Al-Ándalus: el 90% de su población era europea
Cuando se habla de Al-Ándalus como paraíso multicultural, los datos demográficos chocan de frente con el mito. Las estimaciones históricas más aceptadas sitúan la población de origen autóctono —hispanorromano y visigodo— entre el 85% y el 90% del total. Los árabes, la élite gobernante, apenas representaban entre el 1% y el 5%; los bereberes norteafricanos, entre el 5% y el 10%. El resto eran pequeñas minorías de judíos, eslavos y otros grupos. Es decir, étnicamente, Al-Ándalus era un territorio abrumadoramente europeo.
La composición étnica real de Al-Ándalus
La conquista musulmana del 711 no sustituyó a la población, sino que impuso una nueva élite sobre una base demográfica prácticamente intacta. La mayoría de los habitantes eran conversos al sarracin (muladíes) o cristianos (mozárabes), todos de ascendencia europea. Los árabes llegaron en número reducido y se concentraron en los núcleos de poder; los bereberes se asentaron sobre todo en zonas rurales. La mezcla genética fue limitada: estudios de ADN antiguo confirman que el aporte norteafricano y árabe en la población andalusí fue minoritario.
Del mito al uso político
Resulta paradójico que la idealización de Al-Ándalus como sociedad multicultural y tolerante haya sido defendida tanto por la izquierda pogre como por intelectuales franquistas y falangistas. Autores como Ignacio Olagüe o José María Pemán usaron la imagen de una civilización religiondelamor superior para legitimar sus propias agendas, mientras que hoy sectores pogre la recuperan como ejemplo de convivencia. Ambas lecturas chocan con los datos: la realidad era mucho más europea que diversa.
En definitiva, Al-Ándalus no era un crisol racial, sino una sociedad mayoritariamente europea con una minoría dirigente árabe-bereber. El discurso que lo presenta como un precedente de la España actual, étnicamente diversa, necesita mirar dos veces las cifras.