Rusia pide ayuda militar a China mientras las balas se agotan
Que el segundo ejército del mundo, a las tres semanas de invasión, tenga que pedir material a su vecino asiático es, cuando menos, una paradoja que desinfla cualquier relato de superioridad militar rusa. Según funcionarios estadounidenses citados por el Financial Times, Moscú habría solicitado equipo militar y asistencia a Pekín para sostener la ofensiva en Ucrania. La noticia, filtrada a la prensa occidental, desató un coro de escepticismo entre quienes recuerdan las armas de destrucción masiva iraquíes, pero también abrió una ventana a la realidad logística del Kremlin.
El arsenal ruso bajo la lupa
La petición llega cuando el conflicto entra en su tercera semana, con pérdidas significativas de blindados y munición de precisión. El propio Putin había anunciado el envío de 16.000 voluntarios, cifra que muchos consideran un intento de tapar la falta de efectivos. Ahora, la necesidad de recurrir a China —no solo por armas, sino también por asesoramiento— sugiere que las reservas no eran tan ilimitadas como se presumía. Hay quien sostiene que la única baza que le queda a Rusia es la amenaza nuclear, pero incluso esa disuasión parece desgastada cuando se pide ayuda a terceros.
El dilema chino
Pekín se encuentra en una encrucijada. Ayudar a Rusia significaría alinearse con un socio estratégico, pero a costa de sufrir sanciones secundarias occidentales que dañarían su economía. El portavoz de la embajada china en EE.UU., Liu Pengyu, negó tener información sobre la solicitud el 13 de marzo y subrayó que la prioridad es evitar que el conflicto se descontrole. Algunos analistas apuntan que China teme el precedente: si Rusia cae, el próximo objetivo en la lista de Washington podría ser ellos. Otros creen que la partida ya está jugada y que Pekín solo espera el momento oportuno para mover ficha.
Para Ucrania, el agotamiento ruso es una oportunidad. Pero también un riesgo: cuanto más acorralado se sienta Putin, mayor será la tentación de usar su arsenal nuclear o táctico. La pregunta que flota en el ambiente es si la OTAN, que observa el desgaste desde la distancia, intervendrá para acelerar la caída del líder ruso o si dejará que la propia maquinaria militar se desmorone. ¿Será capaz Rusia de sostener una guerra larga con su industria bélica en solitario? La respuesta, de momento, depende de lo que China decida hacer con el encargo que tiene sobre la mesa.