Ayuso, entre la salsa y la fruta: cuando la política se queda sin argumentos
El titular prometía un golpe de efecto demoledor contra Isabel Díaz Ayuso. El contenido, sin embargo, se queda en dobles sentidos y burlas personales. En plena era de la información, el ataque a la presidenta madrileña prescinde de datos, de propuestas y de cualquier análisis de gestión. Solo queda el chascarrillo, la insinuación sexual y la caricatura. Es un síntoma de hasta dónde ha llegado la degradación del discurso público.
La conversación digital sobre Ayuso ha derivado en una espiral de ataques personales: su edad, su aspecto, su ambición o su vida privada. Se la compara con una muñeca de plástico con banderitas, se ridiculiza su afán de poder y se recurre a expresiones de mal gusto. Nada de eso responde a las preguntas que deberían importar: qué ha hecho su gobierno con los presupuestos, cómo ha gestionado la sanidad o qué efectos tienen sus políticas fiscales. El fondo ha desaparecido del primer plano.
Peor aún, hay quien aprovecha la coyuntura para colar insultos racistas y xenófobos dirigidos a colectivos enteros. Eso no es crítica política, es simple odio. Y no debería confundirse con el derecho a disentir, por duro que sea. Quien recurre a la descalificación contra un grupo por su origen o etnia abandona el terreno de la discrepancia legítima y entra en el de la discriminación.
Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando un debate a la altura. El tiempo dirá si la política española logra escapar de este bucle de frases hechas y golpes bajos. O si, por desgracia, la salsa y la fruta se convierten en el plato principal.