Debate viral: mosquitos de Gates y «esterilización social»
La Fundación Bill y Melinda Gates financia desde hace años proyectos para reducir poblaciones de mosquitos transmisores de enfermedades. El más conocido es el de la empresa británica Oxitec, que libera millones de machos estériles de Aedes aegypti para que las hembras no tengan descendencia. La técnica es simple: se esteriliza a los machos con radiación ionizante y se sueltan al ambiente. Según los datos que maneja la compañía, la población del vector cae en picado. Hasta ahí, la versión oficial. Pero en España, un sector de la opinión pública sostiene que ese mismo principio —esterilizar para reducir población— se está aplicando a los occidentales a través de la ingeniería social. El feminismo, la llamada «bomba gay» y la promoción de la adopción tardía serían las herramientas. No hay pruebas, pero el relato circula con fuerza en foros y redes.
Oxitec y los 750 millones de mosquitos modificados
Oxitec, financiada por la Fundación Gates, ha anunciado la liberación de 750 millones de mosquitos modificados genéticamente en distintos puntos del planeta. El método consiste en esterilizar a los machos en fase de pupa con radiaciones ionizantes. Al llegar a la adultez, se liberan y copulan con hembras salvajes. La hembra no puede tener descendencia. «El macho infértil que se libera copula con hembras salvajes pero la hembra que se aparea con él no podrá tener descendencia. Por tanto, las poblaciones del vector irán descendiendo producto de la disminución de la natalidad», explican desde el proyecto. La misma lógica se ha aplicado en Colombia con hipopótamos invasores, donde se suministran tres dosis de un anticonceptivo químico a los animales. La entidad responsable espera ser «un referente mundial para el control de la población de los hipopótamos invasores, caso único en el planeta».
De los mosquitos a las mujeres: la tesis de la esterilización social
El salto argumental es audaz. Hay quien sostiene que ese mismo principio se aplica a los occidentales mediante lo que llaman «ingeniería social». Entre las medidas señaladas destacan dos: el feminismo, que según esta tesis enseña a las niñas que son niños y que su diferencia genital es solo para divertirse; y la «bomba gay», que consistiría en hacer creer a la población que la razón para emparejarse es drogarse con dopamina y cortisol, y que al diluirse el enamoramiento se cambia de pareja. El resultado, dicen, es una población esterilizada. «El feminismo es un adoctrinamiento satánico que deconstruye a las niñas occidentales en los colegios como las hembras de la especie humana que son, para convertirlas en niños sin pene», afirma una de las voces más activas del debate. La afirmación no está respaldada por ningún estudio, pero circula con profusión.
El reemplazo demográfico y la caída de la natalidad
El otro eje del relato es demográfico. Se argumenta que la población española ha caído en picado desde 1975. «Cuando murió Franco y asesinaron a Carrero Blanco, en España había 35 millones de habitantes. Familias que tenían una media de 4 hijos», se afirma. Desde entonces, «sólo muy pocas mujeres autóctonas han sido madres». El cálculo que se maneja es que si se multiplican 400.000 muertos anuales por 46 años, se obtienen 18,5 millones de españoles fallecidos. Si a los 46 millones actuales se les restan esos muertos y no han nacido niños, «¿de dónde sale tanta gente?». La respuesta que se da es el reemplazo por población migrante. Los datos oficiales no confirman esa ecuación, pero el debate está servido.
El coronavirus como «plan renove» de la población europea
La pandemia también ha entrado en la ecuación. Se sostiene que el coronavirus es «un plan renove de la población europea», un plan genocida para eliminar a los ancianos y personas de mediana edad que dejan de ser productivas, y reemplazarlos por gente joven africana y musulmana en edad reproductiva. «Esto se hace por ejemplo en las granjas lecheras. Cada 7 años aproximadamente como las vacas bajan un poco su producción de leche, se envían todas al matadero y se reemplazan por otras nuevas», se argumenta. La comparación con la ganadería es explícita. No hay evidencia científica que respalde esta interpretación, pero el relato se ha extendido en ciertos círculos.
El papel de la Fundación Gates y las críticas a su filantropía
Bill Gates es el epicentro de todas las teorías. Su fundación ha destinado miles de millones a salud global, incluyendo vacunas y control de vectores. Para unos, es un filántropo; para otros, un «hijo de satanás» que «juega a ser Dios». «A ese hijo de satanás de Billy Puertas debería pararle alguien los pies, a él y a todos esos lobbies que actúan jugando a ser Dios y manipular a la mayoría con sus movimientos oscuros desde el poder y el dinero», escribe un participante. La crítica no se limita a Gates: se extiende a la OMS, a los gobiernos occidentales y a los medios. Se les acusa de cómplices por no haber planteado el coronavirus como un ataque biológico.
El arte de la guerra y el engaño como estrategia
La conversación deriva hacia la geopolítica. Se cita a Sun Tzu: «El arte de la guerra se basa en el engaño». Se sostiene que todo esto es una guerra no declarada contra Occidente, y que los musulmanes serán los encargados de reemplazar a los europeos. «Los europeos seremos reemplazados por los musulmanes en pocos años. Es evidente que todo este rojerío contrario a los más elementales valores morales, son sicarios del islam», se afirma. La asociación entre feminismo y burkas, gays y apoyo a los musulmanes, se explica como una contradicción solo aparente: «son lobys de los mismos jefes». No hay datos que sustenten esta coordinación, pero el relato encaja en la narrativa del gran reemplazo.
La respuesta del foro: entre el apoyo y el escepticismo
No todos compran el relato. Una participante cuenta su experiencia: «Pues yo pensaba lo mismo, pero ayer una amiga sanitaria que se ha vacunado de las primeras de la pandemia me dijo que se había quedado embarazada, y a la primera! Así que ya no sé qué pensar...». Otros ironizan: «Claro, por eso empezaron por las residencias de ancianos para que entre meneos, no procrearan». La división es palpable. Hay quien pide ignorar al que consideran un «majadero» y quien defiende que «eso es verdad» aunque el mensajero no guste. El debate sigue abierto.
Con estos mimbres, predecir el futuro es arriesgado. Si algo enseña la historia de los bulos es que rara vez desaparecen; mutan. La próxima etapa, según algunos, será «no tengas hijos, adopta hijos de 20 años de otras madres, otras razas y otros países». Si eso ocurre, el debate sobre el control de la natalidad habrá encontrado un nuevo capítulo. Mientras tanto, los mosquitos seguirán muriendo sin descendencia, y los humanos, discutiendo por qué.