Vox nombra portavoz del Senado a una abogada de 28 años
Una abogada de 28 años es la nueva portavoz de Vox en el Senado. No se le conoce otro empleo acreditado que cinco años de columnas quincenales y una asesoría política en el Parlamento de Andalucía. El relevo de Jacobo González-Robatto por
Mª José Rodríguez de Millán Parro (Pepa Millán) ha reabierto la discusión sobre méritos, cuotas y carreras que empiezan y acaban dentro del aparato. El relevo se ha enmarcado en un criterio conocido:
los cupos obligados de hombres y mujeres en las designaciones.
Quién es Pepa Millán: Derecho, un máster y una oposición sin aprobar
El recorrido empieza en la Universidad de Sevilla, donde se graduó
en Derecho en 2018. Antes de eso estudió para ser registradora de la propiedad, una oposición que no llegó a sacar. Después llegó un máster en Abogacía y Derecho de la Contratación y Responsabilidad Civil en la Universidad Pablo de Olavide, con asignaturas de derecho de consumo y responsabilidad extracontractual. Entre 2015 y 2019 firmó columnas de opinión
quincenales en el diario
La Razón y en la web
La Iberia, bajo el nombre de Pepa R. de Millán, sobre política y actualidad. En 2020 entró como asesora en el Parlamento de Andalucía y de ahí saltó al Senado. Ella misma contó en redes que cambió las columnas por el escaño para aplicar sobre el terreno lo que antes escribía.
¿Por qué Vox eligió a una mujer para el Senado?
Porque así se ha difundido el argumento: el criterio de cupos por sexo obliga a la formación a reservar plaza femenina, y el puesto que dejaba Jacobo González-Robatto, continuidad del trabajo realizado durante los años anteriores en la cámara alta, tenía que recaer en una mujer. La lectura no es inocua: convierte el ascenso en un ajuste de reglamento y alimenta la sospecha, repetida en todas las formaciones, de que el sitio no se gana solo con el expediente. El resultado es que el relevo se explica antes por la norma interna que por el currículum de la elegida.
Cinco años de columnas: el currículum que se pone en duda
La carrera pública conocida arranca muy pronto:
columnista desde los 20 años en un diario de tirada nacional. Hay quien lee ese dato como una credencial y hay quien lo lee, sin más prueba que el propio recorrido, como el síntoma de un enchufe temprano. Su primer trabajo formal, insisten las versiones más críticas, es la asesoría del grupo parlamentario en Andalucía. De ahí al Senado, sin escalas intermedias: ni bufete, ni empresa, ni administración con responsabilidad de gestión. La pregunta que sobrevuela es sencilla: ¿qué se evalúa en un puesto así, la formación o el recorrido?
¿Cuánta experiencia debería exigirse a un senador a los 28 años?
Ninguna ley exige haber trabajado fuera de la política para ocupar un escaño, y ahí está el nudo del asunto. Una parte del análisis sostiene que
antes de los 24 años no trabaja casi nadie, que a los 28 todavía es normal alargar la universidad entre másters y que el primer empleo serio llega cerca de los 30. Otra parte compara realidades: quien a esa edad arrastraba jornadas hasta las 21 horas y fines de semana incluidos, y quien recuerda que hay jueces de
24 años y defiende que el mínimo para un cargo de este peso debería rondar los
40. El desacuerdo no va sobre una persona concreta, sino sobre qué significa mérito en una democracia de partidos.
De Ciudadanos a Vox: quién teme repetir el final
La designación también se lee como síntoma del rumbo del partido. Una parte de la conversación da el ciclo por agotado y sitúa a Vox en la senda de Ciudadanos, con una o dos legislaturas por delante antes de apagarse; otra cree que el error es de perfil y no de proyecto, y que el puesto pedía un desconocido con verbo fácil en vez de un nombre que arrastra polémica. Sus defensores subrayan lo contrario: a los 28 años ya es portavoz nacional del tercer partido del país. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez: es un cargo precoz y es un cargo que existe.
A juzgar por cómo ha caído el nombramiento, la portavocía se medirá en cada intervención y no en el expediente. Si aguanta el desgaste y el partido frena su caída, el experimento habrá dado un perfil útil para una formación acostumbrada al cuerpo a cuerpo. Si la curva sigue a la baja, el relevo quedará como la foto de un cupo mal colocado. Nada está escrito.