El Sáhara Occidental, atrapado entre fosfatos y diplomacia
La pregunta que abre el hilo es si Marruecos sobrevivirá «entre hostilidades con todos sus vecinos, guerra en el Sáhara y el rechazo de la comunidad internacional». El debate se apoya en tres patas —guerra de desgaste, rechazo internacional y fiebre del fosfato— y las tres se agrietan al primer cálculo. El conflicto sigue sin desenlace, con el muro en pie y las cancillerías en el mismo punto del mapa.
¿Cuánto fosfato está realmente en juego en el Sáhara?
El dato que domina el asunto es el
70%: la cuota de Marruecos sobre las reservas mundiales de fosfato, según la tabla que se maneja en el hilo. El problema es que ese porcentaje habla de reservas, no de producción, y de un país entero, no del territorio en disputa. Un mensaje del hilo sostiene que
más del 90% de esos fosfatos están en el norte de Marruecos, no en el Sáhara: «Eso de que el Sáhara es importante por los fosfatos es un mito», resume, y otro añade que los fosfatos no son marroquíes porque el Sáhara no es Marruecos.
El segundo número que descoloca es la producción. Según el cálculo que circula en el hilo, sumando Marruecos y el Sáhara se llega al
13,45% del fosfato mundial; China produce el 44,83% y Estados Unidos el 12,37%. El gráfico de reservas que circula coloca a Marruecos con el 70%, a China con el 5%, a Siria y Argelia con el 3% cada una y a Rusia con el 2%. Reserva no es capacidad, y capacidad no es mercado. Ese desfase explica por qué el Sáhara no es la joya que algunos venden.
El yacimiento noruego que se come el argumento
Sobre esa corrección cae otra noticia: un megayacimiento descubierto en Noruega que, según las informaciones enlazadas, sería mayor que todo el resto del mundo junto y cubriría la demanda global durante siglos. Si el dato aguanta, el fosfato saharaui pierde su condición de pieza estratégica. Si no aguanta, tampoco hay motivo para tratarlo como certeza.
De 1783 a la operación Torch: por qué Washington no se mueve
La relación con Estados Unidos no empezó ayer. Según se recuerda en el hilo, Marruecos fue el primer país no europeo en reconocer a los estadounidenses, en
1783, y ambos firmaron un tratado de paz y amistad en
1786, refrendado en 1836, que se ha mantenido hasta hoy. Esa es la versión amable. La lectura crítica sostiene que aquel Marruecos era un sultanato con escaso control efectivo del territorio, que España aportó más a la independencia estadounidense —Bernardo de Gálvez tiene retrato en el Senado— y que el interés real llega después: en
1942, con la operación
Torch, y en los años setenta, cuando coinciden la llegada de armamento estadounidense y el arranque de la explotación de fosfatos en el Sáhara.
BRICS, Argelia y un teléfono que se cuelga
Marruecos corteja a los BRICS mientras Washington coquetea con Argelia, según los mensajes del hilo. El bloque arrastra un problema conocido: Sudáfrica reconoce al Sáhara Occidental. Y la relación con Francia atraviesa horas bajas después de que, según la prensa marroquí, Macron cortara la llamada del monarca alauí cuando este intentaba desvincularse del espionaje por Pegasus. Ese extremo no consta como hecho probado. En paralelo, en el hilo se pide boicotear a Allianz por haber felicitado a Marruecos por la Marcha Verde, con enlace a los materiales de una organización de seguimiento del conflicto.
Qué dicen John Bolton y el seísmo de magnitud 6.8
Una entrevista concedida por John Bolton, recogida en el hilo, sostiene que el Frente Polisario no es un grupo terrorista y que Marruecos es el mayor obstáculo para resolver el conflicto. Es una posición, no una resolución. Después, el asunto derivó hacia el
seísmo de magnitud 6.8 que dejó más de mil fallecidos en Marruecos y hacia las críticas a VOX por no mencionar nada del terremoto. Con víctimas de por medio, el tono cambió de golpe.
Dónde queda el litigio
La fórmula que, según una lectura del hilo, sobrevuela todo es la autonomía: una solución
mutuamente aceptable, en la línea de lo que planteó la ONU y de la posición española más reciente. Casi nadie espera una independencia plena y menos aún que el muro se desmonte. La predicción, con reservas: Marruecos seguirá administrando el territorio
de facto y seguirá pagando, según el cálculo que se hace en el hilo, un muro que cuesta más de lo que el Sáhara devuelve; y seguirá necesitando que ni Washington ni París cambien de bando. Si alguno cambia, el cálculo se rompe. Si no, el litigio cumple otro año.