Ana Obregón y la polémica de las ampollas: ¿la única cuerda en la telebasura?
"¿A vosotros os absorben el pito toda la noche y no os dan ampollas o algo?" La pregunta, formulada por Ana Obregón en un programa de televisión, ha reventado el silencio cómplice que la mayoría de medios han mantenido frente a las acusaciones contra Julio Iglesias. Con 78 años y una movilidad reducida que le obliga a usar silla de ruedas, las denuncias de dos exempleadas que aseguran haber sido obligadas a realizarle sexo oral durante horas han sido recibidas con una mezcla de incredulidad y cinismo.
Lo que el relato oficial llama "valentía", una parte del análisis lo tilda de "cortina de humo" planificada para desviar la atención de otros escándalos políticos. La intervención de Obregón, una mujer con edad y dinero suficiente para no tener que rendir pleitesía a nadie, ha puesto sobre la mesa una pregunta que muchos se hacían: ¿alguien se cree realmente que un anciano dependiente podía someter a dos empleadas a sesiones de sexo oral de horas? El escepticismo, al menos en este rincón del debate, es mayoritario.
La credibilidad de las acusaciones
Las denunciantes, de origen dominicano, habrían prestado servicios domésticos en la casa de Julio Iglesias en 2021. Los hechos que describen chocan frontalmente con la realidad física del cantante: imágenes recientes lo muestran postrado en una silla, con dificultades para moverse. "Es un carcamal a punto de irse al otro barrio", se argumenta. ¿Cómo podría entonces mantener una erección prolongada, humillar y vejar a sus empleadas? La incongruencia es el caballo de batalla de quienes dudan de la veracidad de las acusaciones.
Frente a esto, los defensores de las denunciantes argumentan que el poder y el dinero permiten cualquier cosa, y que las empleadas podrían haber sido sometidas a pesar de su edad. Sin embargo, la ausencia de denuncias en el país donde ocurrieron los hechos —casualmente, las demandas se presentaron en España— y el hecho de que las supuestas víctimas regresaran a trabajar al día siguiente son puntos que minan su versión.
El contexto político y mediático
Difícil pasar por alto el momento en que estas acusaciones han visto la luz. Coinciden con una ofensiva mediática contra figuras de la derecha, desde Nacho Cano hasta el propio Julio Iglesias. No es descabellado pensar que se trata de una operación de descrédito orquestada desde los mismos centros de poder que han fabricado otros escándalos. La sensación de que el sistema apesta y necesita oxígeno se palpa en el aire.
Ana Obregón ha hecho lo que ningún tertuliano de esos que viven de la corrección política se atreve: señalar el absurdo con humor y sin miedo a represalias. Porque, al fin y al cabo, ella tiene el dinero suficiente para que le importe un pimiento lo que digan. Y el resto, una banda de paniaguados cuyas nóminas dependen de seguir el dictado.
La pregunta que queda en el aire es si alguien se tomará en serio estas denuncias o si, como todo apunta, pasarán al olvido cuando el circo mediático encuentre otro cadáver que desenterrar. Mientras tanto, la imagen de una Ana Obregón burlona preguntando por las ampollas seguirá siendo el antídoto perfecto contra la hipocresía generalizada.
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