Maidán en España: la comparación que divide al análisis
Un hilo de 106 respuestas abierto en el subforo de Economía plantea una tesis incómoda: que la situación española guarda similitudes con la Ucrania de 2013, cuando las protestas del Maidán acabaron con el presidente Yanukóvich fuera del poder. El mensaje inicial enumera siete paralelismos:
una casta política corrupta, un presidente que incumplió sus promesas, un país arruinado, tensiones separatistas, violencia policial, movilización permanente y grupos neonazis dispuestos a la violencia. La comparación no es inocente: evoca un escenario de cambio de régimen por la calle.
La respuesta mayoritaria no compra el paralelismo. Y no por falta de ganas, sino por un argumento demográfico que se repite:
no hay revoluciones de colores en países con la media de edad de España. La tesis más citada sostiene que una población envejecida, con patrimonio que defender y sin experiencia de conflicto, no se lanza a la calle a derribar gobiernos. Otro mensaje lo resume con crudeza: los jóvenes que hoy protestan son los mismos que se quedaron jugando a la consola durante los toques de queda.
El papel de Estados Unidos y la sombra de la CIA
Si algo vertebra el hilo es la sospecha exterior. Varios mensajes apuntan a que
una revolución de este tipo no se decide en Madrid, sino en Washington. Se menciona la presencia de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland en España como señal de que algo se está cociendo. La teoría, formulada sin pruebas, sostiene que la CIA decide cuándo y dónde estalla un Maidán, y que España podría ser el siguiente escenario si a los intereses americanos les conviene abrir otro frente en Europa.
El contrapunto llega desde el realismo geopolítico:
a Francia no le conviene una guerra española con la crisis energética, a Estados Unidos le estorbaría en el uso de bases y el Estrecho, y a Alemania le interesa una España en paz. Solo Reino Unido, según esta lectura, tendría incentivos para un desmembramiento que le permitiera repartirse Baleares, Canarias y las plazas africanas. El cálculo no es tanto moral como de intereses.
La tesis económica: España no es Ucrania, es Yugoslavia
La aportación más citada del hilo desplaza la comparación.
Las semejanzas no son con Ucrania, sino con Yugoslavia. El argumento: la deuda nacional es impagable, España sobrevive artificialmente mediante la impresión de moneda desde Europa, y esa deuda se diluye en forma de inflación. En el momento en que España deje de hacer lo que se le ordena desde sus acreedores, caerá cuando y como ellos decidan. La conclusión es que no hace falta un Maidán: basta con que los mercados cierren el grifo.
Frente a esto, la lectura institucional señala que el problema no es de legitimidad democrática.
Para que hubiera un Maidán tendríamos que tener un gobierno legítimo, y no el estiércol institucional que, según esta corriente, ocupa el poder. La pregunta, dicen, está mal planteada: no se puede derrocar lo que ya está cooptado.
El ejército, la OTAN y la hipótesis del tecnócrata
Otra línea de análisis mira a los uniformados. España está en la OTAN, Ucrania no, y eso cambia el tablero: una intervención militar tendría que sortear compromisos internacionales. Pero hay quien sostiene que
ya se han pisado líneas rojas y que una facción del ejército podría moverse. La OTAN, añaden, está en el momento más débil de su historia, lo que reduce el paraguas de protección.
En el escenario más pesimista aparece una figura recurrente: el tecnócrata.
Meterán a un tecnocrata para gobernarnos a todos sin que nadie lo votara. La receta no es nueva: gobierno de expertos, sin legitimidad electoral, impuesto desde fuera para calmar las cosas. Es el final que algunos ven más probable que cualquier revolución.
La calle, la policía y el factor demográfico
El hilo también baja al detalle de la movilización. Se describe una sociedad dividida en tercios:
un tercio de remeros silenciosos temerosos de perder su identidad, y dos tercios que se nutren de ellos. La mayoría son hijos únicos o con pocos hermanos, pendientes de herencias que esperan alquilar. Gente con algo que perder, no con hambre revolucionaria.
La comparación con el 36 también aparece:
entonces eran analfabetos, ahora son los mismos pero viendo TikTok y series. La conclusión es que la sociedad española es más manipulable, no más rebelde. Y que la violencia, cuando aparece, se canaliza por el alcohol y no por la política organizada.
El pronóstico: no va a pasar nada
La corriente dominante en las respuestas finales es escéptica.
No va a pasar una mierda, el perro saldrá elegido y el rey firmará. La investidura se sitúa en noviembre, después de octubre, y el cálculo es que el sistema aguanta. La movilización contra la
amnistía, por intensa que sea, no derriba gobiernos.
Queda la pregunta sin responder: si la deuda es impagable y los acreedores deciden, ¿qué pasa cuando el dinero se acabe? Nadie en el hilo tiene la respuesta. Solo la certeza de que, si algo estalla, no será por un Maidán al uso.