El hilo de los «12.000 desaparecidos» que acabó borrado
En un foro se discutió sobre un bulo: la afirmación de que había 12.000 desaparecidos en Paiporta, un municipio de unos 25.000 habitantes. La cifra, según varios participantes, no se sostiene. El hilo donde se discutía acabó borrado.
Lo llamativo, según algunos de los intervinientes, no es que se borrara, sino lo que el borrado deja al descubierto: una discusión donde los números ya no importan, solo la trinchera desde la que se lanzan.
12.000 desaparecidos en un pueblo de 25.000 habitantes frente a las cifras oficiales, que en ese momento rondaban los 300 fallecidos. La distancia entre ambos datos no es un error de cálculo, sostienen: es una forma de hacer política.
El bulo que se come al dato
La mecánica que describen algunos participantes es conocida. Primero se minimiza: solo 200 muertos, 86 desaparecidos, todo controlado. Después se exagera hasta el absurdo: 12.000, 120.000, 300.000. Y en medio, la gente que perdió todo mirando cómo su tragedia se convierte en munición.
El resultado, según estos análisis, es un entorno donde
nadie sabe cuántos muertos hay y, lo que es peor, donde ya nadie espera saberlo. La opacidad oficial alimenta la exageración, y la exageración justifica la opacidad. Un círculo perfecto.
¿Por qué se borran los hilos incómodos?
Hay una hipótesis que circula con fuerza entre los participantes: no se borró por el bulo, sino porque el bulo era tan burdo que dejaba a la vista la operación completa.
12.000 desaparecidos en Paiporta no es un error de un vecino despistado. Es una cifra diseñada, sostienen, para que la discusión se vuelva imposible.
Cuando el número es tan absurdo, la reacción natural no es corregirlo, sino reírse de quien lo repite. Y ahí se pierde el hilo de lo importante:
cuántos desaparecidos hay realmente, quién los cuenta y por qué el listado oficial no termina de cuadrar con nada.
La estrategia de la polarización rentable
El patrón se repite, según estos análisis. Durante la pandemia se siguió la misma secuencia: primero minimizar, después exagerar, y al final aparecieron las agencias de verificación para poner orden.
Newtrola y compañía nacieron de ese caldo.
Ahora el guion es idéntico, sostienen. Se calienta el ambiente con bulos de uno y otro signo, se borran los hilos donde la gente empieza a atar cabos, y se prepara el terreno para que alguien —el que sea— venga a decirnos qué es verdad y qué no. La censura no se impone: se pide.
El cálculo que sí cuadra
Hay un dato que no necesita exageración, según un participante. En las medidas económicas para los afectados se incluyó una partida de
21 millones de euros para familiares de fallecidos e incapacidad absoluta, a razón de
72.000 euros por caso. Si se divide, sale un número que coincide con las cifras oficiales más bajas. No es una prueba definitiva, pero es el tipo de cuenta que la exageración enturbia.
Mientras tanto, la discusión sigue atrapada entre el que dice 200 y el que dice 120.000. En medio, los desaparecidos de verdad.
Lo que queda cuando se borra el rastro
Borrar un hilo no borra el problema. Lo esconde. Y lo que se esconde, tarde o temprano, vuelve con más fuerza y menos rigor. La pregunta, según estos análisis, no es cuántos desaparecidos hay. La pregunta es quién decide qué cifra es la oficial, y por qué esa cifra cambia según quién la mire.