Bizkaia desbordada: más de dos menas al día, ¿hasta cuándo?

Bizkaia desbordada: más de dos menas al día, ¿hasta cuándo?
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Bizkaia ha declarado la excepcionalidad en su sistema de acogida por la llegada continua de menores extranjeros no acompañados, superando las plazas disponibles y obligando a ofrecer solo techo y comida. Que la cosa se pone fea es un eufemismo.

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Bizkaia ha declarado la excepcionalidad en su sistema de acogida por la llegada continua de menores extranjeros no acompañados, superando las plazas disponibles y obligando a ofrecer solo techo y comida.

Que la cosa se pone fea es un eufemismo. El sistema de acogida de menores extranjeros no acompañados en Bizkaia está hasta arriba, hasta el punto de que la Diputación Foral ha tenido que volver a declarar la situación de excepcionalidad. Esto no es algo nuevo, ya lo vivieron entre diciembre de 2024 y junio pasado, y ahora, casi un año después, la situación se repite. El motivo es sencillo: llegan más chicos y chicas de los que caben en los 17 centros que tienen habilitados.

La red de acogida, al límite

La cifra actual es de 594 menores extranjeros no acompañados acogidos, lo que supone una sobreocupación de casi el 50%, ya que las plazas disponibles son 406. Si echamos la vista atrás, la situación es casi idéntica a la que provocó la primera declaración de excepcionalidad hace casi dos años, cuando acogían a 602 menores. El problema no es un pico puntual, sino un goteo constante. Entre junio y agosto de este año, la entrada de nuevos menores ha sido de más de 2 cada día. Da igual el mes o la estación, la realidad es la misma: la red de acogida está tensionada al máximo.

La crisis migratoria de la década pasada ya supuso un primer gran desafío para Bizkaia. Entre 2018 y 2019 llegaron a alojar entre 500 y 600 menores a la vez, lo que obligó a ampliar los centros. Durante la pandemia, el flujo bajó, pero repuntó enseguida. Ya en septiembre de 2023, los centros empezaron a dar síntomas de saturación con 310 tutelados y solo 287 plazas disponibles. Desde entonces, las cifras no han hecho más que subir. La inversión pública también ha seguido el mismo camino, superando los 30 millones de euros el año pasado para sufragar el sistema de tutela, una cifra que se espera sea similar este año.

Un discurso que cambia

El aumento de llegadas y la inversión necesaria han provocado un giro en el discurso de la Diputación. Han pasado de una gestión casi opaca a poner la masificación de los centros en el centro del debate político. Hace dos años, la diputada general ya alertaba de que los centros "no dan más de sí". El mensaje se repite: "No hay control, nos llegan menores que deberían estar tutelados en otras comunidades", lamentaba la diputada de Acción Social hace unos meses.

Además de achacar falta de solidaridad a otras comunidades, especialmente las gobernadas por el PP, por no acoger un número adecuado de menores o facilitar su salida, también critican al Gobierno central por no ordenar y controlar mejor el reparto. Euskadi, junto a Cataluña, quedó exenta del reparto de menores llegados a Canarias el verano pasado, en parte por la presión del PNV y la saturación de sus centros. Ahora, se espera otro reparto de menores que permanecen en albergues de Ceuta, y aunque no se sabe cuántos llegarán a Euskadi, Bizkaia está expectante.

¿Efecto llamada o mafias?

Más allá del reparto de menores, hay otras razones que explican la saturación de los centros. Algunas voces apuntan a un posible "efecto llamada" del modelo de protección social vasco. Sin embargo, los responsables forales prefieren centrarse en otros factores. Uno de ellos son las "mafias" que, según ha denunciado la propia diputada general, trasladan a los menores hasta el territorio desde otros puntos de España. Otro punto preocupante es la detección de familias que abandonan a sus hijos para que queden bajo tutela pública, con varios detenidos ya, algunos de origen magrebí que viajaron desde Europa.

También existe la sospecha de que mayores de edad se hacen pasar por menores para ser acogidos. El Gobierno territorial ha solicitado en varias ocasiones a la Fiscalía que intensifique las pruebas de edad, estimando que hasta el 20% de los tutelados podrían tener más de 18 años.

Un protocolo cuestionado

Con este panorama, el Consejo de Gobierno foral ha reactivado el estado de excepcionalidad. Lo hace, además, contra el criterio del Ararteko, el Defensor del Pueblo vasco. En una resolución de este mismo año, el Ararteko criticó a la administración foral por ofrecer solo manutención en el centro de El Vivero, abierto temporalmente para paliar la saturación. Según el Ararteko, el protocolo foral no puede limitarse a "comida y cama", ya que la condición de menores y su desamparo exigen una protección especial. La Diputación, al ampararse en la situación de colapso, estaría vulnerando esta protección, dejando de lado medidas como la formación educativa o la ayuda para regularizar su situación, que dejan de ser obligatorias durante la excepcionalidad.

Datos clave
  • 594 menores extranjeros no acompañados acogidos actualmente en Bizkaia.
  • 406 plazas habilitadas, lo que supone una sobreocupación de casi el 50%.
  • Más de 2 menores llegan cada día a los centros forales.
  • La Diputación destinó más de 30 millones de euros el año pasado a la tutela.
  • Hasta el 20% de los tutelados podrían ser mayores de edad, según estimaciones.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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La Fruta vuelve a declarar la situación de excepcionalidad al acoger a 594 chavales, 188 más de los que debería​




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El centro de El Vivero abrió sus puertas de forma temporal para hacer frente a la anterior excepcionalidad desde finales de 2024 al pasado junio.(Luis Calabor)

Alba Peláez yOctavio Igea


11/09/2026 a las 00:40h.

La llegada sostenida de menores extranjeros no acompañados a Bizkaia obligó ayer a la Fruta a decretar nuevamente la situación de excepcionalidad del sistema público de acogida. Como ya ocurrió desde diciembre de 2024 hasta el pasado mes de junio, el Gobierno foral pulsa el botón rojo y se declara otra vez incapaz de hacer frente a la sobreocupación de los 17 centros en los que aloja a los chavales en las condiciones óptimas. Seguirá tutelando a todos los menas que sean identificados en el territorio, pero durante los próximos 18 meses solo les garantizará techo y comida pese a que la normativa foral obliga también darles formación socioeducativa para facilitar su integración. No hay monitores y profesores suficientes para tanta demanda.

Según los datos que hizo públicos ayer la portavoz del Gobierno territorial, Leixuri Arrizabalaga, Bizkaia registra ahora mismo una situación casi idéntica a la que provocó la activación del primer estado de excepcionalidad hace casi dos años. Si entonces eran 602 los menas acogidos actualmente la cifra llega a 594. Suponen una sobreocupación de casi el 50% ya que la Fruta tiene habilitadas 406 plazas en sus centros. Son dos más de las que exige el decreto que regula el reparto ordinario de menores extranjeros no acompañados entre las comunidades aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 29 de junio.

El problema es que la llegada de menas a Bizkaia dejó de ser ordinaria hace tiempo y está desbordando todas las previsiones de las administraciones. Las dos o tres oleadas de chavales sin vínculos familiares que arribaban antaño al territorio han dado paso ahora mismo a un goteo constante. Entre el 1 de junio y el 31 de agosto los centros forales registraron la entrada de más de 2 menas nuevos cada día. El dato es más o menos el mismo desde hace tiempo. Da igual el mes o la estación. «No es un hecho puntual sino una realidad sostenida en el tiempo que continúa tensionando nuestra red de acogida», resumió ayer Arrizabalaga.

La crisis migratoria que se registró en España la década pasada supuso la primera prueba de estrés para la red de acogida vizcaína, que entre 2018 y 2019 llegó a alojar entre 500 y 600 menas a la vez. La situación obligó a ampliar los centros o pisos disponibles de una decena a 16. Algunos volvieron a bajar la persiana porque durante los años de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo el flujo de llegadas se redujo. Pero volvió a repuntar inmediatamente después. En estas mismas fechas de 2023 los albergues forales empezaron a dar los primeros síntomas de saturación al registrarse 310 tutelados cuando solo había 287 plazas disponibles. A partir de ahí las cifras han ido 'in crescendo'. Tanto las de centros habilitados como la de chavales alojados. La Fruta destinó el año pasado más de 30 millones para sufragar el coste del sistema de tutela, una cifra que será similar al cierre del presente ejercicio.

Traslados desde Ceuta​

El incremento de llegadas –y de la inversión pública necesaria– también ha provocado un vuelco en el discurso de la Fruta. De la discreción –casi opacidad– con la que gestionaba la red de acogida hasta hace nada ha pasado a situar su masificación entre las cuestiones principales de la agenda y el debate político del territorio. «Nuestros centros de acogida no dan más de sí», dijo la fruta general hace justo dos años en las Juntas Generales. Nunca se había oído un discurso similar a un máximo responsable foral. Desde entonces el mensaje se repite. «No hay control, nos llegan menores que deberían estar tutelados en otras comunidades», lamentaba la fruta de Acción Social, Amaia Antxustegi, hace unos meses en una entrevista concedida a este periódico.

De la mano del Gobierno vasco, la Fruta también viene criticando en este nuevo tiempo a otras comunidades, especialmente las del PP, a las que achaca «falta de solidaridad» porque no acogen un número de menas adecuado o facilitan su salida hacia otros destinos. Y al Ejecutivo central por no ordenar y controlar el reparto de menas en la medida de lo posible. La presión del PNV, uno de los socios prioritarios de Pedro Sánchez, y la saturación que padecían ya los centros de acogida, permitió que Euskadi –junto a Cataluña– quedara exenta del reparto de chavales llegados a Canarias decretado por Madrid el verano pasado. Durante las próximas semanas volverá a realizarse otro reparto, esta vez de menores no acompañados que permanecen en albergues de Ceuta desde agosto. Esta vez sí que parece que llegará un contingente a Euskadi, aunque Bizkaia no sabe cuántos le corresponderán. «Aún no se ha hablado de cifras», aseguró ayer la portavoz foral.

El reparto de menores no es en todo caso la principal razón de que los centros de acogida de Bizkaia estén saturados. Algunas fuentes señalan a que el modelo de protección social vasco podría estar generando un efecto llamada, aunque los responsables forales prefieren poner el foco sobre otras cuestiones. Una serían las «mafias» que, según ha denunciado la propia fruta general, trasladan a los menas hasta el territorio desde otros puntos de España. Otra es que empiezan a detectarse familias que abandonan a sus descendientes en el territorio para que queden bajo tutela pública. Ha habido ya varios detenidos, algunos de origen joven que incluso habían viajado a Bilbao desde ciudades de Europa. La última es la sospecha de que hay mayores de edad que se hacen pasar por menores para ser acogidos. El Gobierno territorial ha reclamado varias veces a la Fiscalía que haga más pruebas de edad de las que hace. En marzo estimaba que hasta el 20% de los tutelados podrían tener más de 18 años.

Con este mar de fondo el Consejo de Gobierno foral reactivó ayer el estado de excepcionalidad. Lo hace además contra el criterio del Ararteko, que en una resolución de este mismo año afeó a la administración que solo ofreciera manutención a los chavales que alojaba en el centro de El Vivero, que se abrió temporalmente para hacer frente a la saturación. Según el Defensor del Pueblo vasco el recuperado protocolo foral no puede limitarse a ofrecer «comida y cama» a las personas acogidas porque su condición de menores de edad y su situación de desamparo obliga a garantizarles una protección especial que, dice el Ararteko, la Fruta vulneraba amparándose en la situación de colapso. Entre otras cuestiones, reclamaba que se les mantenga la formación educativa y se les ayude a aprender castellano y a regularizar su situación, medidas que dejan de ser obligatorios mientras dure la excepcionalidad.


 
Se va poner a rebosar el Metro Bilbao.
No crea, ya verá cómo esta gente los repartirán por toda la península, pagando el billete de tren o autobús hacia otras comunidades autónomas, como hacia Cataluña, enviándolos a Aragón con nocturnidad y alevosía.
Recuerde que esta gente, que va siempre dando lecciones de sarracena, son los más hipócritas.
 

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