Barcelona, capital mundial de la masificación turística
Barcelona ha ganado un campeonato en el que nadie quería inscribirse: el de la ciudad más masificada del mundo. La cifra que lo sostiene es demoledora: 9 turistas por cada residente de forma permanente, según el ranking que sitúa a la capital catalana en el número uno de un listado global. En 2024, 15 millones de visitantes pasaron por la ciudad, diez veces su población censada.
Pero el dato, como casi siempre, depende de cómo se mida. Y aquí es donde el consenso se rompe.
El método importa: ¿nueve turistas o uno por cada seis residentes?
La crítica más seria al indicador señala que tratar a todos los visitantes como si estuvieran todo el año en la ciudad es una simplificación interesada. Si se asume que cada turista permanece una semana, la estancia media anual se traduce en 287.000 turistas de media diaria. Eso da un residente por cada seis visitantes, no nueve. Y como la mayoría de los que llegan a Barcelona pasan entre 24 y 48 horas, la presión real sería aún menor.
Ese matiz no consuela a quien camina cada día por el centro. El 25,4% de la población censada es inmigrante, y a ello se suma una bolsa de población no registrada que, según los vecinos de toda la vida, multiplica la densidad real en barrios como Gràcia o el Clot.
La factura del turismo: vivienda y calidad de vida
La masificación no se queda en la calle. El precio de la vivienda en Barcelona ha seguido una senda similar a la de Madrid, donde la subida ha llegado a duplicar a la barcelonesa. Los pisos de toda la vida se reconvierten en alquileres turísticos, y una habitación en un piso compartido se paga a 1.000 euros. A eso se une la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y servicios básicos saturados.
Los vecinos describen escenas casi de película: furgonetas con cristales tintados que descargan a familias extranjeras con el chófer haciendo de guía, mientras las tiendas de toda la vida cierran y las obras de reconversión no cesan. Hay quien sitúa el punto de inflexión en los Juegos Olímpicos, que convirtieron la ciudad en un parque temático para visitantes. La comparación con Venecia ya no es una hipérbole: es el destino que nadie quiere para su casa.
La pregunta queda flotando: si Barcelona es el parque de atracciones, ¿quién vive en él? Por ahora, el ranking no lo dice.