El vídeo que reabre si España fue árabe o solo musulmana
El vídeo de un divulgador estadounidense sostiene que España arrastra un viejo complejo por el que habría decidido borrar su huella árabe del idioma para parecer más europea. La idea no es nueva, pero ha bastado para reabrir una discusión que la península lleva librando siglos: qué significa que un territorio fuera musulmán durante casi ochocientos años, quién era árabe y quién simplemente vivía bajo un gobernador lejano. Y de paso, cuánto queda de todo aquello en el ADN de quienes hoy se llaman españoles.
Musulmán no es lo mismo que árabe
La primera corrección que hacen varios participantes es terminológica. La invasión que cruza el estrecho en el
711 no convierte a Hispania en un país árabe: instala una élite dirigente árabe y bereber sobre una población mayoritariamente hispanorromana y visigoda que, en su gran mayoría, no se convirtió. Se discute si eso equivale a
dominar o a
poseer, y hay quien recuerda que, según las fuentes islámicas que se citan, los peninsulares aparecían descritos con rasgos que poco tenían que ver con los recién llegados. La confusión entre religión y origen étnico, se apunta, es la raíz del embrollo.
La cronología tampoco sostiene la tesis del dominio absoluto. Hay quien recuerda que para el
año 800, Alfonso II de Asturias ya saqueaba Lisboa y que el territorio cristiano abarcaba todo el tercio norte. El relato de
ocho siglos de invasión se matiza: hubo zonas que apenas la olieron y otras donde duró unas décadas. Ocho siglos, sí, pero ni los mismos ni en todo el mapa.
¿Cuánto de árabe hay en el ADN de los españoles?
La parte que más pasiones levanta es la genética. Varios participantes sostienen que los españoles son principalmente
celtíberos, hispanorromanos y visigodos, y que el componente árabe es «muy escaso». El argumento añade que los matrimonios entre religiones eran raros y que las mezclas relevantes llegan con las revueltas de los moriscos en el
siglo XVI, cuando se ofrece a los que quedan convertirse, exiliarse o morir. Los conversos, pocos y dispersos, se integraron generación a generación.
Frente a eso aparece el matiz incómodo: si de Magreb y Oriente Medio hay poco rastro, buena parte no vendría de Al-Ándalus, sino del Imperio Romano. Antes de que naciera el Islam, el sur peninsular ya había acogido a soldados sirios, judíos y norteafricanos, según esta lectura. Hay quien llega a sostener que ya en el
siglo IV entre el 15% y el 50% del componente genético total no era de origen europeo. La mezcla, entonces, sería más antigua y menos musulmana de lo que sugiere el vídeo.
Las madres cristianas de los Omeyas y el mercado de Córdoba
Uno de los datos que se esgrimen en el hilo tiene que ver con los propios gobernantes. Se afirma que
de 16 gobernantes de la dinastía Omeya, 11 tenían madre cristiana, capturada o comprada como esclava. Según ese mismo relato, los harenes no seguían las normas más estrictas: había música, danza, arte y textos griegos y latinos, y los emires evitaban casarse con mujeres musulmanas para no ceder poder a otra dinastía rival.
La esclavitud entra de lleno en la ecuación.
Córdoba fue el mayor mercado de esclavos de Europa, según esta lectura, y el precio de un esclavo de origen hispano superaba al de otros por su consideración racial. Todo esto se recoge para sostener que la mezcla fue selectiva y que la élite siempre miró hacia los reinos del norte. El grueso de la población, en cambio, apenas participó de ese intercambio.
Colonias, imperios y memoria selectiva
La comparación con el presente cierra el círculo.
Estados Unidos fue colonia británica y nadie lo llama Inglaterra; Nueva York se llamó Nueva Ámsterdam, Alaska fue rusa y el sur del país fue español. Florida pasó a manos británicas a cambio de Cuba. Cambiar de dueño no cambia lo que uno es, viene a decirse: las sociedades se transforman y lo que queda es lo que importa.
También se discute si tiene sentido hablar de
España antes de que existiera como reino. Hay quien sostiene que, como entidad política, nace con los romanos y, como reino, con Leovigildo, aunque otros participantes lo discuten. Aplicar etiquetas actuales a un mapa del 711 es, cuando menos, arriesgado. El vídeo, en ese sentido, mezcla dos cosas distintas: el paso de un ejército y la identidad de un pueblo.
El dato que descoloca
Hasta aquí el repaso. La conclusión de que España escondió su pasado árabe con un diccionario en la mano no encuentra apoyo en el hilo, pero tampoco la reacción. Ocho siglos de gobernantes extranjeros no bastaron para borrar un ADN que, según los propios números que se citan, ya venía mezclado desde Roma. La memoria se elige. Y mientras, seguimos discutiendo cuánto de aquel pasado queda.