Mota deja el tratamiento capilar: «prefiero las entradas y los clareos»
José Mota ha contado en la Cadena SER que dejó la medicación contra la alopecia pese a que le funcionaba. El motivo, dicho por él sin rodeos, fueron los efectos secundarios del tratamiento, que en el debate se vinculan con la
disfunción eréctil. Su frase para resumir la decisión —«prefiero tener las entradas y los clareos»— convierte un asunto íntimo en un dilema con nombre propio. El humorista presentaba entonces
Arribatuto, su debut como director de cine.
El precio de conservar el pelo
Los fármacos contra la calvicie —
finasterida y dutasterida—, según se sostiene en el debate, no salen gratis. La acusación que más circula es que alteran el equilibrio hormonal y arrastran consecuencias que van mucho más allá de la cabeza. El propio Mota reconoce que sigue con interés los avances contra la calvicie, un proceso que él mismo vincula con la
masculinidad.
Ahí aparece la primera fractura. Para unos, ningún pelo justifica tocar la química del cuerpo. Para otros, el problema es justo el contrario: si el remedio no se sostiene, la alternativa es quedarse calvo y asumir el desgaste social que eso conlleva.
Calvo invisible o pelazo impotente
El razonamiento más repetido es que no hay opción buena. Con pelo, se mantiene la presencia pero falla otra cosa; sin pelo, se conserva la función pero se pierde visibilidad. La conclusión que muchos sacan es amarga: el hombre sale perdiendo en cualquiera de los dos escenarios.
Frente a eso, otra línea de análisis rebaja el dramatismo. Señala que la decisión de Mota solo es cómoda porque es
rico y famoso: no depende de la mirada ajena para pagar las facturas. Para quien no tiene ese colchón, el cálculo cambia por completo.
Y aquí se atasca todo. Nadie ha medido cuántos hombres abandonan estos tratamientos por los efectos secundarios, ni cuántos los empiezan sabiendo lo que firman. La conversación pública se queda en la anécdota del famoso y no baja a los números.