Lo sé, por eso es una lástima que estén tan buenos.
Yo tengo una fuerza de voluntad grandísima, pero no puedo evitar verlo en el supermercado y querer comérmelo. De hecho lo evito y no lo compro, pero me fastidia.
Con otras cosas ya no sufro. La bollería industrial a estas alturas me da angustia, y productos como los triskis, los gusanitos y esas cosas no los huelo desde hace décadas. Pero caramba, un pudding o una tarta de queso no son tan insanos y fastidia bastante tener que evitarlos.
No obstante, acabo de volver de Asturias y allí no me he privado de nada. Me he comido 2 fabadas, unas fabes con almejas, un cachopo, 2 entrecots, pastel de cabracho, tartas de queso, cuajadas... y por supuesto me compré una caja de casadielles, unos dulces típicos artesanos, un queso de cabrales y un buen surtido de embutidos de ciervo y jabalí.
He venido con 2 kilos de más, pero las vacaciones están para disfrutar. No me costará mucho perderlos.