«Dadles hasta en el alma»: aplausos a la carga policial
La discusión arranca con un mensaje que cruza dos cosas que no suelen ir juntas: la
DANA de Valencia y las protestas por el precio de la vivienda. «La basura que se ríe de los palos que recibieron los chavales en Valencia espero que pronto tendríais vuestro karma», escribe quien abre el tema, y remata: «la paz social se va a acabar para todos». A partir de ahí, la conversación deriva hacia un asunto concreto:
quién aplaude que la policía cargue contra los manifestantes y por qué.
Qué se celebra y qué se reprocha
Un mensaje reproducido en el hilo, atribuido a un comentarista, resume la postura más repetida: «Cuanto más griten vergüenza me daría ser policía, más orgulloso tienes que estar de serlo», y añade que la violencia «escala en toda España» citando
Madrid, Zaragoza y Valencia. La respuesta más aplaudida va en la misma línea: alguien dice que esas imágenes le resultan «relajantes» y que, si tuviera hijos, los metería en la Policía Nacional.
El contrapunto no tarda. Hay quien recuerda que en
Ceuta no se actuó igual y pregunta por qué. Otro mensaje sostiene que ver golpes a manifestantes y a agentes le produce «la misma gracia», porque lo entiende como un intercambio en el que todos pierden. Y una tercera línea, más dura, defiende que «todas las ostias que les den son pocas» y justifica la intervención porque, según su versión, los concentrados habían asaltado un recinto privado.
El origen del conflicto: vivienda, okupación y relato
El núcleo argumental de quienes aplauden no es la policía, sino la vivienda. Se sostiene que los convocados son «la basura izmierdista antiespañola de siempre», que habrían apoyado la inmigración masiva, la okupación y las subidas de impuestos, y que ahora se quejan de unos alquileres que ellos habrían contribuido a encarecer con leyes contra los pequeños propietarios y la no construcción de vivienda.
La respuesta desde el otro lado llega en forma de atribución histórica: «La inmigración masiva la trajo la derecha Aznar la patronal». El intercambio se cierra sin acuerdo y con un aviso: «Sois lamentables y se os volverá en contra».
Quién está detrás de las protestas por la vivienda
El hilo se parte entre quienes ven en las concentraciones un movimiento ciudadano ahogado por los precios y quienes lo leen como una operación política. En el segundo grupo se afirma que «nadie los hubiera tocado si no hubieran asaltado un recinto privado para agredir a otras personas» y que la policía tiene «orden de tener mano blanda con ellos». En el primero, la crítica se dirige a la propia institución: se describe a la policía española como una «guardia revolucionaria bolivariana en toda regla».
La conversación se cierra, sin embargo, con un diagnóstico más incómodo para todos: que tanto unos como otros actúan como «herramientas de la oligarquía y el poder». Es el punto exacto donde el análisis se atasca: nadie discute ya quién tiene razón en la calle, sino quién gana cuando la calle se convierte en el escenario.