Pregunta: Abolir la prespitación

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La industria del sexo sigue creciendo y la controversia europea sobre cómo tratarla ha vuelto a la primera línea política. España es uno de los escenarios de esa disputa: abolir o regularizar, dos modelos con consecuencias económicas directas. El asunto no es solo moral; es también una batalla por el dinero negro, la trata y el control de un negocio que se mueve sin factura.

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Asurbanipal

Será en Octubre
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23 Abr 2010
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Estación Espacial Internacional

¿Ha llegado la hora de abolir la prespitación?​

La industria del sesso no para de crecer. En varios países de Europa, el debate sobre cómo regularla o abolirla ha vuelto al centro de la conversación política. España es uno de ellos

Pocos temas del feminismo dependen tanto de la política como el debate alrededor del trabajo sensual. Allá por 1980, las ideas de Andrea Dworkin y de la jurista Catharine MacKinnon marcaron las bases del llamado feminismo radical, entonces asociado a la dureza de sus argumentos contra la prespitación y la prono. Su vehemencia por erradicarlas llevó a Dworkin a aliarse con grupos conservadores, lo que propició que la corriente abolicionista quedara ligada a estos grupos. Pero hoy, en ciertos países europeos se reabre el debate político y, en algunos casos, se quiebra esta alianza que, quizá, duró demasiados años.

La editorial Debate ha reeditado Reprobar a las mujeres (2026), de Andrea Dworkin, publicado originalmente en 1981, y ha vuelto a poner sobre la mesa el tema, interpelando las entrañas del movimiento feminista. El 7 de octubre se edita Hambre de abolición (Destino), de la poeta y escritora Noemí Trujillo, un manifiesto contra lo que considera una grave injusticia estructural. Vuelven las preguntas de la segunda ola, aunque renovadas tras años de leyes que han permitido poner a prueba diferentes posturas: ¿es el trabajo sensual una actividad laboral como cualquier otra o es una forma de sometimiento de la mujer? ¿Tiene sentido aspirar a su abolición o mejor luchar por su regulación? ¿Qué tal ha ido cuando se ha regulado?

Alice Schwarzer (Wuppertal, 83 años), referencia histórica del feminismo abolicionista y fundadora de la revista Emma, responde por correo electrónico. Su diagnóstico sobre la industria, contra la que lleva luchando 40 años, es lapidario, y no ve atenuantes en las nuevas formas digitales: “La prespitación es prespitación. Sea suave o dura, resulta igual de destructiva para la mujer, ya que se infiltra en lo más profundo de su ser: la convierte en un objeto, en mercancía, en alguien que se puede comprar”.

Este argumento teórico se complementa con uno empírico que se basa en el daño que sufren las mujeres que ejercen el trabajo sensual. Para Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género, presidenta de la Red Académica Internacional de Estudios sobre Prespitación y Prono y autora de La ficción del consentimiento sensual, el trabajo sensual “representa el triunfo absoluto del capitalismo”. Cree que ser feminista es incompatible con estar a favor de la prespitación: “El feminismo ha luchado para que la sensual de las mujeres esté basada en el deseo. La prespitación se funda en el deseo masculino y niega el deseo de las mujeres”.

Es difícil demostrar que existe relación de causalidad entre el machismo y el trabajo sensual, aunque es uno de los motivos principales por los que se aboga por su abolición. En el minucioso trabajo Is Sens Work Inherently Gendered? [¿es el trabajo sensual inherentemente sens?], la investigadora inglesa Natasha McKeever se ocupa de desarmar los argumentos más repetidos: que los hombres pagan por sesso porque no encuentran pareja o que existe una asimetría socioeconómica entre comprador y vendedora. Los números no respaldan estos enunciados. Quizá el dato más desconcertante sea el siguiente: en el Reino Unido, durante un periodo de avances en igualdad de género (1990-2010), el porcentaje de hombres que declararon haber pagado por sesso aumentó dos puntos. Para Keever, incluso, hay elección, y muchas se dedican al trabajo sensual por motivos que trascienden la pobreza, en especial desde el boom de internet. “Las estudiantes, por ejemplo. Es una mejor opción para hacer dinero”, reflexiona al teléfono. “Hay personas que genuinamente quieren ejercer el trabajo sensual”.

Y aquí radican los argumentos más fuertes a favor de regularlo: la libertad de elección y la desacralización del cuerpo. Para Martha Nussbaum, todas las personas que trabajan reciben dinero por el uso del cuerpo. Que para ejercer la prespitación se usen ciertas partes del cuerpo y que ello esté mal visto es puramente un prejuicio. El problema surge cuando en situación de pobreza una mujer no tiene alternativas. Por ello, sostiene en un artículo: “La legalización de la prespitación mejora las condiciones para las mujeres que tienen muy pocas opciones”.

Además, prosigue esta postura, la coerción y la explotación pueden ocurrir en cualquier trabajo. Erin O’Brien, doctora en Ciencias Políticas, se reconoce feminista y regulacionista. Cree que reconocer el trabajo sensual como un trabajo permite la protección de la ley sin miedo al estigma, señala por correo electrónico. Rechaza las leyes conocidas como neoabolicionistas, que castigan a los clientes y buscan el fin de la demanda del trabajo sensual. Considera que son ineficientes y “se acercan más a una política simbólica que a leyes reales que protejan la salud, les den seguridad [a quienes ejercen] y garanticen sus derechos humanos”.

Tras pasar por todas las posturas en el debate, Mabel Lozano (58 años) es militante del abolicionismo. Filmó cortos y documentales sobre el tema, y es de las que creen, argumenta en conversación telefónica, que la postura innovadora consiste en prohibir el trabajo sensual y no en regularlo. “No hay nada más conservador, más casposo, que pensar que la prespitación puede ser un empleo. Es lo que han querido los proxenetas toda la vida. Yo he trabajado con un explotador que me decía: ‘Cuando escucho esas voces [regulacionistas] pienso que no hay ni que corromperlas, piensan lo mismo que yo”.

En la coyuntura política europea, el debate vuelve a sonar, aunque de diferentes formas. En España, el PSOE lleva ocho años intentando aprobar la abolición del trabajo sensual. Después del caso Koldo y su vinculación con la prespitación, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha asegurado que, aunque el texto no salga adelante, se abrirá un debate público e incluso, quizás, parlamentario. Sumar aún no ha llegado a ver el proyecto, pero la postura general del partido busca derogar la ley mordaza, que multa a estas mujeres, y reformar la Ley de Extranjería, que “condena a miles de mujeres a la irregularidad y la exclusión”. Más allá de esto y de la voluntad de escuchar a las mujeres que ejercen esta actividad, dentro del partido existen diferentes posturas.

Del otro lado de Europa, en Alemania, crece el arrepentimiento tras dos décadas de regulación: la Unión Demócrata Cristiana defiende derogar la ley porque el país se convirtió, dice, en “el local de alterne de Europa”. Y en menor medida, aunque de una manera inesperada, en Francia también reaparece el tema. Un fruta del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional propuso reabrir los burdeles y que sean gestionados por las trabajadoras sensual, “como cooperativas”. La propuesta aparece como solución al rechazo por parte de las trabajadoras sensual de la ley que desde 2016 penaliza a los clientes (y provoca, alegan, condiciones de trabajo más peligrosas).

Como evidencia el caso de Francia, las trabajadoras sensual tienen sus propios intereses y se inclinan a la regulación. Para Cobo, la autodeterminación de las mujeres y sobre sí mismas es fundamental para el avance del feminismo; para ella, el trabajo sensual es uno de esos casos en los que se llega al límite de lo correcto: “Extraer plusvalía sensual de nuestro cuerpo es éticamente inaceptable. Tampoco lo sería que alguien decretase su propia esclavitud”. El debate es (una vez más) un desfe entre la ética y la política.

 
Más sobre: Feminismo
Abolir y prespitación es un segarro. La naturaleza de la humanidad se basa en obtener beneficios de vivir en sociedad, uno de esos beneficios intrínseco a nuestro modo de vida es que hay seres humanos que ofrecen el usufructo de sus cuerpos a cambio de beneficios económicos, concesiones, privilegios, poder...

Cualquier mujer puede denunciar a un hombre por ejemplo por uso de prespitación ya que invitarla a cenar y luego realizar el acto puede interpretarse como un modo de pago, lo mismo si se contrata una trabajadora y luego por circunstancias del destino acaba liada con el contratante, lo mismo una inquilina, lo mismo si regalas ropa, un coche, le pones un piso...


conclusión del minitocho.


TDS PTS
 
No solo no deberían prohibir la prespitación, sino que deberían regularizarla. Hacen una gran labor social, de hecho muchos problemas se solucionan con acompañamiento.
De las mejores psicoanalistas emocionales que existen la mayoría son cortesana con experiencia.

No solo ofrecen sesso, también abrazos, ternura, cariño, escuchar al cliente, comprenderlo, y ACONSEJARLO.
 
Me llama la atención el viaje de los pogre de las últimas décadas:

Más racistas y antihebreas que los nancy.
Más facinerosos que Mussolini.
Y ahora más puritanos que los meapilas.

Espectacular.
 
Este artículo refleja las dos respuestas: abolición y regularización.

Venga, leételo, que lo he puesto en colorines.
Es un artículo de Lo Pais y se puede leer perfectamente en 10 segundos haciendo un scroll vertical rapidito, a ver si te piensas que somos todos tan poco listos como tú de pensar que en Lo Pais puede haber un debate serio acerca de algo
 
Claro que buscan acabar con ella, la izquierda actual es en gran medida un movimiento que ve en la abolición un nuevo mecanismo de control y sometimiento de la población masculina, creando aún mayor escasez en un mercado ya de por si hiperburbujeado. Y si algún día llegarán a sacar robopilinguis al mercado ya te digo que irían también con las antorchas a plantarles fuego.
 
Es un artículo de Lo Pais y se puede leer perfectamente en 10 segundos haciendo un scroll vertical rapidito, a ver si te piensas que somos todos tan poco listos como tú de pensar que en Lo Pais puede haber un debate serio acerca de algo
Respeto tu opinión.

Y te informo que no soy proELPAÍS.

Pero este, y otros, temas me interesan porque sé que están en el candelero de proyectos de ley en el Congreso, y me interesa compartir con mis shurmanos del foro nuestros comentarios al respecto.

No hace falta insultar ni nada parecido para debatir LIBREMENTE en este foro.

Sé feliz.
 

¿Ha llegado la hora de abolir la prespitación?​

La industria del sesso no para de crecer. En varios países de Europa, el debate sobre cómo regularla o abolirla ha vuelto al centro de la conversación política. España es uno de ellos

Pocos temas del feminismo dependen tanto de la política como el debate alrededor del trabajo sensual. Allá por 1980, las ideas de Andrea Dworkin y de la jurista Catharine MacKinnon marcaron las bases del llamado feminismo radical, entonces asociado a la dureza de sus argumentos contra la prespitación y la prono. Su vehemencia por erradicarlas llevó a Dworkin a aliarse con grupos conservadores, lo que propició que la corriente abolicionista quedara ligada a estos grupos. Pero hoy, en ciertos países europeos se reabre el debate político y, en algunos casos, se quiebra esta alianza que, quizá, duró demasiados años.

La editorial Debate ha reeditado Reprobar a las mujeres (2026), de Andrea Dworkin, publicado originalmente en 1981, y ha vuelto a poner sobre la mesa el tema, interpelando las entrañas del movimiento feminista. El 7 de octubre se edita Hambre de abolición (Destino), de la poeta y escritora Noemí Trujillo, un manifiesto contra lo que considera una grave injusticia estructural. Vuelven las preguntas de la segunda ola, aunque renovadas tras años de leyes que han permitido poner a prueba diferentes posturas: ¿es el trabajo sensual una actividad laboral como cualquier otra o es una forma de sometimiento de la mujer? ¿Tiene sentido aspirar a su abolición o mejor luchar por su regulación? ¿Qué tal ha ido cuando se ha regulado?

Alice Schwarzer (Wuppertal, 83 años), referencia histórica del feminismo abolicionista y fundadora de la revista Emma, responde por correo electrónico. Su diagnóstico sobre la industria, contra la que lleva luchando 40 años, es lapidario, y no ve atenuantes en las nuevas formas digitales: “La prespitación es prespitación. Sea suave o dura, resulta igual de destructiva para la mujer, ya que se infiltra en lo más profundo de su ser: la convierte en un objeto, en mercancía, en alguien que se puede comprar”.

Este argumento teórico se complementa con uno empírico que se basa en el daño que sufren las mujeres que ejercen el trabajo sensual. Para Rosa Cobo, profesora de Sociología del Género, presidenta de la Red Académica Internacional de Estudios sobre Prespitación y Prono y autora de La ficción del consentimiento sensual, el trabajo sensual “representa el triunfo absoluto del capitalismo”. Cree que ser feminista es incompatible con estar a favor de la prespitación: “El feminismo ha luchado para que la sensual de las mujeres esté basada en el deseo. La prespitación se funda en el deseo masculino y niega el deseo de las mujeres”.

Es difícil demostrar que existe relación de causalidad entre el machismo y el trabajo sensual, aunque es uno de los motivos principales por los que se aboga por su abolición. En el minucioso trabajo Is Sens Work Inherently Gendered? [¿es el trabajo sensual inherentemente sens?], la investigadora inglesa Natasha McKeever se ocupa de desarmar los argumentos más repetidos: que los hombres pagan por sesso porque no encuentran pareja o que existe una asimetría socioeconómica entre comprador y vendedora. Los números no respaldan estos enunciados. Quizá el dato más desconcertante sea el siguiente: en el Reino Unido, durante un periodo de avances en igualdad de género (1990-2010), el porcentaje de hombres que declararon haber pagado por sesso aumentó dos puntos. Para Keever, incluso, hay elección, y muchas se dedican al trabajo sensual por motivos que trascienden la pobreza, en especial desde el boom de internet. “Las estudiantes, por ejemplo. Es una mejor opción para hacer dinero”, reflexiona al teléfono. “Hay personas que genuinamente quieren ejercer el trabajo sensual”.

Y aquí radican los argumentos más fuertes a favor de regularlo: la libertad de elección y la desacralización del cuerpo. Para Martha Nussbaum, todas las personas que trabajan reciben dinero por el uso del cuerpo. Que para ejercer la prespitación se usen ciertas partes del cuerpo y que ello esté mal visto es puramente un prejuicio. El problema surge cuando en situación de pobreza una mujer no tiene alternativas. Por ello, sostiene en un artículo: “La legalización de la prespitación mejora las condiciones para las mujeres que tienen muy pocas opciones”.

Además, prosigue esta postura, la coerción y la explotación pueden ocurrir en cualquier trabajo. Erin O’Brien, doctora en Ciencias Políticas, se reconoce feminista y regulacionista. Cree que reconocer el trabajo sensual como un trabajo permite la protección de la ley sin miedo al estigma, señala por correo electrónico. Rechaza las leyes conocidas como neoabolicionistas, que castigan a los clientes y buscan el fin de la demanda del trabajo sensual. Considera que son ineficientes y “se acercan más a una política simbólica que a leyes reales que protejan la salud, les den seguridad [a quienes ejercen] y garanticen sus derechos humanos”.

Tras pasar por todas las posturas en el debate, Mabel Lozano (58 años) es militante del abolicionismo. Filmó cortos y documentales sobre el tema, y es de las que creen, argumenta en conversación telefónica, que la postura innovadora consiste en prohibir el trabajo sensual y no en regularlo. “No hay nada más conservador, más casposo, que pensar que la prespitación puede ser un empleo. Es lo que han querido los proxenetas toda la vida. Yo he trabajado con un explotador que me decía: ‘Cuando escucho esas voces [regulacionistas] pienso que no hay ni que corromperlas, piensan lo mismo que yo”.

En la coyuntura política europea, el debate vuelve a sonar, aunque de diferentes formas. En España, el PSOE lleva ocho años intentando aprobar la abolición del trabajo sensual. Después del caso Koldo y su vinculación con la prespitación, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha asegurado que, aunque el texto no salga adelante, se abrirá un debate público e incluso, quizás, parlamentario. Sumar aún no ha llegado a ver el proyecto, pero la postura general del partido busca derogar la ley mordaza, que multa a estas mujeres, y reformar la Ley de Extranjería, que “condena a miles de mujeres a la irregularidad y la exclusión”. Más allá de esto y de la voluntad de escuchar a las mujeres que ejercen esta actividad, dentro del partido existen diferentes posturas.

Del otro lado de Europa, en Alemania, crece el arrepentimiento tras dos décadas de regulación: la Unión Demócrata Cristiana defiende derogar la ley porque el país se convirtió, dice, en “el local de alterne de Europa”. Y en menor medida, aunque de una manera inesperada, en Francia también reaparece el tema. Un fruta del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional propuso reabrir los burdeles y que sean gestionados por las trabajadoras sensual, “como cooperativas”. La propuesta aparece como solución al rechazo por parte de las trabajadoras sensual de la ley que desde 2016 penaliza a los clientes (y provoca, alegan, condiciones de trabajo más peligrosas).

Como evidencia el caso de Francia, las trabajadoras sensual tienen sus propios intereses y se inclinan a la regulación. Para Cobo, la autodeterminación de las mujeres y sobre sí mismas es fundamental para el avance del feminismo; para ella, el trabajo sensual es uno de esos casos en los que se llega al límite de lo correcto: “Extraer plusvalía sensual de nuestro cuerpo es éticamente inaceptable. Tampoco lo sería que alguien decretase su propia esclavitud”. El debate es (una vez más) un desfe entre la ética y la política.

En Francia más de 4 comunistas varones que quedaban , a votar a la ultraderecha, ya verás.
 
Se debería regular, como se han regulado otras cosas como el alcohol y el tabaco.

Estoy de acuerdo. Solo te puedes ir de servicios sensual si eres del PSOE y si pagas con cargo al erario publico. Lo mismo con las drojas, el alcohol, el tabaco y los paradores nacionales.

Asi que, hay que regularlo para emplear bien el dinero de los impuestos de sanidad, educacion, pensiones y carreteras.
 

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