38 ex cargos socialistas piden a Sánchez que dimita
Un grupo de 38 exministros, expresidentes del Senado y exalcaldes socialistas ha enviado una carta a Pedro Sánchez para pedirle que dimita. La noticia, publicada por el medio digital El Debate, no ha tenido eco en las principales cabeceras. La misiva la firman nombres como los exministros José Barrionuevo y Narcís Serra, el expresidente del Senado Javier Rojo o el exalcalde de A Coruña Francisco Vázquez, según el listado que reproduce la información. El texto apela a «salvaguardar el honor del partido socialista», una fórmula que ha provocado más hilaridad que adhesiones.
El perfil de los firmantes: muchos «ex», poca mordida
El primer dato que llama la atención es la composición del grupo. Se trata, en su mayoría, de cargos que ya no ocupan ningún puesto orgánico ni institucional. Exministros, expresidentes de cámaras, exalcaldes. La trayectoria de algunos de ellos, como la de Barrionuevo, arrastra un pasado polémico que no ayuda a vender la iniciativa como una operación de regeneración. La carta no ha sido secundada por ningún diputado en activo, ni por los barones territoriales que aún conservan poder en el partido. Eso la convierte en un gesto simbólico, sin recorrido parlamentario.
La reacción del destinatario, según se desprende del cruce de versiones, ha sido la de quien recibe un papel mojado. Según un participante del debate, Sánchez habría contestado que le viene bien para otros menesteres, una salida irónica que resume el nulo impacto que la misiva tiene sobre la disciplina de voto. En el PSOE, los 130 diputados que sostienen al Gobierno no se han movido un milímetro.
¿Por qué no ha tenido eco en los grandes medios?
La información se publicó en El Debate y apenas ha rebotado en otras cabeceras. No es casual. La carta no viene acompañada de una moción de censura, ni de una dimisión, ni de una escisión. Es un documento firmado por gente sin cargo actual. Para que un medio grande mueva una pieza así necesita una consecuencia tangible: un diputado que se va, un voto que cambia. Aquí no hay nada de eso. El resultado es una noticia de un solo medio, consumida por un público que ya estaba convencido.
Hay quien sostiene que el verdadero termómetro no es la carta, sino lo que hagan los barones que aún mandan en sus territorios. Esos no firman cartas. Esperan. Si el ciclo político se tuerce, se moverán. Si no, se quedarán quietos. La carta de los 38 es, en ese sentido, la avanzadilla de los que ya no tienen nada que perder.
El argumento del «honor del partido» y su recorrido
La apelación al honor del PSOE es el eje del texto. Un partido que ha gobernado durante décadas, que ha gestionado el Estado en momentos críticos, y que ahora se ve interpelado por una parte de su propia historia. El problema es que ese llamamiento no viene acompañado de una alternativa. No hay un candidato alternativo, no hay una hoja de ruta, no hay un calendario. Solo hay una petición de dimisión.
Eso explica que la carta haya sido recibida con escepticismo incluso entre los críticos. La pregunta que flota es la de siempre: ¿para qué? Si el objetivo es forzar un congreso, la carta no lo consigue. Si es abrir un debate interno, tampoco. Si es dejar constancia para la historia, entonces sí, pero eso no cambia nada hoy.
Lo que dicen los números: 38 firmas frente a 130 diputados
La aritmética es tozuda. 38 firmas no mueven una mayoría de 130 diputados. No hay una sola voz del grupo parlamentario que haya respaldado la iniciativa. No hay una moción de censura registrada. No hay una dimisión. La carta es un gesto, y como gesto se queda. En términos políticos, su valor es el de una foto: sirve para documentar un descontento, no para provocar un cambio.
La otra cifra relevante es la de los medios que se han hecho eco. Uno. El Debate. El resto, silencio. No porque haya una censura, sino porque la noticia no tiene los mimbres que exige la actualidad: un hecho nuevo, una consecuencia, un protagonista con poder. Los 38 firmantes no cumplen ninguno de los tres requisitos.
Conclusión: lo que puede pasar y lo que no
Es probable que la carta quede como un episodio menor, una nota a pie de página en la historia reciente del PSOE. También es posible que alguno de los firmantes intente presentarse a unas primarias, como sugiere alguna voz. Sería la forma de medir cuánto apoyo real tienen entre la militancia. Si no lo hacen, la carta habrá servido solo para que unos cuantos ex cargos se quiten la espinita.
Lo que no va a pasar es que Sánchez dimita por una carta. Ni por esta ni por ninguna. Su historial demuestra que aguanta presiones mucho más fuertes. La carta de los 38 es, en el mejor de los casos, un síntoma. En el peor, un ruido de fondo.