Avatar 3: fuego, ceniza y la misma fórmula que ya aburre
Avatar: Fuego y Ceniza ha recaudado 1.490 millones de dólares en taquilla mundial, una cifra espectacular para cualquier película, pero que supone un descenso continuado frente a los 2.923 millones de la primera entrega y los 2.320 de la segunda. La tendencia es clara: el público se va cansando de una saga que repite el mismo esquema narrativo hasta la extenuación.
El esquema que no cambia: pitufos, invasores y pachamama
La estructura argumental se mantiene calcada entrega tras entrega: los nativos pacíficos (los na'vi, o "pitufos" como los llaman algunos) viven en armonía con su ecosistema; los malos (humanos codiciosos o facciones na'vi hostiles) llegan a invadir y explotar; los héroes se movilizan para resistir; en el clímax los villanos aparecen pintados (o con mechas de fuego) y la naturaleza acaba imponiéndose. “Si quitas a los nuevos nativos malos de esta tercera, tienes exactamente la misma película”, resumen la mayoría de análisis. Incluso el director James Cameron había prometido que esta entrega introduciría una tribu de na'vi agresivos que daría un giro moral, pero tras el visionado el consenso es que no aporta nada narrativamente: siguen siendo los buenos contra los malos, con la pachamama como deus ex machina.
De Terminator a Pocahontas interestelar: la deriva de un genio técnico
El contraste entre el Cameron que dirigió Terminator y Aliens — películas con guiones sólidos y personajes memorables — y el que ahora produce una versión espacial de Pocahontas es motivo recurrente de asombro crítico. La primera Avatar funcionó por la novedad visual y el renacimiento del 3D; la segunda apenas se sostuvo con el cambio de escenario acuático; la tercera, según quienes la han visto, ni siquiera tiene ese gancho. “Los efectos especiales son lo único” defienden unos, mientras otros replican que al ser 100% CGI pierden el impacto de las mezclas con actores reales (Jurassic Park, Juego de Tronos). El cineasta, que ya anunció dos secuelas más, parece haberse quedado sin ideas: “quiere hacer seis, pero con esta caída de recaudación igual no llegan”, apuntan.
Duración insufrible y falta de ritmo
Con 3 horas y media de metraje, la película es calificada como “soporífera” e “insufrible”. Incluso quienes la defienden como espectáculo visual reconocen que se les hace larga. La comparación con otras cintas de efectos como Gravity (Alfonso Cuarón) muestra que se puede combinar buen guión con innovación técnica. Avatar, en cambio, invierte millones en CGI pero descuida lo fundamental: una historia que no sea predecible.
La pregunta que queda en el aire: ¿realmente hacen falta otras dos partes para contar lo mismo? El mercado parece estar dando la respuesta.
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