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Almeida, como tantos otros alcaldes…
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El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha presentado la vivienda social número 5.000 entregada desde 2019. En ese mismo periodo la capital ha ganado 231.151 habitantes netos, y entre 150.000 y 165.000 de ellos son adultos nacidos en el extranjero.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, celebró el 2 de octubre de 2026 la entrega de la vivienda social número 5.000 desde 2019, el año en que asumió el cargo. El Ayuntamiento presenta esa cifra como un hito de su gestión en alquiler asequible. El detalle está en con qué se compara.
En el mismo periodo, la ciudad ha ganado 231.151 habitantes netos. De ese crecimiento, entre 150.000 y 165.000 son adultos nacidos en el extranjero que se han asentado en la capital. La cuenta es sencilla: han entrado muchas más personas de las que se han construido viviendas sociales.
El Padrón Municipal registraba 3.266.126 habitantes el 1 de enero de 2019. Siete años después, el 1 de enero de 2026, la cifra ascendía a 3.497.277. Son 231.151 residentes más. El pico llegó a comienzos de 2025, cuando la ciudad superó por primera vez la barrera de los 3,5 millones: 3.527.924 personas empadronadas. En el último año hubo un ajuste a la baja de unas 30.000 personas, hasta estabilizarse en los 3,49 millones.
Detrás de ese crecimiento hay un motor claro: la llegada de personas procedentes del extranjero. Los residentes de nacionalidad extranjera pasaron de unos 462.000 en 2019 a 655.402. Los nacidos fuera de España residentes en la capital ya superan 1,06 millones. El saldo vegetativo, nacimientos menos defunciones, se mantuvo en valores negativos o muy planos durante buena parte del periodo. Sin migración, Madrid habría encogido.
Los colectivos más numerosos entre los recién llegados proceden de Colombia, Venezuela y Perú. El perfil es laboral y joven-adulto: entre el 80% y el 85% de las personas extranjeras que se empadronan son mayores de 18 años, con concentración masiva en la franja de 20 a 44 años. Los menores representan un porcentaje menor de las altas de origen exterior.
La relación entre las dos cifras es la que invita a pensar. 5.000 viviendas sociales entregadas frente a 231.151 habitantes más. Sale aproximadamente una vivienda social por cada 46 nuevos residentes. Si se toma solo el crecimiento adulto de origen extranjero, entre 150.000 y 165.000 personas, la proporción mejora un poco, pero sigue siendo de una vivienda por cada 30 o 33 personas.
Almeida ha sostenido también que Madrid es la ciudad que más vivienda social ha construido en España. Puede ser cierto. Y precisamente por eso el dato es más incómodo: si el listón nacional es ese, el conjunto del país no está mucho mejor. La capital entrega 5.000 viviendas sociales en siete años mientras su población crece a un ritmo que desborda cualquier previsión.
La cuestión no es si 5.000 viviendas son muchas o pocas en abstracto. Son pocas o muchas en función de cuánta gente necesita techo. La comparación con el crecimiento demográfico deja la cifra en un lugar incómodo para cualquier gestor, sea del partido que sea.
El desfase no afecta solo a la vivienda. Si la población crece y los recursos no lo hacen en la misma proporción, el resultado se nota en todos los servicios públicos. Sanidad, educación, limpieza, seguridad ciudadana. La cuenta es la misma que en la vivienda: más personas usando instalaciones y plantillas pensadas para una población menor.
Para mantener el nivel de servicio anterior a 2019 harían falta, en términos proporcionales, varios hospitales grandes al año, con sus médicos, enfermeros y personal auxiliar. Decenas de colegios nuevos. Más efectivos de limpieza y más policía. No es una cuestión ideológica: es aritmética. Si no se aumenta la capacidad al mismo ritmo que crece la demanda, la calidad del servicio cae. Y cae para todos, para los que llegaron antes y para los que llegan ahora.
¿Se puede mantener todo con los mismos recursos? No. ¿Se puede afirmar que Madrid ofrece hoy los mismos servicios que en 2019? Tampoco. La ciudad ha crecido en más de 200.000 personas y la infraestructura pública no ha seguido ese ritmo.
Los datos del Padrón Municipal y del Instituto Nacional de Estadística son oficiales y públicos. La población de Madrid creció 231.151 personas entre 2019 y 2026. El Ayuntamiento entregó 5.000 viviendas sociales en el mismo periodo. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. La pregunta es si esa combinación es sostenible.
Martínez-Almeida puede presumir de las 5.000 viviendas. También puede presumir de que Madrid es la ciudad que más construye. Pero las dos afirmaciones conviven con una tercera: en esos siete años, la capital ha incorporado a un número de adultos equivalente al de una ciudad mediana, la mayoría en edad laboral, y el parque de vivienda social no ha crecido ni de lejos a ese ritmo.
No hay un cierre optimista. Hay una constatación: el crecimiento demográfico de Madrid supera con creces la capacidad del Ayuntamiento para responder con vivienda pública. Y si Madrid es la que más hace, el resto de España no está en mejor posición.
*Nota: los datos de población y vivienda social proceden de registros oficiales; cualquier interpretación sobre capacidad de gasto futuro exigiría un análisis presupuestario detallado.*
Almeida, como tantos otros alcaldes…