Claro. Ya he dicho que yo esa época no la viví y que tengo referencias por gente que sí la ha vivido. Hablaba de mi progenitora y de mi tío porque son los dos principales ejemplos, pero otros de su generación a los que conozco, por lo que conozco de ellos, no tienen un nivel muy superior -ni falta que les ha hecho, ojo-. Tienen los conocimientos justos para la vida que llevan y poco más. Siempre pongo un ejemplo: el domingo voy a comer a casa de mi progenitora y el móvil le echa humo de la de mensajes de Whatsapp que se mandan en el grupo de sus amigas, se mandan imágenes, vídeos y de todo, pero llega el momento de enviar un correo electrónico y se atoran. ¿Cómo puede ser si, en el fondo, es lo mismo -es decir, enviar un mensaje escrito-? No entiendo esa dificultad que tienen para ello y lo achaco a un bajo nivel educativo en su infancia, a que no tuvieron el desarrollo cognitivo suficiente. No es que tengan ninguna discapacidad, ojo, pero sí que tuvieron carencias en ese sentido que luego ya cuestan mucho de paliar.
Lo de que el nivel de exigencia fuese más alto tampoco lo discuto porque antes hablaba de mi padre y él mismo no acabó el bachillerato, cuando estoy convencido de que, en la actualidad, lo habría acabado y habría estudiado una carrera en la universidad, y estoy convencido de ello porque los libros, discos, enciclopedias... que había en casa, todo eso lo compraba él. En cierto modo, si tengo ciertas inquietudes es por él, no por mi progenitora. Eso lo tengo muy claro.
Lo demás sí que no te lo comento porque mi conocimiento de ello, como digo, no es el suficiente y mi argumentación se basa en gente que sí lo vivió, pero sigo pensando que, en general, el nivel medio era muy bajo o, si lo prefieres -y creo que es más exacto decirlo así-, más bajo de lo que te dicen quienes repiten el mantra de que antes todo era mejor.
Por cierto, que el otro día corría por aquí un hilo de un podcast sobre el sistema educativo en el que hablaba de él un profesor y me dio verdadero miedo. Se le quitan a uno las ganas de ser padre.
En el anterior post he contado mi juventud. Un chaval pobre de un barrio pobre. Estudiar siempre ha sido posible. Reciclarse, aprender, cambiar de sector, etc. era difícil pero era posible.
Llegó un momento, no sabría decir cuál, pero sobre el año 2000, en el que aprender costaba un gran esfuerzo y no se veía retribuido.
Eres ingeniero, joven, en una PYME y cobras 24.000. Eres carretillero en la misma empresa y cobras 20.000. ¿Mereció la pena?
Si tu paso por la universidad ha sido estudiar un rato, echar otro rato en el bar y empezar a buscar trabajo a los 24 o 25 años, entonces sí. Si tienes que estudiar a la vez que haces 40 horas reponiendo en un supermercado, tal vez no.
Antes, o lo que yo he conocido, no era todo mejor. Era una situación difícil igual, pero no sentías que te estaban engañando o que te estaban perjudicando. Fundamentalmente porque vivíamos la mayoría en un estado de escasez, y tolerábamos la frustración. Mucha, quiero decir.
Hoy esa tolerancia ha disminuido, por la educación en casa, creo. Hoy al niño lo colmamos de atenciones y lo hacemos el rey de la creación. Y la vida solo es así cuando tienes mucha pasta, que no suele ser lo normal.
El sistema educativo (tengo dos descendientes) abunda en ese concepto, no frustrar. Por eso no hay repetidores, ni suspensos, ni expulsan a ninguno. Ni siquiera hay ya reformatorios.
Vivo en China. En China en el colegio, te dan las notas y te dicen: estás el 12 de 35, como en España en 1970. Eso es lo que mira tu padre cuando le das las notas. Porque eso es lo que necesitas, armas para competir, no solo intelectualmente, sino contra ti mismo. Superarte para no quedarte atrás.
Y llega el gaokao y aprueba 1 de cada 35 y en España aprueba la EBAU todo el que se presenta. El problema es bastante más hondo que puramente escolar. Es un problema de modelo social, donde esa tabla rasa por debajo ha dado origen a una sociedad mediocre.
Y así nos va, claro.