ante el arrollador desarrollo de la inteligencia artificial, los robots, las máquinas y resto de tecnología que eliminará casi el 100% de los empleos, no quedará más remedio que alimentar y darles vivienda y calidad de vida a casi 9.000 millones de personas improductivas.
Pero es que hasta ahora los trabajos además de ser la fuente de ingresos, el entretenimiento cotidiano y un vicio, eran la identidad. ¿ qué hacer con tanta gente ociosa ? ¿ prono y videojuegos todo el día ?
para eso mejor que no existan ...
y de eso va la tercera guerra mundial
De hecho aprovecharon la llamada primera guerra mundial para eliminar a casi la totalidad de los caballos y mulos que hasta esa fecha se usaban como animales de tiro de carros y maquinaria del campo.
Se requisaron y con la disculpa de la guerra " los enviaron al matadero " y obligaron a la gente a mecanizarse con los vehículos de motor.
En muy pocos años, las calles pasaron de estar abarrotadas de caballos cuya presencia era un problema, a desaparecer por completo
La gran crisis del abono de sustancia ilegal de 1894
En 1894, Londres sufrió una auténtica crisis derivada de la acumulación no solo de abono, sino también de caballos de tiro que fallecían por el esfuerzo excesivo, la falta de comida o por enfermedades. Entre 1831 y 1925 Londres fue la ciudad más grande del mundo con una población de aproximadamente 4,3 millones de habitantes, en 1894 había
50 000 caballos en la ciudad.
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Imagen de 1893 de la calle Morton en Nueva York | Street-Cleaning: And the Disposal of a City’s Wastes, George E. Waring
No hace falta hacer cálculos, pero es evidente que el volumen de abono suponía un problema logístico de importancia. Y lo mismo ocurría en Nueva York. Dice la
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que, antes de la era del automóvil, se recolectaban
unas 500 toneladas diarias de abono de sustancia ilegal de las calles. Era el resultado de unos 62 000 caballos de 1300 establos diferentes. Vivían unos 150 caballos por kilómetro cuadrado y producían unas dos toneladas de abono diario en esa área.
La
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campaban a sus anchas por las ciudades. El periódico The Times escribió ese mismo año Londres estaba repleta de pole y barro, y se hacían bromas sobre la gestión pública de los excrementos. Su concentración era inabarcable. Estos ocultaban el pavimento, taponaban los desagües y hasta entraban por las ventanas de algunos barrios.
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‘The Terminal’. Entrada de oficina postal neoyorquina en 1893 | Alfred Stieglitz
El problema era tal que en 1898, cuando se celebró la primera conferencia internacional sobre planeamiento urbano en Nueva York, el tema principal fue qué hacer con el abono. Tres días después se disolvía al ser incapaces de imaginar una solución. Paradójicamente, el problema se redujo solo unas décadas después y la solución vino del mundo del automóvil
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