mismo recuento. Lo que hace unos años pagaba un piso entero hoy paga una puerta con cerradura.
¿Cuántas viviendas hay en alquiler en Madrid?
El recuento es el punto de partida. Ocho mil setecientas sesenta y dos viviendas completas para toda la región de Madrid. Cinco mil cien habitaciones. Nada más. Entre ambos números asoma una realidad incómoda: mucho de lo que se publica no es un piso, es un cuarto en una vivienda compartida, y
idealista devuelve páginas casi vacías a quien busca con un mínimo de criterio.
La cifra de habitaciones importa más de lo que parece. Cuando la oferta de vivienda entera se contrae, el mercado no se vacía: se fragmenta. El propietario que antes alquilaba un piso de dos habitaciones ahora alquila cada cuarto por separado, porque la suma de las partes supera el todo. El parque sigue existiendo, pero ya no sirve para formar un hogar.
De 600 euros por un piso en Vallecas a 650 por una habitación
La referencia más repetida para medir el desplome es la memoria de quien busca. Según recuerda un forero, en
2017 un piso de una habitación en Vallecas se alquilaba por
600 euros y bastaba con llamar nada más publicarse el anuncio para quedárselo. Había competencia, sí, pero había oferta. Hoy, según otro mensaje del hilo, la media de una habitación
sin gastos incluidos ronda los 650 euros, y esa cifra ya no corresponde a una vivienda.
La comparación no es anecdótica. El ajuste no ha llegado por el precio de la vivienda clásica, sino por la desaparición de la vivienda asequible. Lo que era el suelo del mercado, el piso pequeño de barrio periférico, se ha convertido en el techo de lo inalcanzable. Y el escalón intermedio, la habitación, ha heredado el precio del piso.
El stock de vivienda no siempre estuvo así
Hay una foto fija que ayuda a dimensionar el problema. En
junio de 2020, con el turismo parado y el país a medio gas, el stock publicado en los portales era otro, según las cifras que se compartieron en el hilo: 55.381 viviendas en venta en la provincia de Madrid y 25.889 en la capital; 26.552 en alquiler en la provincia y 21.872 en la capital. El desglose completo, comparado con la oferta actual, da una diferencia que conviene mirar entera antes de repartir culpas.
Porque el diagnóstico se parte en dos. Una línea de análisis sostiene que la intervención sobre los precios ha secado la oferta: cuando se topa la renta, el propietario retira el inmueble o lo convierte en habitaciones. La réplica llega desde el otro flanco: en Madrid no se ha aplicado esa norma y los precios han subido igual, de modo que el problema no es la regulación sino la falta de construcción. Y una tercera corriente, más incómoda, pone el foco en la presión demográfica sobre la capital: más población compitiendo por el mismo parque.
Nómina fija, aval y declaración de la renta por una habitación
El filtro económico es solo la mitad del filtro. Según el relato del hilo, para acceder a una habitación se exige
contrato de trabajo fijo, aval, las
nóminas de los tres últimos meses y la
declaración de la renta. Un expediente completo, el mismo que se pedía para un piso, aplicado a un cuarto que se comparte con desconocidos.
Ese expediente tiene un efecto silencioso: excluye del mercado a quien no puede acreditarlo. Como resume un forero, la vivienda, que debería ser un derecho, «se ha convertido en un privilegio».
¿Qué soluciones se plantean?
En el hilo, las propuestas van de lo estructural a lo inmediato. Construcción masiva de vivienda pública, en alquiler y en venta, con
penalización fiscal severa para las viviendas sin uso. Un tope legal que impida que el alquiler supere la cuarta parte del salario medio de la región. Obligación de vender o alquilar la tercera vivienda. Y, en el extremo opuesto, bajar impuestos y recortar gasto público, con el argumento de que el fondo del asunto son los sueldos bajos y la presión fiscal sobre el trabajo y el autónomo.
Mientras la política discute, un forero relata que el mercado ha creado sus propios atajos. Existen circuitos de alquiler que no pasan por los portales ni por las inmobiliarias: el boca a boca, las redes de estudiantes, los colectivos de sanitarios, policías y profesores, y los trasvases internos entre compañeros de empresa, donde el inquilino saliente recomienda al entrante ante el casero. Funcionan por confianza, no por anuncio, y por eso no aparecen en ningún recuento oficial.
Con 8.762 pisos, 5.100 habitaciones y una cola de candidatos dispuestos a firmar cualquier cosa, el mercado madrileño ha encontrado su fórmula perfecta: escasez de oferta, precios de récord y la culpa, cómo no, siempre del que busca.