Alzheimer: ¿Cerca del final de una dolencia temida?
¿Estamos, por fin, ante el principio del fin de una de las enfermedades más temidas? El Alzheimer, quinta causa de muerte en el mundo, sigue siendo un misterio, pero la ciencia acumula pistas que, si no se desvanecen como tantas otras, podrían cambiar el pronóstico. El último grito viene de la microbiota bucal.
La boca, la puerta de entrada al cerebro
Un estudio de Cortexyme, publicado en Science Advances, encontró gingipaínas (enzimas de la bacteria Porphyromonas gingivalis) en el 96% de las 54 muestras de cerebro de pacientes con Alzheimer. La idea: la bacteria viaja desde encías inflamadas hasta el cerebro, desencadenando la neurodegeneración. No es una hipótesis nueva, pero el dato de prevalencia es demoledor. Quien defiende esta línea apunta a que una higiene dental rigurosa y el uso de antisépticos bucales podrían prevenir la enfermedad. Otros, en cambio, recuerdan que no todos los ancianos con mala dentadura desarrollan Alzheimer, lo que sugiere que la infección bucal sería un factor más, no la causa única.
¿Es el Alzheimer una diabetes cerebral?
Otra corriente sostiene que el Alzheimer es, en esencia, una resistencia a la insulina localizada en el cerebro. El consumo masivo de azúcares y harinas refinadas sería el desencadenante. La evidencia: la prediabetes acelera el envejecimiento neuronal y el deterioro cognitivo, según un estudio en Nature Neuroscience. Quienes suscriben esta teoría recomiendan una dieta cetogénica o baja en carbohidratos como profilaxis. Sin embargo, la industria alimentaria y la medicina oficial no parecen dispuestas a dar ese paso.
Vacunas, litio y luz parpadeante: las vías más prometedoras
En los últimos años han surgido varias líneas de investigación con resultados llamativos:
- Vacunas: Un estudio de la Universidad de Oxford sobre 430.000 historias clínicas mostró que la vacuna contra el herpes zóster y la del virus sincicial respiratorio (VSR) reducían el riesgo de demencia un 29% en los 18 meses posteriores. El denominador común: el adyuvante que estimula el sistema inmune.
- Litio: Investigadores de Harvard identificaron que la deficiencia de litio en el cerebro podría ser un evento temprano en el Alzheimer. En ratones, la suplementación estabilizó la memoria y redujo las placas amiloides.
- Oscilaciones gamma: Un estudio en Cell demostró que estimular el cerebro con luz y sonido a 40 Hz (frecuencia gamma) eliminaba las placas de amiloide en ratones. La técnica, que parece sacada de una película de ciencia ficción, podría abrir una vía no farmacológica.
- Azul de metileno y otros compuestos: El viejo colorante, usado para infecciones urinarias, muestra actividad contra la proteína tau, una de las culpables del Alzheimer. También se ha mencionado el hongo melena de león (Hericium erinaceus), cuyos beta-glucanos y hericenonas promueven el crecimiento neuronal.
El escepticismo que no cesa
A pesar de las promesas, la historia reciente está llena de falsas alarmas. El fármaco de Pfizer contra la artritis reumatoide que en 2015 reducía el riesgo de Alzheimer un 64% nunca llegó a comercializarse para ese fin. Los ensayos en ratones rara vez se traducen en humanos. Y la industria farmacéutica, según los más cínicos, no tiene incentivos para curar una enfermedad crónica que genera ingresos multimillonarios en cuidados paliativos.
Mientras tanto, las familias siguen viendo cómo sus seres queridos se desvanecen. Tal vez la respuesta esté en la sinergia de todas estas vías: cuidar la boca, controlar el azúcar, vacunarse, suplementar con omega-3 y hongos, y exponerse a luces parpadeantes. O quizá no. Pero si algo ha enseñado esta enfermedad es que la humildad científica es la primera medicina.