Alemania se gripa: 41.000 despidos y el fantasma de la desindustrialización
Telekom pone 15.000 empleos en la rampa de salida. Siemens, otros 7.000. Opel, 4.000. Y el grupo Volkswagen, otros 15.000, con los cierres de fábrica como telón de fondo y la plantilla echándose a la calle en Bruselas. En total,
41.000 puestos de trabajo anunciados o en discusión en el corazón industrial de Europa, según las cifras que circulan en el hilo. La cifra resume el peor golpe al mercado laboral alemán desde la pandemia, de confirmarse. Y no es un mal trimestre: es un cambio de modelo.
La economía alemana, durante décadas el motor indiscutible del continente, acumula señales de deterioro que ya no se leen como un bache cíclico. Los PMIs manufactureros llevan meses en terreno contractivo, el Bundesbank anticipa una década de estancamiento y el mercado laboral destruye empleo al ritmo más alto de los últimos quince años si se excluye el COVID, según un forero. El DAX, mientras tanto, sigue subiendo: la bolsa celebra la inteligencia artificial y la nube, no la fábrica.
Del milagro alemán al ajuste industrial
El diagnóstico más repetido apunta a una reconversión industrial de manual, de las que aparecen en los libros de texto. La tesis dominante sostiene que
Alemania ya no puede competir con el coste energético que arrastra desde que se cortó el grifo del gas ruso barato, ni con la presión tecnológica de China en el coche eléctrico. La industria alemana, se argumenta, está anclada en productos del siglo XX mientras las nuevas tecnologías del automóvil se desarrollan fuera de sus fronteras.
Hay quien va más allá y sitúa el problema en Bruselas, no en Berlín. Desde esa lectura, las políticas verdes y la burocracia comunitaria habrían asfixiado al tejido productivo antes de que la transición estuviera madura. Y una tercera corriente, más geopolítica, señala a Washington: el sabotaje del Nord Stream y la ruptura con Moscú habrían dejado a la industria alemana sin su ventaja competitiva histórica, la energía barata.
¿Por qué importa en España lo que pasa en Alemania?
Porque España parte de una posición mucho peor. El paro alemán rondaba el 3% antes del ajuste; el español supera el 11%. Aunque Alemania duplique su tasa de desempleo, seguirá muy por debajo de la española. La diferencia no es de grado, es de naturaleza: Alemania puede permitirse destruir empleo industrial y seguir teniendo un mercado laboral tenso; España, no.
El argumento más repetido en los análisis que circulan es que la economía española crece dos puntos por encima de lo que destruyó durante la pandemia, pero lo hace a base de deuda, fondos europeos y entrada masiva de población. Sin la pata industrial alemana, la UE pierde a su principal contribuyente neto y el flujo de fondos que sostiene buena parte del gasto público español queda en el aire.
La UE como problema, no como solución
Una parte del análisis sostiene que la Unión Europea es hoy el mayor enemigo de los europeos. La tesis: si Alemania quiebra, arrastra a todos los demás, y esta vez con millones de personas migrantes dentro. Otra corriente responde que sin la UE y sin el Banco Central Europeo imprimiendo dinero, España llevaría en suspensión de pagos desde mayo de 2010, cuando se reformó el artículo 135.3 de la Constitución para blindar el pago de la deuda.
El cálculo completo, con todas las partidas, deja una conclusión incómoda: la crisis alemana no es una crisis alemana. Es el aviso de que el modelo europeo entero se ha quedado sin motor.
Lo que nadie discute es que el DAX sigue subiendo mientras las fábricas cierran. La bolsa y la economía real llevan años desacopladas. Y esa brecha, más que cualquier dato de paro, es la que debería preocupar.