El pesimismo antropológico que se cuela en los foros de economía
Hay un tipo de mensaje que aparece en los foros de economía cada vez que el año se apaga. No habla de tipos de interés ni de inflación. Habla de la especie humana, y de si merece la pena. Un hilo abierto hace casi cuatro años —1.378 días, 177 respuestas— vuelve a la superficie cada diciembre con la misma frase:
«A veces pienso que la raza humana debería desaparecer...». El autor del mensaje inicial lo ilustra con imágenes y lo cierra con un «Feliz Navidad» que suena a todo lo contrario. La primera respuesta que recibe es una amenaza directa. La segunda, una corrección:
«Especie, no raza».
El patrón se repite. Un arranque misantrópico, una respuesta agresiva, y luego un goteo de intervenciones que van desde la provocación pura hasta el análisis más serio. En medio, alguien sentencia que
«la mezquindad humana la salvan los genios con sus grandes obras». Otro matiza:
«A veces no sólo los genios son los que hacen grandes obras». Y un tercero resume el pesimismo de fondo:
«Bastaría con que desaparezcan los narigudos», una salida racista que el resto del hilo no respalda y que conviene leer como lo que es: ruido de fondo, no tesis.
¿Por qué un hilo de economía deriva en misantropía?
La pregunta no es retórica. Los foros de economía españoles llevan años siendo el termómetro de un malestar que no encuentra traducción política. Cuando el debate público se atasca en cifras que no cuadran con la cesta de la compra, una parte de los participantes deja de discutir el dato y empieza a discutir el género humano. El hilo lo dice sin rodeos:
«¿Como van a espabilar después del lavado de cerebro de la familia-colegio-religión-teleinternet-sociedad?». La respuesta no es económica. Es antropológica.
Lo llamativo es que el hilo no se cierra. Vuelve. Cada diciembre, con la misma fórmula. Y en cada retorno, alguien nuevo entra a corregir el término —
especie, no
raza—, a matizar el alcance del pesimismo o a recordar que el ser humano y su entorno son, en palabras de un participante,
«el mismo elemento y no elementos aislados». La discusión se desplaza del sujeto al sistema, del individuo al contexto.
Del «desaparezcan» al «quien salva una vida»
En medio del ruido, el hilo introduce un giro que merece atención. Alguien escribe:
«Quien salva una vida...», y deja la frase abierta. Es el único momento en que el debate abandona la misantropía y se asoma a una ética concreta. No hay desarrollo posterior. La frase queda colgada, como si nadie supiera cómo continuarla sin romper el tono general.
El contraste con el resto del hilo es notable. Frente al «debería desaparecer» del arranque, aparece el reconocimiento de que hay actos individuales que sostienen algo. No es optimismo. Es, como mucho, una grieta. Y en un hilo de 177 respuestas, esa grieta es el dato más interesante: el pesimismo antropológico no es unánime, ni siquiera dentro de quien lo lanza.
El cierre: donde el análisis se atasca
El hilo termina como empezó, con un «FELIZ NAVIDAD» en mayúsculas y un destinatario que no conviene reproducir. Entre medias, 1.378 días de idas y vueltas que no han resuelto nada. La pregunta de fondo —si la especie merece la pena— sigue sin respuesta, y probablemente no la tenga. Lo único que ha cambiado es el tono: de la amenaza inicial se ha pasado a la ironía cansada, y de ahí a la constatación de que el problema no es la especie, sino lo que hacemos con ella.
Queda un dato que descoloca. El hilo se abrió en un subforo de economía. No de filosofía, no de política. De economía. Y ahí sigue, cuatro años después, como un recordatorio de que las cifras no agotan la conversación pública. A veces la desbordan.