A lo largo de la historia puedes ir viendo lo que ha pasado con los recursos que ha utilizado el ser humano.
sólo alguien completamente alejado de la realidad es capaz de hacer una afirmación como esta.
Atiende, porque no voy a perder más tiempo en explicártelo.
El hecho de que los recursos naturales sean finitos no significa que las posibilidades de satisfacer las necesidades humanas sean necesariamente finitas. La clave está en distinguir entre materia existente y recursos disponibles para el ser humano.
La naturaleza proporciona materiales, energía y espacio, pero es la inteligencia humana la que descubre para qué pueden servir, cómo combinarlos y cómo obtener de ellos una utilidad cada vez mayor. En este sentido, el recurso verdaderamente decisivo no es una determinada cantidad de petróleo, hierro, agua o tierra, sino el conocimiento necesario para convertir la materia disponible en algo útil.
Un recurso que ayer no tenía ninguna utilidad económica puede convertirse mañana en un recurso fundamental gracias a un descubrimiento. Y un recurso que parece escaso puede utilizarse de manera muchísimo más eficiente gracias a una innovación tecnológica. La historia económica puede contemplarse, en buena medida, como una sucesión de estos procesos de descubrimiento y optimización.
El ser humano no se limita a consumir lo que encuentra en la naturaleza: aprende a hacer más con menos. Una determinada cantidad de materia puede producir cada vez más bienes y servicios porque aumentan el conocimiento, la tecnología, el capital y la capacidad empresarial. Lo importante, por tanto, no es solamente cuánta materia existe, sino cuánto valor podemos obtener de ella.
Esto cambia también la concepción de la escasez. La escasez física existe, pero la escasez económica es dinámica. Cuando algo se vuelve más escaso, su precio proporciona una señal que impulsa a buscar nuevas soluciones: encontrar otros yacimientos, desarrollar sustitutos, reciclar, reducir el consumo necesario para obtener el mismo resultado o inventar tecnologías completamente nuevas.
Y aquí aparece la característica más extraordinaria de la economía humana: el conocimiento no funciona como un recurso natural que se agota al utilizarlo. Al contrario, el conocimiento puede acumularse, transmitirse y combinarse con nuevos conocimientos. Una generación recibe las herramientas intelectuales de las anteriores y puede utilizarlas para descubrir posibilidades que antes ni siquiera podían imaginarse.
Por eso, desde esta perspectiva, la humanidad no vive simplemente de un stock fijo de recursos naturales. Vive de su capacidad para descubrir continuamente nuevas formas de utilizar la naturaleza. La piedra se convirtió en herramienta; el carbón, en energía industrial; el petróleo, en combustible y materia prima; el silicio, en electrónica; y materiales antes considerados residuos pueden convertirse en materias primas mediante nuevas tecnologías.