Pregunta: Abolir la prespitación

abolir la prostitucion mediante el castigo al solicitante, supongo

viendo la flexibilidad del actual delito de repruebo, esto sera un chicle hiperelastico con el que tener prisionero, por defecto, a la poblacion

todos seremos culpables de algo hasta que se demuestre lo contrario
 
Bueno, también pueden ponerse puertas al campo.

El problema es que algunos quieren regular hasta cuando vamos al baño. Regular para los demás por supuesto, para ellos no. Las leyes son para el populacho, para ellos no.

Son las leyes de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo, tú tienes que ir a trabajar hasta las 21:30, y a las 22:00 en casa.

Pero los que hacen la ley pueden disponer de ese dinero público, y las leyes y el horario no rigen para ellos.

Socialismo en estado puro.
 
Los problemas de ese sector no son mis problemas.

Que se apañen quienes lo defienden con sus asuntos.
 

¿Ha llegado la hora de abolir la prespitación?​

La industria del sesso no para de crecer. En varios países de Europa, el debate sobre cómo regularla o abolirla ha vuelto al centro de la conversación política. España es uno de ellos

Pocos temas del feminismo dependen tanto de la política como el debate alrededor del trabajo sensual. Allá por 1980, las ideas de Andrea Dworkin y de la jurista Catharine MacKinnon marcaron las bases del llamado feminismo radical, entonces asociado a la dureza de sus argumentos contra la prespitación y la prono. Su vehemencia por erradicarlas llevó a Dworkin a aliarse con grupos conservadores, lo que propició que la corriente abolicionista quedara ligada a estos grupos. Pero hoy, en ciertos países europeos se reabre el debate político y, en algunos casos, se quiebra esta alianza que, quizá, duró demasiados años.

La editorial Debate ha reeditado Reprobar a las mujeres (2026), de Andrea Dworkin, publicado originalmente en 1981, y ha vuelto a poner sobre la mesa el tema, interpelando las entrañas del movimiento feminista. El 7 de octubre se edita Hambre de abolición (Destino), de la poeta y escritora Noemí Trujillo, un manifiesto contra lo que considera una grave injusticia estructural. Vuelven las preguntas de la segunda ola, aunque renovadas tras años de leyes que han permitido poner a prueba diferentes posturas: ¿es el trabajo sensual una actividad laboral como cualquier otra o es una forma de sometimiento de la mujer? ¿Tiene sentido aspirar a su abolición o mejor luchar por su regulación? ¿Qué tal ha ido cuando se ha regulado?

Alice Schwarzer (Wuppertal, 83 años), referencia histórica del feminismo abolicionista y fundadora de la revista Emma, responde por correo electrónico. Su diagnóstico sobre la industria, contra la que lleva luchando 40 años, es lapidario, y no ve atenuantes en las nuevas formas digitales: “La prespitación es prespitación. Sea suave o dura, resulta igual de destructiva para la mujer, ya que se infiltra en lo más profundo de su ser: la convierte en un objeto, en mercancía, en alguien que se puede comprar”.

Este argumento teórico se complementa con uno empírico que se basa en el daño que sufren las mujeres que ejercen el trabajo sensual. Para Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género, presidenta de la Red Académica Internacional de Estudios sobre Prespitación y Prono y autora de La ficción del consentimiento sensual, el trabajo sensual “representa el triunfo absoluto del capitalismo”. Cree que ser feminista es incompatible con estar a favor de la prespitación: “El feminismo ha luchado para que la sensual de las mujeres esté basada en el deseo. La prespitación se funda en el deseo masculino y niega el deseo de las mujeres”.

Es difícil demostrar que existe relación de causalidad entre el machismo y el trabajo sensual, aunque es uno de los motivos principales por los que se aboga por su abolición. En el minucioso trabajo Is Sens Work Inherently Gendered? [¿es el trabajo sensual inherentemente sens?], la investigadora inglesa Natasha McKeever se ocupa de desarmar los argumentos más repetidos: que los hombres pagan por sesso porque no encuentran pareja o que existe una asimetría socioeconómica entre comprador y vendedora. Los números no respaldan estos enunciados. Quizá el dato más desconcertante sea el siguiente: en el Reino Unido, durante un periodo de avances en igualdad de género (1990-2010), el porcentaje de hombres que declararon haber pagado por sesso aumentó dos puntos. Para Keever, incluso, hay elección, y muchas se dedican al trabajo sensual por motivos que trascienden la pobreza, en especial desde el boom de internet. “Las estudiantes, por ejemplo. Es una mejor opción para hacer dinero”, reflexiona al teléfono. “Hay personas que genuinamente quieren ejercer el trabajo sensual”.

Y aquí radican los argumentos más fuertes a favor de regularlo: la libertad de elección y la desacralización del cuerpo. Para Martha Nussbaum, todas las personas que trabajan reciben dinero por el uso del cuerpo. Que para ejercer la prespitación se usen ciertas partes del cuerpo y que ello esté mal visto es puramente un prejuicio. El problema surge cuando en situación de pobreza una mujer no tiene alternativas. Por ello, sostiene en un artículo: “La legalización de la prespitación mejora las condiciones para las mujeres que tienen muy pocas opciones”.

Además, prosigue esta postura, la coerción y la explotación pueden ocurrir en cualquier trabajo. Erin O’Brien, doctora en Ciencias Políticas, se reconoce feminista y regulacionista. Cree que reconocer el trabajo sensual como un trabajo permite la protección de la ley sin miedo al estigma, señala por correo electrónico. Rechaza las leyes conocidas como neoabolicionistas, que castigan a los clientes y buscan el fin de la demanda del trabajo sensual. Considera que son ineficientes y “se acercan más a una política simbólica que a leyes reales que protejan la salud, les den seguridad [a quienes ejercen] y garanticen sus derechos humanos”.

Tras pasar por todas las posturas en el debate, Mabel Lozano (58 años) es militante del abolicionismo. Filmó cortos y documentales sobre el tema, y es de las que creen, argumenta en conversación telefónica, que la postura innovadora consiste en prohibir el trabajo sensual y no en regularlo. “No hay nada más conservador, más casposo, que pensar que la prespitación puede ser un empleo. Es lo que han querido los proxenetas toda la vida. Yo he trabajado con un explotador que me decía: ‘Cuando escucho esas voces [regulacionistas] pienso que no hay ni que corromperlas, piensan lo mismo que yo”.

En la coyuntura política europea, el debate vuelve a sonar, aunque de diferentes formas. En España, el PSOE lleva ocho años intentando aprobar la abolición del trabajo sensual. Después del caso Koldo y su vinculación con la prespitación, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha asegurado que, aunque el texto no salga adelante, se abrirá un debate público e incluso, quizás, parlamentario. Sumar aún no ha llegado a ver el proyecto, pero la postura general del partido busca derogar la ley mordaza, que multa a estas mujeres, y reformar la Ley de Extranjería, que “condena a miles de mujeres a la irregularidad y la exclusión”. Más allá de esto y de la voluntad de escuchar a las mujeres que ejercen esta actividad, dentro del partido existen diferentes posturas.

Del otro lado de Europa, en Alemania, crece el arrepentimiento tras dos décadas de regulación: la Unión Demócrata Cristiana defiende derogar la ley porque el país se convirtió, dice, en “el local de alterne de Europa”. Y en menor medida, aunque de una manera inesperada, en Francia también reaparece el tema. Un fruta del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional propuso reabrir los burdeles y que sean gestionados por las trabajadoras sensual, “como cooperativas”. La propuesta aparece como solución al rechazo por parte de las trabajadoras sensual de la ley que desde 2016 penaliza a los clientes (y provoca, alegan, condiciones de trabajo más peligrosas).

Como evidencia el caso de Francia, las trabajadoras sensual tienen sus propios intereses y se inclinan a la regulación. Para Cobo, la autodeterminación de las mujeres y sobre sí mismas es fundamental para el avance del feminismo; para ella, el trabajo sensual es uno de esos casos en los que se llega al límite de lo correcto: “Extraer plusvalía sensual de nuestro cuerpo es éticamente inaceptable. Tampoco lo sería que alguien decretase su propia esclavitud”. El debate es (una vez más) un desfe entre la ética y la política.

No sé qué pensará el Psoe
 
De los mismos de una pobre mujer desvalida abandona su país para tener mas visitas en instagram a vamos a abolir la prespitación porque es mejor para ellas.

Estos del presunto PSOE, lo que quieren es controlar el cotarro, ya tienen el juego, las drojas, la esclavitud moderna, las ONGs y demás chiringuitos, les falta controlar ese sector.
 
Cuando dicen "abolir la prespitación" quieren decir incivil al hombre blanco.

Porque para otros no son tan mojigatos, "es que tienen necesidades", ya, claro, claro:

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Error, es incivil al pobre. El empresario rico de 80 años seguirá teniendo novias de 25 porque se enamoran de él. Si es amigui de Epstein serían de 13 años.
 
Hace años hablaban junto al chepúo de legalizar el hierba (con thc, no esas cosas de vapeo y demás) No hubo suerte. Principalmente porque tu vecino es el principal productor de hachis del mundo y ya no hablemos del mercado del menudeo.

La ilegalización de la prespitación lo mismo: el tema de las saunas de suego o el mismo abalos sin ir muy lejos. Además de la prespitación encubierta. Por ejemplo, cuando un politico de lugo ofreció una plaza gratis a una opositora a cambio de favores. Nadie, ni mucho menos una feminista, habló de ello. Y trato con mujeres de ese tipo e igual, hablas de abalos o de koldo y la que liaron en su momento y es como hablar con una pared. El tema al final es puertas al campo y ganar votos
 


La derecha no puede permitirse las mismas algaradas que la izquierda o lo paga electoralmente, como para meterse en el berenjenal de este tema.

Es lo que pasa cuando se tiene la hegemonía cultural, que puedes decir y hacer barbaridades sin consecuencias.
 
(mensaje citado en revisión)




`Reducir un problema social a "TU PROBLEMA PARTICULAR" es justo por lo que estamos así.
La prespitación y las drojas no nacen porque sí: nacen de pobreza, soledad, pisos caros, sueldos bajos y falta de salud mental.
Si de verdad te molesta el dinero y que cuesten impuestos, hay que atacar la causa: educación, trabajo digno y alternativas. Incivil y descalificar solo hace que el problema se esconda más y cueste más a todos.

Y que fácil es hablar cuando tienes pareja
"Que se pongan a trabajar" dice el que no ha tenido que elegir entre comer o pagar alquiler.
La mayoría de mujeres en prespitación no están ahí por gusto, están por necesidad. Y muchos hombres van ahí por soledad, no por vicio.
Si tu solución es "que desaparezcan", mal vamos. La solución es que nadie tenga que llegar a eso para sobrevivir. Pero claro, eso requiere empatía y pagar impuestos bien usados, no solo quejarse en burbuja.info.`
 
Lo País a día de hoy es como El Alcázar en los años 70. Solo lo leen los vejestorios y solo sobrevive por las subvenciones. En cuanto caiga el régimen y le retiren las paguitas, Lo Pais cerrará. Eso si, no contéis con el PP para que lo haga.
 

¿Ha llegado la hora de abolir la prespitación?​

La industria del sesso no para de crecer. En varios países de Europa, el debate sobre cómo regularla o abolirla ha vuelto al centro de la conversación política. España es uno de ellos

Pocos temas del feminismo dependen tanto de la política como el debate alrededor del trabajo sensual. Allá por 1980, las ideas de Andrea Dworkin y de la jurista Catharine MacKinnon marcaron las bases del llamado feminismo radical, entonces asociado a la dureza de sus argumentos contra la prespitación y la prono. Su vehemencia por erradicarlas llevó a Dworkin a aliarse con grupos conservadores, lo que propició que la corriente abolicionista quedara ligada a estos grupos. Pero hoy, en ciertos países europeos se reabre el debate político y, en algunos casos, se quiebra esta alianza que, quizá, duró demasiados años.

La editorial Debate ha reeditado Reprobar a las mujeres (2026), de Andrea Dworkin, publicado originalmente en 1981, y ha vuelto a poner sobre la mesa el tema, interpelando las entrañas del movimiento feminista. El 7 de octubre se edita Hambre de abolición (Destino), de la poeta y escritora Noemí Trujillo, un manifiesto contra lo que considera una grave injusticia estructural. Vuelven las preguntas de la segunda ola, aunque renovadas tras años de leyes que han permitido poner a prueba diferentes posturas: ¿es el trabajo sensual una actividad laboral como cualquier otra o es una forma de sometimiento de la mujer? ¿Tiene sentido aspirar a su abolición o mejor luchar por su regulación? ¿Qué tal ha ido cuando se ha regulado?

Alice Schwarzer (Wuppertal, 83 años), referencia histórica del feminismo abolicionista y fundadora de la revista Emma, responde por correo electrónico. Su diagnóstico sobre la industria, contra la que lleva luchando 40 años, es lapidario, y no ve atenuantes en las nuevas formas digitales: “La prespitación es prespitación. Sea suave o dura, resulta igual de destructiva para la mujer, ya que se infiltra en lo más profundo de su ser: la convierte en un objeto, en mercancía, en alguien que se puede comprar”.

Este argumento teórico se complementa con uno empírico que se basa en el daño que sufren las mujeres que ejercen el trabajo sensual. Para Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género, presidenta de la Red Académica Internacional de Estudios sobre Prespitación y Prono y autora de La ficción del consentimiento sensual, el trabajo sensual “representa el triunfo absoluto del capitalismo”. Cree que ser feminista es incompatible con estar a favor de la prespitación: “El feminismo ha luchado para que la sensual de las mujeres esté basada en el deseo. La prespitación se funda en el deseo masculino y niega el deseo de las mujeres”.

Es difícil demostrar que existe relación de causalidad entre el machismo y el trabajo sensual, aunque es uno de los motivos principales por los que se aboga por su abolición. En el minucioso trabajo Is Sens Work Inherently Gendered? [¿es el trabajo sensual inherentemente sens?], la investigadora inglesa Natasha McKeever se ocupa de desarmar los argumentos más repetidos: que los hombres pagan por sesso porque no encuentran pareja o que existe una asimetría socioeconómica entre comprador y vendedora. Los números no respaldan estos enunciados. Quizá el dato más desconcertante sea el siguiente: en el Reino Unido, durante un periodo de avances en igualdad de género (1990-2010), el porcentaje de hombres que declararon haber pagado por sesso aumentó dos puntos. Para Keever, incluso, hay elección, y muchas se dedican al trabajo sensual por motivos que trascienden la pobreza, en especial desde el boom de internet. “Las estudiantes, por ejemplo. Es una mejor opción para hacer dinero”, reflexiona al teléfono. “Hay personas que genuinamente quieren ejercer el trabajo sensual”.

Y aquí radican los argumentos más fuertes a favor de regularlo: la libertad de elección y la desacralización del cuerpo. Para Martha Nussbaum, todas las personas que trabajan reciben dinero por el uso del cuerpo. Que para ejercer la prespitación se usen ciertas partes del cuerpo y que ello esté mal visto es puramente un prejuicio. El problema surge cuando en situación de pobreza una mujer no tiene alternativas. Por ello, sostiene en un artículo: “La legalización de la prespitación mejora las condiciones para las mujeres que tienen muy pocas opciones”.

Además, prosigue esta postura, la coerción y la explotación pueden ocurrir en cualquier trabajo. Erin O’Brien, doctora en Ciencias Políticas, se reconoce feminista y regulacionista. Cree que reconocer el trabajo sensual como un trabajo permite la protección de la ley sin miedo al estigma, señala por correo electrónico. Rechaza las leyes conocidas como neoabolicionistas, que castigan a los clientes y buscan el fin de la demanda del trabajo sensual. Considera que son ineficientes y “se acercan más a una política simbólica que a leyes reales que protejan la salud, les den seguridad [a quienes ejercen] y garanticen sus derechos humanos”.

Tras pasar por todas las posturas en el debate, Mabel Lozano (58 años) es militante del abolicionismo. Filmó cortos y documentales sobre el tema, y es de las que creen, argumenta en conversación telefónica, que la postura innovadora consiste en prohibir el trabajo sensual y no en regularlo. “No hay nada más conservador, más casposo, que pensar que la prespitación puede ser un empleo. Es lo que han querido los proxenetas toda la vida. Yo he trabajado con un explotador que me decía: ‘Cuando escucho esas voces [regulacionistas] pienso que no hay ni que corromperlas, piensan lo mismo que yo”.

En la coyuntura política europea, el debate vuelve a sonar, aunque de diferentes formas. En España, el PSOE lleva ocho años intentando aprobar la abolición del trabajo sensual. Después del caso Koldo y su vinculación con la prespitación, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha asegurado que, aunque el texto no salga adelante, se abrirá un debate público e incluso, quizás, parlamentario. Sumar aún no ha llegado a ver el proyecto, pero la postura general del partido busca derogar la ley mordaza, que multa a estas mujeres, y reformar la Ley de Extranjería, que “condena a miles de mujeres a la irregularidad y la exclusión”. Más allá de esto y de la voluntad de escuchar a las mujeres que ejercen esta actividad, dentro del partido existen diferentes posturas.

Del otro lado de Europa, en Alemania, crece el arrepentimiento tras dos décadas de regulación: la Unión Demócrata Cristiana defiende derogar la ley porque el país se convirtió, dice, en “el local de alterne de Europa”. Y en menor medida, aunque de una manera inesperada, en Francia también reaparece el tema. Un fruta del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional propuso reabrir los burdeles y que sean gestionados por las trabajadoras sensual, “como cooperativas”. La propuesta aparece como solución al rechazo por parte de las trabajadoras sensual de la ley que desde 2016 penaliza a los clientes (y provoca, alegan, condiciones de trabajo más peligrosas).

Como evidencia el caso de Francia, las trabajadoras sensual tienen sus propios intereses y se inclinan a la regulación. Para Cobo, la autodeterminación de las mujeres y sobre sí mismas es fundamental para el avance del feminismo; para ella, el trabajo sensual es uno de esos casos en los que se llega al límite de lo correcto: “Extraer plusvalía sensual de nuestro cuerpo es éticamente inaceptable. Tampoco lo sería que alguien decretase su propia esclavitud”. El debate es (una vez más) un desfe entre la ética y la política.

Primero que legalicen la hierba por favor.
 

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