Asaltan oficinas de Correos y roban votos por correo en Badajoz
A dos días de las elecciones en Extremadura, la caja fuerte de la oficina de Correos de Fuente de Cantos (Badajoz) apareció sustraída con 124 votos en su interior. El PP denunció el robo y lo vinculó a un intento de perjudicarles; Correos lo confirmó por comunicado y la Guardia Civil abrió investigación. Los asaltos se repitieron en Santa Amalia, Torremejía y Talavera la Real. La coincidencia temporal —varias oficinas, la misma madrugada, voto por correo dentro— es el hecho. La interpretación es otra cosa.
Qué se llevaron y dónde
El botín de Fuente de Cantos no fue dinero: fue una caja fuerte con
124 votos emitidos por electores de Fuente de Cantos, Bienvenida y Calzadilla de los Barros. En Santa Amalia y Torremejía también hubo robo esa madrugada; en Talavera la Real, el intento se produjo la madrugada del lunes. La Guardia Civil confirmó la desaparición de los 124 votos y, horas después, Correos informó de que habían sido localizados, permitiendo a esos electores volver a votar.
El PP de Extremadura calificó los hechos como un ataque coordinado y sostuvo que el objetivo era perjudicarles. Es una acusación política, no una conclusión judicial. La investigación sigue abierta.
La tesis del pucherazo y sus límites
Buena parte de las reacciones no se detuvo en el robo. Lo leyeron como prueba de un sistema electoral vulnerable por diseño. Hay quien sostiene que el voto por correo es el eslabón débil y que debería restringirse o prohibirse, con el argumento de que en Francia está limitado precisamente para evitar fraudes. Otros señalan que Correos e Indra participan en el proceso y preguntan quién garantiza el recuento si esas empresas están bajo influencia política.
Frente a eso, la versión oficial —recogida por varios medios— apunta a
delincuencia común. El argumento tiene un problema de lógica elemental: los ladrones comunes no suelen especializarse en sustraer votos, un bien sin valor de reventa. Quien roba una caja fuerte busca dinero o joyas. Aquí se llevaron papeletas.
El precedente que nadie olvida
En el 36, recuerdan algunos, se robaron urnas después de votar y se falsificaron actas para autoproclamar ganadores sin contar los votos. La comparación es histórica y exagerada, pero explica el clima: la desconfianza en el sistema no nace de este robo, viene de lejos y este episodio la alimenta.
La pregunta operativa es otra. Si los votos robados se recuperaron y los electores pueden volver a votar, ¿dónde queda el daño? En la percepción. Un sistema que necesita explicar por qué no pasó nada ya ha perdido parte de la batalla.
El caso sigue en manos de la Guardia Civil. No hay detenidos confirmados ni conclusión sobre la autoría. Lo único verificable es la coincidencia: varias oficinas, la misma noche, votos dentro. A partir de ahí, cada uno elige su relato.