Alemania se asoma a la recesión: inflación del 10% y alimentos al 19%
Alemania se asoma a su mayor shock de precios desde la Segunda Guerra Mundial. La inflación alemana avanza a un ritmo que el país no veía en décadas y cuatro institutos económicos ya pronostican la entrada en recesión de la mayor economía europea. Lo resumieron con una frase sin adornos: «Alemania va a sufrir una pérdida de bienestar». Los números que sostienen ese diagnóstico son estos: los precios han subido de media un
10% en el último mes, el precio de la energía casi se ha duplicado y los alimentos se han encarecido un 19%. Los expertos añaden el detalle incómodo: buena parte del encarecimiento de los precios de producción todavía no ha llegado a las facturas de los comercios. Miles de empresas y cientos de miles de familias están al borde de la ruina.
Qué hay detrás del 10% de inflación
El dato general, un 10% de media en un solo mes, no tiene parangón desde la Segunda Guerra Mundial en la mayor economía europea. El de los alimentos es aún peor: un 19% de media. Pero el golpe que arrastra a todo lo demás es la energía, cuyo precio casi se ha duplicado, y no solo por la calefacción: el gas es materia prima directa de la industria. Las empresas han trasladado su inquietud en un estudio del Instituto ifo, que recuerda que el país venía de la crisis de la pandemia y que la economía aún no se había recuperado cuando estalló esta. Los despidos o las reducciones de jornada dependerán, según ese mismo diagnóstico, de cómo evolucione el precio de la electricidad.
16.000 empresas al filo de la quiebra
La patronal del comercio minorista, la HDE, escribió una carta abierta al ministro federal de Economía, Robert Habeck, de *Die Grüne*, para advertir de que los minoristas se encuentran ante una situación «que amenaza claramente sus existencias». Su cálculo es que los costes energéticos explosivos pueden llevar a
16.000 empresas a declararse en quiebra antes de que acabe el año. No es un aviso teórico. ArcelorMittal, la mayor siderúrgica mundial, ha paralizado la producción en dos plantas del norte del país porque, sostiene, «ahora mismo no es rentable producir allí». Y una de cada cinco empresas de componentes para automóviles, según la Asociación de la Industria del Automóvil VDA, tiene planes para trasladar su producción a otros países. Las industrias intensivas en energía son las que más lo sufren.
Uniper, Nord Stream y el gas que ya no llega
El Estado alemán ha nacionalizado la distribuidora de gas Uniper en una operación que costará
8.500 millones de euros al fisco. La empresa había entrado en números rojos comprando combustible en los mercados internacionales, después de que Alemania y la Unión Europea decidieran prescindir de los combustibles rusos y pagar por ellos mucho más caros en otros mercados. El gasoducto Nord Stream, que abastecía hasta un
40% de las necesidades energéticas alemanas, está paralizado y desde principios de la semana pasada inutilizado tras un ataque en alta mar cuya autoría aún se desconoce. La carrera por llenar las reservas antes del invierno ha servido para que las energéticas internacionales vendan su mercancía a precios varias veces superiores a los de hace meses.
Los efectos llegan ya a los hogares. Hay familias que han visto cómo su factura del gas se multiplicaba por tres, por cuatro y por cinco, según el distribuidor y el precio al que este hubiera comprado. El caso más extremo que circula: un hogar que pagaba 92 euros y que a partir del uno de octubre debería abonar
3.192 euros al mes. Lo habitual, *lo normal* en la mayoría de casos, se mueve entre los 700 y los 900 euros. Una cifra que una familia media no puede pagar, y que se suma al encarecimiento de todo lo demás.
¿Quién es responsable del desplome alemán?
Aquí el diagnóstico se parte en tres. Una corriente señala a Moscú y al efecto boomerang de las sanciones: al renunciar al gas ruso, las suministradoras alemanas se han visto obligadas a comprar en mercados internacionales a precios desorbitados. Otra apunta en dirección opuesta, hacia un castigo anglosajón: sostiene que un eje Berlín-Moscú consolidado sería un poder demasiado fuerte para el control estadounidense de Europa, y que el sabotaje del gasoducto encaja con ese patrón histórico. Es una hipótesis que circula sin pruebas que la respalden. Una tercera vía, sostenida por varios participantes en el debate, habla de décadas de clase política comprada por Moscú, de dependencia energética asumida y de prioridades ideológicas equivocadas. Hasta hace poco el país presumía de economía sólida y de la tan cacareada *transición verde*. Ahora un mensaje del foro afirma que se han aprobado
600.000 millones para pasar el invierno.
Solidaridad energética: por dónde se repartiría el gas
Compartir gas no funciona como compartir mascarillas. Alemania lo necesita para la industria y la calefacción; Italia, que podría ceder algo, depende mucho del gas para generar electricidad, y España no tiene forma de enviarlo: ni conexiones suficientes, ni margen que no pase por destruir su propia industria en solidaridad con la alemana. Lo único que queda es el gas licuado en buques, y ahí los barcos hacen *su agosto*. Hay quien ve en esa falta de infraestructura la prueba de que, cuando llegue el frío, cada país mirará por sí mismo. Y hay quien avisa de que el problema no es solo alemán: si la economía germana cae, el euro se deprecia y la factura la acaba pagando el resto de Europa, España incluida.
La pregunta ya no es si Alemania aguanta, sino cuánto aguanta el resto a su lado.