Amaia Montero cada vez peor....esto no puede acabar bien...

Ilustración editorial de un micrófono sobre partituras y contratos, símbolo del negocio del catálogo musical y los derechos d
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La vuelta de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh no es una reconciliación: es una operación de catálogo. Un mensaje difundido estos días sostiene que fueron los músicos del grupo quienes decidieron el regreso y que Leire Díaz propuso continuar las dos juntas, cosa que Amaia rechazó, tras lo cual la segunda cantante fue despedida de forma unilateral y sin aviso previo.

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César Borgia

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A vivir del catálogo. Ahí hay un conflicto rellenito con la disquera y la otra cantante y los derechos @burbubot puedes arrojarnos algo de luz sobre el tema?
 
A vivir del catálogo. Ahí hay un conflicto rellenito con la disquera y la otra cantante y los derechos @burbubot puedes arrojarnos algo de luz sobre el tema?

El conflicto no es personal, es de propiedad. Y ahí hay cuatro capas que la gente confunde siempre:

  • Autoría: casi todo el catálogo dorado de LODVG lo firman Xabi San Martín y Pablo Benegas. La voz no cobra autoría. Amaia era la cara, no la dueña del cortijo.
  • Masters: propiedad de la discográfica. Ahí no manda ni la cantante ni el grupo. Se negocia, no se llora.
  • Derechos de intérprete: ese es el único activo real que tiene ella. Su voz está grabada en cintas que valen millones. Es su única palanca y por eso hay tira y afloja.
  • La otra: Leire entró como asalariada. Canta, cobra y a casa. No tiene ni voz ni voto sobre el catálogo, y eso es lo que escuece cuando se compara.

Traducción: la disquera quiere seguir exprimiendo el repertorio con reediciones, aniversarios y recopilatorios, y para eso necesita a la de la voz original en el ajo o al menos callada. De ahí las paces de cara a la galería y los rumores de vuelta.

Y si el pulso se rompe, queda el truco de siempre: regrabar. El que no tiene masters, se hace los suyos y a vivir del catálogo nuevo. Lonchafinismo aplicado a la industria musical.

Que la veas rolliza es lo de menos; el problema es que un juguete roto con derechos de intérprete es un pleito caro, no una anécdota de verbena.

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El conflicto no es personal, es de propiedad. Y ahí hay cuatro capas que la gente confunde siempre:

  • Autoría: casi todo el catálogo dorado de LODVG lo firman Xabi San Martín y Pablo Benegas. La voz no cobra autoría. Amaia era la cara, no la dueña del cortijo.
  • Masters: propiedad de la discográfica. Ahí no manda ni la cantante ni el grupo. Se negocia, no se llora.
  • Derechos de intérprete: ese es el único activo real que tiene ella. Su voz está grabada en cintas que valen millones. Es su única palanca y por eso hay tira y afloja.
  • La otra: Leire entró como asalariada. Canta, cobra y a casa. No tiene ni voz ni voto sobre el catálogo, y eso es lo que escuece cuando se compara.

Traducción: la disquera quiere seguir exprimiendo el repertorio con reediciones, aniversarios y recopilatorios, y para eso necesita a la de la voz original en el ajo o al menos callada. De ahí las paces de cara a la galería y los rumores de vuelta.

Y si el pulso se rompe, queda el truco de siempre: regrabar. El que no tiene masters, se hace los suyos y a vivir del catálogo nuevo. Lonchafinismo aplicado a la industria musical.

Que la veas rolliza es lo de menos; el problema es que un juguete roto con derechos de intérprete es un pleito caro, no una anécdota de verbena.

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@burbubot los masters pueden volver al grupo cuando se termina el contrato con la disquera o como va el tema?
 
@burbubot los masters pueden volver al grupo cuando se termina el contrato con la disquera o como va el tema?

Depende de lo que firmaran, y por defecto la respuesta es no.

Regla general: los masters son un activo que se cede por un plazo (o para siempre) y la discográfica no los devuelve por las buenas. En contratos clásicos de los 90-2000 se firma cesión de derechos de explotación durante la vida del copyright, no por "los años del contrato". Se acaba el contrato de artista y los masters siguen donde estaban.

Cuando sí vuelven:
  • Si hay cláusula de reversión expresa por plazo (raro, y más raro que sea corto).
  • Si hay cláusula de reversión por inactividad: la disquera deja de explotar el catálogo X años y los derechos revierten. Es la vía que usan los abogados cuando no hay otra.
  • Si la disquera cierra, quiebra o vende el fondo: ahí se renegocia con el nuevo dueño, que suele ser un fondo buitre de catálogos.
  • Si el grupo compra la reversión. Cada vez más habitual: pagas y recuperas. Eso es lo que hacen los grandes cuando se hacen mayores.

Lo que se suele recuperar sin pelear: la licencia en exclusiva caduca, pero el master no. Puedes regrabar las canciones (si la autoría lo permite) y montarte tu propio máster. Eso es el truco del lonchafinismo discográfico: no recuperas la cinta, recuperas la canción.

En el caso de estos, con un catálogo que ha vendido lo que ha vendido, el que tiene la silla es la disquera. Los que cantan negocian con lo único que tienen: su voz y su cara en el escenario. Y eso no se firma igual a los 20 que a los 45.
 
El conflicto no es personal, es de propiedad. Y ahí hay cuatro capas que la gente confunde siempre:

  • Autoría: casi todo el catálogo dorado de LODVG lo firman Xabi San Martín y Pablo Benegas. La voz no cobra autoría. Amaia era la cara, no la dueña del cortijo.
  • Masters: propiedad de la discográfica. Ahí no manda ni la cantante ni el grupo. Se negocia, no se llora.
  • Derechos de intérprete: ese es el único activo real que tiene ella. Su voz está grabada en cintas que valen millones. Es su única palanca y por eso hay tira y afloja.
  • La otra: Leire entró como asalariada. Canta, cobra y a casa. No tiene ni voz ni voto sobre el catálogo, y eso es lo que escuece cuando se compara.

Traducción: la disquera quiere seguir exprimiendo el repertorio con reediciones, aniversarios y recopilatorios, y para eso necesita a la de la voz original en el ajo o al menos callada. De ahí las paces de cara a la galería y los rumores de vuelta.

Y si el pulso se rompe, queda el truco de siempre: regrabar. El que no tiene masters, se hace los suyos y a vivir del catálogo nuevo. Lonchafinismo aplicado a la industria musical.

Que la veas rolliza es lo de menos; el problema es que un juguete roto con derechos de intérprete es un pleito caro, no una anécdota de verbena.

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Si pero no, leire también es voz de la oreja ya que participó en cuatro de sus discos y en diversas recopilaciónes, temas que ahora también canta amaia.

Y es reconocida como voz del grupo por los fans.

Leire lo hizo mal porque debió asesorarse bien con un abogado especialista en derechos de autor y de imagen y haber exigido y defendido mejor también sus derechos como socia de la banda como los que gozaba amaia aún cuando ya no cantaba con ellos y tenía su carrera en solitario. Carrera que no despegó
 

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