España se asoma a un cambio de gobierno que nadie sabe si llegará
El planteamiento que abre el asunto es tan crudo como reconocible: los partidos funcionan como actores que alternan en el poder para que todo siga igual, y el escenario geopolítico actual —más gasto militar, recortes en lo público— exige un cambio de reparto. La tesis que circula es que el PSOE ya no sirve para ese papel. Con un gobierno de derechas aplicando el ajuste, la izquierda y los
sindicatos podrían desplegar manifestaciones y huelgas generales sin coste reputacional. Con el PSOE en Moncloa, esa oposición pierde sentido.
Mejor oposición, resume el planteamiento.
A partir de ahí, la conversación se abre en varias direcciones que no siempre encajan entre sí.
¿Qué derecha gobernaría y con qué votos?
La primera grieta aparece al preguntar qué derecha es esa. Una parte de los análisis apunta a una coalición entre el PP y VOX, con el partido de Abascal como socio necesario. Otra corriente lo descarta de plano: sostiene que el PP pactaría antes con el PSOE que con VOX, y que solo lo haría si al PSOE no le salieran los números con el resto de fuerzas del parlamento. La aritmética, en cualquier caso, no está resuelta en ningún tramo de la conversación.
Hay quien va más lejos y niega que exista una derecha real en España. El argumento es que el PP, con Rajoy, ejecutó la mayor subida de impuestos conocida y no tocó la ley de violencia de género, mientras que VOX, en su programa más ambicioso, se queda en un sistema de pensiones mixto. La conclusión de esa línea es que aquí no hay derecha de verdad: ni conservadora, ni descentralizadora, ni fuerista. Solo socialdemocracia con distintos grados de progresismo.
El papel de los sindicatos y el gasto en defensa
El punto que más tensión genera es el sindical. La tesis inicial sostiene que CCOO y UGT liderarían protestas masivas contra un gobierno de derechas que recorte servicios sociales para financiar defensa. La respuesta más repetida es que ese escenario ya no aplica: UGT habría asumido la necesidad de gastar en defensa, y el sector del metal, muy sindicalizado, está directamente vinculado a la industria militar. Si el sindicato se vuelve militarista, la huelga general contra el gasto militar se queda sin convocante.
De ahí sale el argumento más incómodo para la tesis inicial: las medidas antisociales que pide Bruselas solo las puede implantar el PSOE. Si las intentara el PP, la respuesta social sería inmediata. Con el PSOE en el gobierno, el ajuste pasa sin ruido. La conclusión que se extrae es que a la UE le interesa que Sánchez siga donde está.
¿Habrá elecciones o no habrá?
Aquí el pesimismo es transversal. Una parte sostiene que no habrá elecciones mientras el actual presidente sepa que las pierde, y que cuando las haya habrá pucherazo. Otra apunta a 2027 como fecha natural y descarta que se vaya sin pelear. Una tercera directamente niega que vaya a haber comicios reales: habrá una farsa, pero no elecciones. Y una cuarta recuerda que llevan pronosticando el final desde 2019.
El pronóstico más repetido, sin embargo, no es el cambio de gobierno sino el de actores dentro del mismo sistema. El PP como tonto útil, el PSOE adaptándose a lo que haya que ser. La alternancia como gestión, no como cambio.
Qué pasaría en la calle con un gobierno de derechas
El escenario que se dibuja si finalmente gobierna la derecha no es tranquilizador. Se anticipan medidas de perfil estético: retoques en la ley del menor, gestos hacia la familia, algún control migratorio. Nada estructural. Y en paralelo, una economía de guerra gestionada por un gobierno sin mayoría sólida, con Junts y PNV como socios improbables. La pregunta que queda flotando es qué pasa cuando ese gobierno tenga que aprobar recortes con la calle en contra.
La respuesta más repetida es que la que se puede liar es monumental. La clase obrera, dice una intervención, está harta de la guerra y cuando gobierne la derecha se la va a oír. Otra lo resume con más cinismo: enculadas generales, es lo que vamos a seguir teniendo.
El análisis se atasca exactamente ahí, en el punto donde la tesis inicial se desmonta a sí misma. Si el PSOE es el que mejor ejecuta el ajuste y los sindicatos ya han asumido el gasto militar, el cambio de actores no hace falta. Y si no hace falta, no llega. Nadie en la conversación ha conseguido cerrar esa contradicción.