Alquila su pabellón en el cuartel de la Guardia Civil a turistas en Ibiza y lo pillan porque sus inquilinos preguntaron dónde comprar droja

Alquila su pabellón en el cuartel de la Guardia Civil a turistas en Ibiza y lo pillan porque sus inquilinos preguntaron dónde comprar droja
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo ha ratificado la sanción de 20 días de suspensión de empleo y sueldo a un agente de la Guardia Civil destinado en Sant Josep de sa Talaia (Ibiza) por alquilar a turistas la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre.

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La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo ha ratificado la sanción de 20 días de suspensión de empleo y sueldo a un agente de la Guardia Civil destinado en Sant Josep de sa Talaia (Ibiza) por alquilar a turistas la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre. El caso se destapó cuando uno de los inquilinos se coló en una fiesta del cuerpo, se sirvió una copa y preguntó a los agentes dónde podía comprar droga.

Hay quien piensa que el mercado del alquiler en Ibiza ya lo ha visto todo. Y luego llega una historia como esta, que empieza en un cuartel de la Guardia Civil y acaba en la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. El protagonista es un agente destinado en el acuartelamiento de Can Sifre, en el municipio de Sant Josep de sa Talaia, que decidió sacar un sobresueldo alquilando a turistas la habitación que tenía asignada mientras él estaba fuera. La operación le ha costado 20 días de suspensión de empleo y sueldo, una falta grave que el alto tribunal acaba de confirmar.

Una fiesta, un intruso y una pregunta incómoda

El pastel se descubrió durante una celebración en las propias dependencias del cuartel, que la prensa local sitúa en torno a la festividad de la patrona del cuerpo. En mitad del convite apareció un hombre con un aspecto más desaliñado de lo habitual en el recinto. Se acercó a la zona donde se servía la comida, se sirvió una copa sin pedir permiso y se puso a charlar con los agentes como si tal cosa.

Cuando los guardias le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio. Era un inquilino. Y no contento con eso, aprovechó para quejarse de que el alojamiento no cumplía lo prometido y no tenía vistas al mar. Para rematar, preguntó a los presentes dónde podía comprar droga. «Aquí dónde se pilla», dijo, según recogió el Diario de Ibiza.

Cuatro huéspedes, unas llaves y una negativa a marcharse

Un oficial invitó a los inquilinos a hacer las maletas y abandonar el recinto militar. Se negaron en redondo y se encerraron en la habitación: habían firmado y pagado, argumentaban, e insistían en su derecho a quedarse. Finalmente entraron en razón y se fueron, aunque sin devolver las llaves. En total, según el relato del caso, fueron cuatro personas las que se habían alojado de forma irregular en la instalación. Una familia entera.

El agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Alegó que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus clientes ni de los agentes que presenciaron la escena. El alto tribunal desestimó sus excusas y ratificó la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.

La multa que no llegó a caer

Pese a la vergüenza pública y a los 20 días sin sueldo, al agente le ha salido la jugada comparativamente barata. Según fuentes del Consell de Ibiza, la institución no ha recibido ninguna denuncia formal por intrusismo turístico relacionada con este episodio. De haberse tramitado un expediente por alquiler vacacional ilegal, el agente se habría enfrentado a una multa de al menos 40.000 euros.

Ahí está la diferencia entre el régimen disciplinario militar y la normativa turística: una cosa es faltar a los deberes del cargo y otra, bastante más cara, ejercer de anfitrión sin licencia. La anécdota del turista exigiendo vistas al mar y preguntando por drogas a la autoridad ya forma parte de la historia reciente de la isla. Conviene recordar que alquilar una vivienda sin cumplir los requisitos de la normativa autonómica puede acarrear sanciones económicas elevadas, así que quien tenga dudas sobre su caso concreto haría bien en consultar a un profesional.

Datos clave
  • Sanción confirmada: 20 días de suspensión de empleo y sueldo por falta grave.
  • Lugar: cuartel de Can Sifre, en Sant Josep de sa Talaia (Ibiza).
  • Huéspedes irregulares: cuatro personas, una familia, que se negaron a marcharse y se fueron sin devolver las llaves.
  • Multa potencial no tramitada: al menos 40.000 euros por alquiler vacacional ilegal, según fuentes del Consell de Ibiza.
  • El caso llegó a la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo, que desestimó el recurso del agente.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

carlosjpc

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Creíamos que la locura del mercado inmobiliario y el alquiler vacacional desatado no podía sorprendernos más. Pero no. Hay margen en esta España nuestra. Ahora, la crisis de la vivienda en la isla de Ibiza, en Baleares, que ya nos había dejado historias de todo tipo en el pasado, suma una que se lleva la palma: la de un agente de la Guardia Civil que decidió alquilar la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre (en Sant Josep de sa Talaia) a unos turistas, mientras él estaba fuera. Y sí, la jugada le ha ansioso bastante cara.

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo acaba de ratificar la sanción inicial de 20 días de suspensión de empleo y sueldo para el agente benemérito por una falta grave. Pero lo verdaderamente llamativo es cómo se descubrió el asunto.

La escena tuvo lugar durante una fiesta en las propias dependencias del cuartel (presumiblemente durante la festividad de la patrona del cuerpo, indica la prensa local). En plena celebración, apareció un individuo con aspecto mucho más desaliñado de lo habitual en el complejo que, ni corto ni perezoso, se acercó a la zona del convite, se sirvió una copa sin pedir permiso a nadie y empezó a interactuar con los agentes allí presentes, con naturalidad.

Cuando los guardias civiles, sorprendidos ante el intruso, le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio, que era un inquilino, vaya.

La cosa no quedó ahí: el turista aprovechó el momento para quejarse de que el alojamiento no cumplía las condiciones prometidas y no tenía vistas al mar. Para rematar la faena, preguntó a los agentes dónde podía comprar droja. "Aquí dónde se pilla", dijo literalmente, según informa el Diario de Ibiza.

Atrincherados en la habitación​

Ante semejante panorama, un oficial invitó a los inquilinos a hacer las maletas y abandonar inmediatamente el recinto militar. ¿La respuesta de los turistas? Pues, en un primer momento, se negaron y se encerraron en la habitación. Habían firmado y pagado e insistían en su derecho.

Finalmente, abandonaron el cuartel, aunque se fueron sin devolver las llaves. En total, resultaron ser cuatro las personas que se habían alojado irregularmente en la instalación. Una familia entera.

Tras el incidente, el agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Su argumento era que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus "clientes" ni de los agentes que presenciaron el espectáculo.

Sin embargo, el Alto Tribunal ha desestimado sus argumentos por completo y ha ratificado la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.

Y gracias​

Pese a la vergüenza pública y los 20 días sin sueldo, el guardia civil casi que puede dar las gracias. Según fuentes del Consell de Ibiza, la institución no ha recibido ninguna denuncia formal por intrusismo turístico en relación con este episodio. De haberse tramitado un expediente por alquiler vacacional ilegal, el agente se habría enfrentado a una multa de, atención, al menos 40.000 euros.

Al final, jugar a ser anfitrión de Airbnb en un cuartel de la Guardia Civil le ha costado el sueldo de casi un mes. Eso sí, la anécdota del turista exigiéndole vistas al mar y drojas a la autoridad ya es historia de la isla.
 
Creíamos que la locura del mercado inmobiliario y el alquiler vacacional desatado no podía sorprendernos más. Pero no. Hay margen en esta España nuestra. Ahora, la crisis de la vivienda en la isla de Ibiza, en Baleares, que ya nos había dejado historias de todo tipo en el pasado, suma una que se lleva la palma: la de un agente de la Guardia Civil que decidió alquilar la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre (en Sant Josep de sa Talaia) a unos turistas, mientras él estaba fuera. Y sí, la jugada le ha ansioso bastante cara.

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo acaba de ratificar la sanción inicial de 20 días de suspensión de empleo y sueldo para el agente benemérito por una falta grave. Pero lo verdaderamente llamativo es cómo se descubrió el asunto.

La escena tuvo lugar durante una fiesta en las propias dependencias del cuartel (presumiblemente durante la festividad de la patrona del cuerpo, indica la prensa local). En plena celebración, apareció un individuo con aspecto mucho más desaliñado de lo habitual en el complejo que, ni corto ni perezoso, se acercó a la zona del convite, se sirvió una copa sin pedir permiso a nadie y empezó a interactuar con los agentes allí presentes, con naturalidad.

Cuando los guardias civiles, sorprendidos ante el intruso, le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio, que era un inquilino, vaya.

La cosa no quedó ahí: el turista aprovechó el momento para quejarse de que el alojamiento no cumplía las condiciones prometidas y no tenía vistas al mar. Para rematar la faena, preguntó a los agentes dónde podía comprar droja. "Aquí dónde se pilla", dijo literalmente, según informa el Diario de Ibiza.

Atrincherados en la habitación​

Ante semejante panorama, un oficial invitó a los inquilinos a hacer las maletas y abandonar inmediatamente el recinto militar. ¿La respuesta de los turistas? Pues, en un primer momento, se negaron y se encerraron en la habitación. Habían firmado y pagado e insistían en su derecho.

Finalmente, abandonaron el cuartel, aunque se fueron sin devolver las llaves. En total, resultaron ser cuatro las personas que se habían alojado irregularmente en la instalación. Una familia entera.

Tras el incidente, el agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Su argumento era que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus "clientes" ni de los agentes que presenciaron el espectáculo.

Sin embargo, el Alto Tribunal ha desestimado sus argumentos por completo y ha ratificado la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.

Y gracias​

Pese a la vergüenza pública y los 20 días sin sueldo, el guardia civil casi que puede dar las gracias. Según fuentes del Consell de Ibiza, la institución no ha recibido ninguna denuncia formal por intrusismo turístico en relación con este episodio. De haberse tramitado un expediente por alquiler vacacional ilegal, el agente se habría enfrentado a una multa de, atención, al menos 40.000 euros.

Al final, jugar a ser anfitrión de Airbnb en un cuartel de la Guardia Civil le ha costado el sueldo de casi un mes. Eso sí, la anécdota del turista exigiéndole vistas al mar y drojas a la autoridad ya es historia de la isla.

«Casi que puede», «agárrate»... Convendría que el autor recordara que está redactando una noticia, aunque sea en tono distendido, no se la está contando a un colega en la barra del bar. Para más «naturalidad» también podría haber metido unas coletillas en plan «eh, vale, ¿no?», además de transcribir unos carraspeos.
 
Miedo y angustia en Ibiza.
No dejo de sorprenderme cada día de la inverosimilitud de todo.
Cuando crees que lo has escuchado todo, nuestro circo-manicomio-país no para de sorprenderte.
Creo que lo más inteligente de todo es dejarse llevar por la locura y dejar de resistirse.
 
«Casi que puede», «agárrate»... Convendría que el autor recordara que está redactando una noticia, aunque sea en tono distendido, no se la está contando a un colega en la barra del bar. Para más «naturalidad» también podría haber metido unas coletillas en plan «eh, vale, ¿no?», además de transcribir unos carraspeos.

Seguramente el periodista le pidió a ChatGPT que redactara la noticia en modo informal y jocoso.
 
Creíamos que la locura del mercado inmobiliario y el alquiler vacacional desatado no podía sorprendernos más. Pero no. Hay margen en esta España nuestra. Ahora, la crisis de la vivienda en la isla de Ibiza, en Baleares, que ya nos había dejado historias de todo tipo en el pasado, suma una que se lleva la palma: la de un agente de la Guardia Civil que decidió alquilar la habitación que tenía asignada en el cuartel de Can Sifre (en Sant Josep de sa Talaia) a unos turistas, mientras él estaba fuera. Y sí, la jugada le ha ansioso bastante cara.

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo acaba de ratificar la sanción inicial de 20 días de suspensión de empleo y sueldo para el agente benemérito por una falta grave. Pero lo verdaderamente llamativo es cómo se descubrió el asunto.

La escena tuvo lugar durante una fiesta en las propias dependencias del cuartel (presumiblemente durante la festividad de la patrona del cuerpo, indica la prensa local). En plena celebración, apareció un individuo con aspecto mucho más desaliñado de lo habitual en el complejo que, ni corto ni perezoso, se acercó a la zona del convite, se sirvió una copa sin pedir permiso a nadie y empezó a interactuar con los agentes allí presentes, con naturalidad.

Cuando los guardias civiles, sorprendidos ante el intruso, le preguntaron qué hacía allí, el hombre explicó que había alquilado una habitación en el edificio, que era un inquilino, vaya.

La cosa no quedó ahí: el turista aprovechó el momento para quejarse de que el alojamiento no cumplía las condiciones prometidas y no tenía vistas al mar. Para rematar la faena, preguntó a los agentes dónde podía comprar droja. "Aquí dónde se pilla", dijo literalmente, según informa el Diario de Ibiza.

Atrincherados en la habitación​

Ante semejante panorama, un oficial invitó a los inquilinos a hacer las maletas y abandonar inmediatamente el recinto militar. ¿La respuesta de los turistas? Pues, en un primer momento, se negaron y se encerraron en la habitación. Habían firmado y pagado e insistían en su derecho.

Finalmente, abandonaron el cuartel, aunque se fueron sin devolver las llaves. En total, resultaron ser cuatro las personas que se habían alojado irregularmente en la instalación. Una familia entera.

Tras el incidente, el agente intentó librarse del castigo recurriendo ante el Tribunal Supremo. Su argumento era que se había vulnerado su derecho a la defensa porque no se habían aceptado las declaraciones de sus "clientes" ni de los agentes que presenciaron el espectáculo.

Sin embargo, el Alto Tribunal ha desestimado sus argumentos por completo y ha ratificado la sanción por incumplir deberes u obligaciones legales inherentes a su cargo.

Y gracias​

Pese a la vergüenza pública y los 20 días sin sueldo, el guardia civil casi que puede dar las gracias. Según fuentes del Consell de Ibiza, la institución no ha recibido ninguna denuncia formal por intrusismo turístico en relación con este episodio. De haberse tramitado un expediente por alquiler vacacional ilegal, el agente se habría enfrentado a una multa de, atención, al menos 40.000 euros.

Al final, jugar a ser anfitrión de Airbnb en un cuartel de la Guardia Civil le ha costado el sueldo de casi un mes. Eso sí, la anécdota del turista exigiéndole vistas al mar y drojas a la autoridad ya es historia de la isla.

¿Historia rara que cubre algún tráfico ilegal de un picoleto descarriado?.

DROJJAS NO.....

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«Casi que puede», «agárrate»... Convendría que el autor recordara que está redactando una noticia, aunque sea en tono distendido, no se la está contando a un colega en la barra del bar. Para más «naturalidad» también podría haber metido unas coletillas en plan «eh, vale, ¿no?», además de transcribir unos carraspeos.
Suerte tenemos de que no usase las abreviaturas del móvil o terminase las palabras en -e
 

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