Cuatro muertos en Ceuta: el coste del efecto llamada que el Gobierno ignora
Ayer murieron cuatro inmigrantes al intentar llegar a nado a Ceuta. En lo que va de año, 27 personas han fallecido en esa ruta, ocho solo en julio. La ruta es corta en distancia, pero traicionera: corrientes fuertes y condiciones duras. Sin embargo, el debate no gira solo sobre la tragedia, sino sobre sus causas.
El concepto de "efecto llamada" divide profundamente. Mientras que desde el Gobierno se evita usar el término, críticos señalan que las políticas de regularización masiva y las declaraciones de altos cargos actúan como imán. El fallo del Tribunal Supremo que impide la expulsión de quienes entran a nado añade un incentivo perverso: una vez tocan tierra, su estancia está blindada, salvo que se demuestre lo contrario.
La respuesta política, sin embargo, brilla por su ausencia. Ni un pacto de emergencia contra las mafias que trafican con personas, ni medidas concretas para desincentivar las rutas mortales. Mientras tanto, redes como la desarticulada en Cádiz –que captaba mujeres colombianas para explotarlas sexualmente– siguen operando con impunidad.
Ironías del destino: el mismo Gobierno que presume de "fronteras humanitarias" no ha logrado frenar ni las mafias ni las muertes. Quienes defienden que el "efecto llamada" es un mito tienen que explicar por qué las cifras de llegadas y fallecidos no dejan de crecer.