Argelia, el segundo país con más ruinas romanas del mundo
El norte de Argelia fue el granero del Imperio Romano. Más de 500 ciudades y asentamientos latinos salpicaban lo que hoy es un país con una industria turística casi inexistente. La cifra supera a la de España y Francia, y solo Italia tiene un patrimonio romano mayor. La pregunta es por qué un tesoro así no se visita, se excava o se explota.
La primera explicación tiene que ver con lo que pasó después de Roma. En Europa, las piedras romanas se reciclaron durante siglos: iglesias, murallas y viviendas se levantaron sobre templos y anfiteatros. En el norte de África, la conquista musulmana vació muchas ciudades y nadie volvió a construir sobre ellas. El clima árido y las arenas hicieron el resto. Ciudades enteras como Timgad o Djemila quedaron congeladas en el tiempo.
Pero hay matices. No todo fue destrucción: parte de la población, las técnicas agrícolas y las redes comerciales sobrevivieron transformadas durante siglos. La evidencia arqueológica sugiere que la ruptura fue más lenta de lo que sostiene el relato de la pizarra limpia. Aun así, el resultado es que hoy Argelia muestra una densidad de yacimientos romanos sin parangón en el Mediterráneo occidental.
La mano francesa en las excavaciones
Otra clave del "milagro" argelino no está en el subsuelo, sino en los archivos franceses. Las excavaciones sistemáticas de Timgad comenzaron en 1881, de la mano del Service des Monuments Historiques, y se prolongaron hasta 1958. Setenta y siete años seguidos desenterrando un único yacimiento. En España, por esas fechas, no existía ni la figura del arqueólogo profesional.
Hay quien sostiene que la Bética romana, el sur de la península ibérica, contenía más ciudades que la actual Argelia. El problema es que la mayoría siguen sin excavar o sepultadas bajo ciudades modernas. La diferencia no está tanto en lo que hubo como en lo que se ha sacado a la luz. Y en eso, la administración colonial francesa invirtió recursos que ninguna otra potencia mediterránea dedicó a su propio patrimonio.
La polémica de la conservación
El debate se enciende cuando se habla de quién destruyó qué. Una corriente sostiene que la llegada del islam a la zona arrasó con la civilización latina: ciudades abandonadas, piedras reutilizadas para mezquitas y fortalezas, y una población que nunca volvió a los niveles romanos. Otra responde que las ruinas no se conservaron porque los conquistadores las respetaron, sino porque no tenían ni la técnica ni el interés de reciclarlas. La realidad, como casi siempre, es más compleja.
Curiosidades históricas no faltan. La mezquita de Córdoba se construyó con sillares romanos de Mérida. Y las escenas iniciales de la película Patton se filmaron en Volubilis, en Marruecos, no en Túnez ni en Argelia. Pequeños detalles que muestran cómo la memoria romana se dispersó por el Mediterráneo.
El turismo que no llega
Con semejante patrimonio, cabría esperar una industria turística boyante. No es el caso. Un viaje organizado a la "Argelia romana" cuesta unos 600 euros más que el equivalente en Túnez, con hoteles de una categoría inferior. La inseguridad en algunas zonas y la ausencia de promoción oficial hacen el resto. En comparación, Túnez ofrece los mismos yacimientos púnicos y romanos con mejores infraestructuras y precios más bajos.
El resultado es que Argelia acumula el segundo mayor legado romano del mundo y recibe una fracción mínima de los visitantes que recibe el foro romano. El análisis se atasca siempre en el mismo punto: la riqueza arqueológica no se convierte en riqueza económica sin incentivos, sin seguridad y sin voluntad política. Mientras tanto, el país prefiere vivir del gas y dejar que las piedras sigan hablando solas.