Cien muertos más: la siniestra cuenta iraní
Irán suma y sigue. Mientras el régimen ejecuta a condenados a un ritmo implacable, la prisión de Ghezel Hesar, al oeste de Teherán, se ha convertido en el epicentro de una protesta desesperada. Más de 1.500 presos condenados a muerte iniciaron una huelga de hambre que lleva ya una semana. La señal más extrema: varios reclusos se han cosido los labios para visibilizar su rechazo a las ejecuciones.
La consigna que circula en redes, #StopExecutionsInIran, choca con la indiferencia exterior. «La pena es que no sean 100 millones», comenta un observador cínico, reflejando la frustración de quienes ven el goteo de ejecuciones como algo normalizado. El propio foro que recoge la noticia la titula «100 muertos más», como si fuera una partida contable más.
¿Qué hay detrás de estas cifras? Irán es uno de los países que más ejecuta al año, solo por detrás de China y Arabia Saudí. La mayoría de las condenas son por delitos de drogas o por «enemistad con Dios», una acusación vaga que el régimen usa para eliminar disidencia. La prisión de Ghezel Hesar alberga a cientos de presos políticos, y la huelga de hambre busca presionar a las autoridades para que detengan las ejecuciones.
El gesto de coserse los labios es un acto extremo que ha corrido como la pólvora en redes, pero que apenas ha tenido eco en los medios internacionales. Mientras tanto, la maquinaria judicial iraní sigue su curso. «Paciencia. Todo se andará», apostilla otro comentario, dejando claro que para algunos el fin del régimen es cuestión de tiempo, no de ejecuciones.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuántos «cien muertos más» harán falta para que el mundo reaccione?