Ferraz: la protesta que se desliza hacia el extremo
Las concentraciones ante la sede del PSOE en Ferraz acumulan noches de tensión, pero el discurso que las envuelve ha ido mucho más lejos que la simple discrepancia política. Asoma una desafección total hacia el poder judicial, al que se acusa de “cómplice de la capitulación del Estado”. No es crítica coyuntural: es la expresión de una cultura política que se siente al margen.
La deriva es preocupante. La crítica a los jueces convive con comparaciones con la situación de los presos de ETA y con un lenguaje de exclusión hacia determinados colectivos. El análisis económico serio brilla por su ausencia: la frustración material se disuelve en un relato donde el enemigo es difuso.
Ese desplazamiento es precisamente el problema. Cuando la frustración económica no encuentra cauce institucional, deriva hacia chivos expiatorios y fantasías más o menos violentas. La manifestación, en lugar de servir para exigir políticas concretas, se convierte en un rito de afirmación identitaria. Y eso no solo no resuelve nada, sino que agrava la crisis de representación.
Lo inquietante es que estas posiciones ganan espacio entre quienes se sienten empobrecidos y ninguneados. Mientras no se aborde el problema de fondo, que es económico, el extremismo seguirá creciendo en la calle. Las noches en Ferraz son un síntoma de algo más profundo.