Seis personas en el recuento de los que quieren ver caer
El tramo se llena de recuentos. Un forero empieza por dos personas a las que le gustaría ver caer, sigue con tres, se acuerda de tres más y cierra la cuenta en
seis. No las nombra. Otros sí cuentan casos. Y entre confesión y confesión el hilo pasa del chiste al inventario sin pedir permiso a nadie.
Qué se ha sabido
Los casos que entran aquí son de oficina y de aula. Un participante recuerda a un antiguo jefe y asegura que él y
todos los trabajadores de la empresa se alegraron el día que murió, más de diez años después de que él se marchara de allí. Lo describe como alguien ruin y despreciable, y añade una segunda cuenta pendiente: una persona a la que atribuye tres años de daño y cuya muerte piensa celebrar por todo lo alto.
Otra forera confirma que de momento no ha muerto nadie de su lista y que el día que ocurra se irá de celebración. Un tercero tira de memoria escolar: su maestra de EGB de primero y segundo de primaria, la típica que mimaba a dos o tres alumnos y dejaba al resto de lado, se jubiló entre felicitaciones y murió al año o año y medio. Él tenía entonces menos de diez años. Otro participante apostilla que lo que no crece se va en mal genio y que hasta los hijos de según quién debieron de descansar.
También hay quien responde con un no seco y ahí se queda, en una línea. Y quien dice que no se ha alegrado todavía, pero que hay alguien vivo que sí le gustaría ver caer: no lo identifica, solo apunta que este verano le han dedicado una canción en estadios de fútbol. Otro mensaje apunta a un dirigente de Podemos y lo hace con descalificaciones por su origen. Varios señalan a miembros de ETA ya fallecidos, y también a quien muere manipulando un artefacto explosivo o robando cable.
El caso más largo de la tanda es el de una profesora de Facultad. Un forero cuenta que coincidió con ella curso tras curso, que fumaba en los cambios de hora pese al cartel de prohibido y que daba igual lo que le dijeran sobre el aire irrespirable. Se alegró cuando murió. Lo cuenta sin adornos y sin pedir permiso a nadie.
Alguien pega un vídeo y se queda casi sin comentarios:
Dónde está la bronca
No hay pelea, hay grados. Una parte responde con un no seco y se marcha. Otra se reserva, con ironía: no niega el sentimiento, solo dice que todavía no le ha llegado el turno. Y una tercera admite sin rodeos que sí, que se ha alegrado, y lo justifica. «Somos humanos», responde uno. «Hay personas que son realmente malvadas y que cuando mueren el mundo se vuelve un lugar un poquito mejor», añade otra.
El matiz que más se repite separa desear de respirar. Uno explica que suele olvidar aunque rara vez perdona, y admite que va por la vida odiando a gente
sin recordar por qué. Otro lo resume diciendo que hay quien desaparece y deja una cosa menos fastidiando al que pilla, y propone otra forma de quitárselos de encima: ignorarlos. La broma rompe la tensión en un par de mensajes: un chiste sobre la salud de la gente de la que hablan y otro que responde a los recuentos avisando de que hay más.
Qué cambia respecto a antes
El tramo abandona la teoría y se pone a contar. Donde antes se discutía si el alivio es lo mismo que el odio, aquí se hacen listas, se dan años y se describen oficios. Entran jefes, maestras y profesoras de Facultad, y con ellos entra la memoria larga: gente que sigue esperando su turno, gente que ya lo celebró y gente que se lo reserva para más adelante. También entran nombres de la esfera pública, señalados sin más argumento que el nombre. Nadie pone fecha a nada.
El recuento
Uno calcula en voz alta y pasa de dos a tres y de tres a seis. Una forera dice que su lista no se ha movido todavía. Otra recuerda tres años de daño y promete celebración. Y uno cierra con que se alegrará el día que se muera él y deje esto de una vez. Es el único que se pone a sí mismo en la lista.