El casero que pasa del decreto: dos pisos, cero impagos desde 2011
¿Se puede subir el alquiler durante quince años sin perder un inquilino ni sufrir un destrozo? Un propietario que compró en 2011 dos pisos de
110 metros cuadrados los pagó al contado, los tuvo unos meses vacíos y acabó alquilándolos a dos médicos del
CHUO con familia. Hoy cobra
1.100 euros al mes frente a los 650 del primer contrato, y dice que el decreto de control de precios del alquiler le da exactamente igual.
¿Cuánto ha subido la renta desde 2011?
Dos pisos, no céntricos pero bien situados, de tres habitaciones, alquilados desde el primer año a médicos en formación o a la espera de plaza fija. La renta arrancó en
650 euros y hoy está en
1.100 y algo: casi un 70% más en tres lustros, sin desahucios, sin impagos y sin negociaciones tensas. En 2014 uno de los inquilinos se marchó a A Coruña y el sustituto llegó
recomendado por el que se iba, sin anuncio y sin agencia.
Conocidos le animaban a apretar. Con tres habitaciones, decían, se podían sacar
1.500 euros o más alquilando por habitaciones. Rechazó la idea. Alega que ese modelo promete mucho y luego no paga; también puede ser, simplemente, que no necesite el dinero.
Por qué médicos, profesores y funcionarios son el inquilino más buscado
Hay un perfil convertido en objeto de deseo: profesionales de paso, nómina fija y estancia temporal. Médicos que aún no tienen plaza definitiva, funcionarios en comisión de servicio, profesores interinos. Pagan puntualmente, no discuten cada subida y muchos asumen el mantenimiento por su cuenta —pintar, cambiar ventanas por otras aislantes— a cambio de que el casero no mueva la renta.
El cálculo de este propietario es explícito: mejor
200 o 300 euros menos al mes que arriesgarse a un inquilino problemático. Con los estudiantes es otra cosa, admite: «todos fuimos chavales y sabemos lo que hay». La fórmula del sector con ellos sigue siendo amueblar barato y pedir el aval de los padres.
En un mercado con la oferta tensionada, ese arrendatario estable se ha vuelto un activo más codiciado que el propio ladrillo.
¿Sirve de algo el decreto de control de precios del alquiler?
Para quien ya tiene la cartera alquilada a profesionales solventes, probablemente no. Este propietario reconoce que no sabe bien de qué va la norma, que no le afecta y que, si golpea a quienes hacinan pisos, se alegra. Es una postura incómoda pero coherente: el control de precios no le quita nada porque nunca tensó el precio.
Ahí está el punto ciego. Otra parte del mercado sostiene que el problema no son los pisos completos alquilados a médicos, sino las habitaciones hacinadas, y que la norma apunta precisamente ahí. Se argumenta también que el alquiler por habitaciones a inquilinos migrantes acaba en impagos y deterioro; es una afirmación que se repite sin datos que la respalden y que convive con el discurso de que el inquilino de paso es el único rentable.
Lo que no aparece por ningún lado son cifras sobre el efecto real de la norma en la oferta disponible. Mientras tanto, el augurio más repetido en las réplicas no era económico: alguien bromeaba con que le expropiarían los pisos la semana siguiente.
Quince años, dos pisos, cero impagos y una renta que creció cerca del 70%. Si esto es un problema para el mercado del alquiler, conviene revisar el diagnóstico.