carlosjpc
Gran Maestre de la Logia Burbujista
Creíamos que la locura del mercado inmobiliario y el alquiler vacacional desatado no podía sorprendernos más. Pero no. Hay margen en esta España nuestra. Ahora, la crisis de la vivienda en la isla de Ibiza, en Baleares, que ya nos había dejado historias de todo tipo en el pasado, suma una que se lleva la palma: la de un agente de la Guardia Civil que decidió alquilar la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre (en Sant Josep de sa Talaia) a unos turistas, mientras él estaba fuera. Y sí, la jugada le ha ansioso bastante cara.
La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo acaba de ratificar la sanción inicial de 20 días de suspensión de empleo y sueldo para el agente benemérito por una falta grave. Pero lo verdaderamente llamativo es cómo se descubrió el asunto.
La escena tuvo lugar durante una fiesta en las propias dependencias del cuartel (presumiblemente durante la festividad de la patrona del cuerpo, indica la prensa local). En plena celebración, apareció un individuo con aspecto mucho más desaliñado de lo habitual en el complejo que, ni corto ni perezoso, se acercó a la zona del convite, se sirvió una copa sin pedir permiso a nadie y empezó a interactuar con los agentes allí presentes, con naturalidad.
Cuando los guardias civiles, sorprendidos ante el intruso, le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio, que era un inquilino, vaya.
La cosa no quedó ahí: el turista aprovechó el momento para quejarse de que el alojamiento no cumplía las condiciones prometidas y no tenía vistas al mar. Para rematar la faena, preguntó a los agentes dónde podía comprar droja. "Aquí dónde se pilla", dijo literalmente, según informa el Diario de Ibiza.
Finalmente, abandonaron el cuartel, aunque se fueron sin devolver las llaves. En total, resultaron ser cuatro las personas que se habían alojado irregularmente en la instalación. Una familia entera.
Tras el incidente, el agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Su argumento era que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus "clientes" ni de los agentes que presenciaron el espectáculo.
Sin embargo, el Alto Tribunal ha desestimado sus argumentos por completo y ha ratificado la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.
Al final, jugar a ser anfitrión de Airbnb en un cuartel de la Guardia Civil le ha costado el sueldo de casi un mes. Eso sí, la anécdota del turista exigiéndole vistas al mar y drojas a la autoridad ya es historia de la isla.
La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo acaba de ratificar la sanción inicial de 20 días de suspensión de empleo y sueldo para el agente benemérito por una falta grave. Pero lo verdaderamente llamativo es cómo se descubrió el asunto.
La escena tuvo lugar durante una fiesta en las propias dependencias del cuartel (presumiblemente durante la festividad de la patrona del cuerpo, indica la prensa local). En plena celebración, apareció un individuo con aspecto mucho más desaliñado de lo habitual en el complejo que, ni corto ni perezoso, se acercó a la zona del convite, se sirvió una copa sin pedir permiso a nadie y empezó a interactuar con los agentes allí presentes, con naturalidad.
Cuando los guardias civiles, sorprendidos ante el intruso, le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio, que era un inquilino, vaya.
La cosa no quedó ahí: el turista aprovechó el momento para quejarse de que el alojamiento no cumplía las condiciones prometidas y no tenía vistas al mar. Para rematar la faena, preguntó a los agentes dónde podía comprar droja. "Aquí dónde se pilla", dijo literalmente, según informa el Diario de Ibiza.
Atrincherados en la habitación
Ante semejante panorama, un oficial invitó a los inquilinos a hacer las maletas y abandonar inmediatamente el recinto militar. ¿La respuesta de los turistas? Pues, en un primer momento, se negaron y se encerraron en la habitación. Habían firmado y pagado e insistían en su derecho.Finalmente, abandonaron el cuartel, aunque se fueron sin devolver las llaves. En total, resultaron ser cuatro las personas que se habían alojado irregularmente en la instalación. Una familia entera.
Tras el incidente, el agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Su argumento era que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus "clientes" ni de los agentes que presenciaron el espectáculo.
Sin embargo, el Alto Tribunal ha desestimado sus argumentos por completo y ha ratificado la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.
Y gracias
Pese a la vergüenza pública y los 20 días sin sueldo, el guardia civil casi que puede dar las gracias. Según fuentes del Consell de Ibiza, la institución no ha recibido ninguna denuncia formal por intrusismo turístico en relación con este episodio. De haberse tramitado un expediente por alquiler vacacional ilegal, el agente se habría enfrentado a una multa de, atención, al menos 40.000 euros.Al final, jugar a ser anfitrión de Airbnb en un cuartel de la Guardia Civil le ha costado el sueldo de casi un mes. Eso sí, la anécdota del turista exigiéndole vistas al mar y drojas a la autoridad ya es historia de la isla.
