El estudio tras el titular de TVE: 3 fetos, no miles de niños
Una televisión pública abre su informativo con una imagen que se queda grabada: madres que pasaron el covid hace cinco años y niños con problemas cognitivos. El titular funciona. El problema es lo que hay debajo. La pieza se apoya en un trabajo del Instituto de Neurociencias del CSIC cuya base experimental son
tres fetos procedentes de abortos espontáneos, donados de forma anónima. Ni cohorte, ni miles de nacimientos, ni seguimiento a cinco años. De ahí a «los niños de las embarazadas que cogieron covid tienen déficit cognitivo» hay un trecho que la televisión no recorrió, pero tampoco señalizó.
Qué dice realmente el estudio del CSIC
La nota de prensa del propio CSIC habla de que la transmisión de covid-19 al feto
afectaría al desarrollo del cerebro y la memoria. Condicional. Cautela científica. La pieza informativa, en cambio, se queda con el sustantivo y tira el verbo. Es el mecanismo clásico: el paper matiza, el gabinete simplifica y el telediario remata.
Hay una mención a las vacunas en el estudio que casi nadie cita. Según los datos recogidos, los retrasos cognitivos
caían en los hijos de madres ya vacunadas, atribuido a una menor carga viral. Es decir, el trabajo apunta en la dirección contraria a la que sugiere el titular. Nadie lo dijo en antena.
El efecto de la mascarilla y otras variables ignoradas
La conversación derivó rápido hacia lo que el estudio no controla. El confinamiento, la escolarización con mascarilla en edades críticas para el lenguaje, el aislamiento social de los primeros años. Cualquiera de esos factores podría explicar por sí solo un retraso en el desarrollo del lenguaje sin necesidad de invocar nada más. La serie temporal, además, no cuadra: el deterioro cognitivo infantil se observa desde bastante antes de 2020.
El problema de fondo: sin grupo de control no hay comparación
Aquí está el argumento más incómodo de todos. Si se vacuna a la práctica totalidad de la población, desaparece el grupo de no vacunados contra el que comparar. Sin ese contraste, cualquier estudio posterior sobre efectos a largo plazo nace cojo. No es una teoría: es diseño experimental básico. Y es la razón por la que muchos de los trabajos que ahora se publican no pueden cerrar la pregunta que abren.
Los datos que sí existen: exceso de mortalidad infantil en EEUU
Fuera del foco televisivo, circulan análisis que sí manejan volúmenes grandes. Un trabajo difundido sobre registros de mortalidad infantil de los CDC apunta a un exceso de muertes del
77% en niños nacidos de madres vacunadas tras la campaña masiva. La cifra procede de un análisis difundido en redes y no verificado de forma independiente; es lo bastante grande como para exigir verificación y lo bastante incómoda como para que nadie la haya pedido en prime time.
El titular de TVE hizo su trabajo: se recuerda. El estudio que lo sostiene, en cambio, cabe en una nota de laboratorio. Entre una cosa y otra hay cinco años de silencio sobre las preguntas que nadie quiso formular cuando aún se podían responder.