Han llegado 15 ... 
La presión por la llegada de menas obliga a reabrir El Vivero y crear un recurso en un polígono de Arrankudiaga
(imagen visible para usuarios registrados)
El centro de menores de El Vivero, en el término municipal de Galdakao.(E. C.)
(imagen visible para usuarios registrados)
Alba Peláez
04/11/2026Actualizado a las 01:21h.
El aumento de las cifras y el cambio de perfil de los menores extranjeros no acompañados que llegan cada mes a Bizkaia ha llevado a la Fruta a reorganizar sus recursos y habilitar más equipamientos para atender el actual contexto de excepcionalidad. El goteo de ingresos de menas en el sistema foral está dejando situaciones inéditas, como el hecho de que se haya tenido que convertir un centro del Duranguesado para varones migrantes en otro de atención exclusiva para niñas extranjeras sin referentes familiares. También ha vuelto a abrir sus puertas El Vivero, en Artxanda, y se ha creado un nuevo equipamiento en el polígono de Bakiola, en Arrankudiaga-Zollo, para trasladar a menas desde el de Arabella, en Bilbao.
El ingreso de niñas en la red foral de acogida para migrantes sin referentes familiares es cada vez más habitual y así lo confirma el hecho de tener que reorganizar los recursos y ofrecer uno sólo para ellas. Aunque es difícil saber cuántas están en los centros de Bizkaia, ya que la Fruta no facilita datos ni por sesso ni por edades. Sin embargo, el año pasado, la memoria de la Fiscalía General del Estado, elaborada con datos de 2024, ya advertía de que la entrada de niñas no acompañadas por mar se había triplicado y que, del total de menas que están bajo la tutela de las administraciones españolas, el 20% son chicas.
El masivo asalto a la frontera que vivió Ceuta a finales de julio con la llegada de centenares de menores reveló un cambio en la tendencia migratoria. Había muchas niñas. Y es que son cada vez más las que abandonan sus países. A finales de agosto, quedaban en la ciudad autónoma 1.500 menores, de los cuales 700 eran chicas, muchas por debajo de los 13 años. Tras la crisis de Ceuta, el Gobierno central apeló a la solidaridad de las comunidades para poder trasladar a niñas migrantes y aliviar la situación en la ciudad autónoma. Más allá de Navarra, que aceptó el traslado de cinco de ellas, no trascendieron desplazamientos. El Consejo de Ministros fijó en octubre en 306 las reubicaciones, pero no concretó adónde ni si eran chicos o chicas.
Independientemente del sesso, la realidad en Bizkaia de los menores migrantes sigue siendo compleja. Cada mes decenas de menores extranjeros sin referentes familiares entran al territorio. El flujo es constante. Entre enero y septiembre de este año los servicios sociales forales se han hecho cargo de 446 menores. La mitad de ingresos –224– se produjeron entre los meses de junio y agosto. Se trata de casi el doble de los registrados en el mismo periodo del año pasado.
594 menores
extranjeros no acompañados están dentro de la red foral de acogimiento, según los últimos datos publicados por la Fruta, frente a las 406 plazas disponibles.
La cifra se suma a los que ya están dentro del sistema de acogida. Según el último balance revelado por la Fruta en septiembre, el Gobierno foral tenía bajo su tutela a 600 menores extranjeros no acompañados frente a las 406 plazas disponibles en el sistema. Todos ellos se reparten en cerca de dos decenas de equipamientos distribuidos por Bizkaia.
446
menores
han llegado a Bizkaia entre enero y septiembre de este año. En verano es cuando más entradas se producen. Este año, entre junio y agosto ingresaron en la red de acogida un total de 224.
Y ante este panorama el tensionamiento de la red ha obligado al Ejecutivo vizcaíno a reactivar la situación de excepcionalidad. Una medida que adoptó entre noviembre de 2024 y junio 2026, cuando las cifras eran similares a las actuales, y que permite a la Fruta abrir recursos de emergencia para alojar a los menores. Dentro de este contexto, el centro de El Vivero reabrió sus puertas y una vez decayó el decreto que regulaba la excepcionalidad volvió a cerrar. Tiempo atrás ya había sido utilizado como albergue. Pero ante la actual situación, ha vuelto a entrar en funcionamiento.
El Ejecutivo vizcaíno viene desarrollando con discreción su plan de choque ante la crisis migratoria para salvaguardar la privacidad de los menores y para evitar polémicas vecinales como la originada, por ejemplo, en Sopuerta tras la apertura de un centro. Pero una respuesta parlamentaria a preguntas de EH Bildu reveló algunas de las acciones impulsadas por la Fruta para reorganizar sus equipamientos.
Cada mes, decenas de nuevos menores extranjeros se incorporan al sistema foral de acogida
Entre los recursos existentes que gestiona el Gobierno foral está un centro ubicado en Izurtza, que es el que se ha reconvertido en un equipamiento destinado exclusivamente para la atención de menores migrantes no acompañadas. También se transformó la Casa del Mar de Ondarroa en una residencia estable y se trasladó a los internos del centro de Arabella al habilitado en el polígono industrial de Bakiola, a las afueras de Arrankudiaga.
Críticas del Ararteko
Este último cuenta con 30 plazas y está destinado a la atención de chicos de entre 13 y 17 años, según se recoge en el acta de la sesión plenaria de junio celebrada en el Ayuntamiento de Arrankudiaga-Zollo. El documento explica que la empresa Agintzari, que gestionará el servicio, ha comprado un edificio en desuso en el citado polígono de esta localidad, cuya apertura se fijó para el pasado mes de julio.El decreto que regula la situación de excepcionalidad y permite reestructurar los recursos y habilitar otros de manera extraordinaria también faculta al Gobierno foral a ofrecer a los menores una asistencia limitada pese a que la legislación le obliga a que la tutela vaya mucho más allá de la manutención e incluya formación y ayuda para su integración sociolaboral. Sobre este asunto, el Ararteko criticó las medidas adoptadas por la Fruta bajo el paraguas de la excepcionalidad. El Defensor del Pueblo vasco manifestó en una resolución publicada en marzo que el protocolo foral no puede limitarse a ofrecer «comida y cama» a las personas acogidas. Su condición de menores de edad y su situación de desamparo obliga a la Administración a garantizarles una protección especial, y les otorga unos derechos que, según el Ararteko, la Fruta vulnera.
Por su parte, el ente foral defiende en su respuesta a EH Bildu que se ha prestado atención individualizada a todos los menores que han ingresado en la red, «incluidos los acogidos en el dispositivo asistencial de emergencia». Asimismo, destaca que los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados «fueron incorporándose de forma pogre a los recursos residenciales de la red estable de protección, en función de la disponibilidad de plazas y de la capacidad de acogida existente en cada momento».