La afirmación de Musk sobre los pensionistas de más de 150 años
Elon Musk ha difundido una tabla según la cual más de 1,5 millones de personas con más de 150 años figuran en la base de datos de la Seguridad Social estadounidense con el campo de fallecimiento marcado como falso. Musk lo ha resumido con sorna: «Quizá Twilight es real y hay muchos vampiros cobrando la pensión». La cifra, sin embargo, no ha sido verificada y la BBC no ha podido encontrar evidencia específica de la afirmación. Hay quien sostiene que esos registros no corresponden necesariamente a personas físicas y que la tabla podría estar mal interpretada.
El dato ha corrido como la pólvora y ha reabierto el debate sobre la viabilidad del sistema público de pensiones. No es solo un problema contable: si esos beneficiarios fantasma cobran, alguien está pagando por ellos. Y si votan, el mapa electoral se tambalea.
¿Cuántos pensionistas fantasma hay en Estados Unidos?
La tabla difundida por Musk muestra franjas de edad imposibles: no solo 1,5 millones por encima de los 150 años, sino cientos de miles en tramos de 110 a 129 y algunos casos que rozan los 370. La explicación técnica más repetida apunta a un fallo en el sistema COBOL, el lenguaje de programación que sostiene buena parte de la infraestructura administrativa estadounidense. Su fecha cero es el 1 de enero de 1601, y un error en el campo de fecha puede convertir a cualquier difunto en un supercentenario.
Esa hipótesis, sin embargo, no explica por qué el campo de fallecimiento sigue marcado como falso. Si el sistema solo tuviera un problema de formato, los registros aparecerían con fechas absurdas pero con la baja correctamente tramitada. No es el caso.
El cálculo del fraude: 9.000 millones al año
Poniendo números redondos, un cálculo conservador estima que medio millón de esos beneficiarios cobran de media 1.500 euros al mes en doce pagas. La cuenta rápida arroja 9.000 millones anuales. La cifra real podría ser mayor si se suman las pensiones de viudedad que siguen percibiendo los familiares de los fallecidos, un fraude que en España ha tenido casos sonados: una mujer cobró durante más de veinte años la pensión de su madre falsificando la fe de vida, hasta que fue condenada a cuatro años de prisión y al reintegro mensual de lo robado.
El paralelismo con España no es casual. Aplicando una regla de tres simple, si en Estados Unidos hay 300 millones de habitantes y 1,5 millones de pensionistas fantasma, en España, con 47 millones, saldrían unos 235.000 jubilados nacidos cuando Cuba todavía era española. Nadie ha auditado esa cifra, pero el escepticismo hacia el registro oficial ya está instalado.
El voto por correo y el ejército fantasma de votantes
La derivada política ha sido inmediata. Una parte del análisis sostiene que esos registros inflados sirven para engordar el censo electoral y que el voto por correo es el vehículo para movilizarlos. La sospecha no es nueva: en España se han detectado casos de tarjetas del censo enviadas a domicilios con nombres desconocidos, un fenómeno que algunos atribuyen a errores administrativos y otros a una estrategia deliberada.
La conexión entre pensiones fantasma y fraude electoral no está probada. Pero la coincidencia de que los estados con mayor fraude detectado sean también los que concentran las batallas electorales más ajustadas alimenta todo tipo de teorías. La auditoría de Musk, según sus promotores, podría alterar el resultado de las próximas legislativas si se depura el censo.
COBOL, el lenguaje que sostiene el sistema
El episodio ha puesto el foco en una tecnología que casi nadie fuera del sector conoce. COBOL, creado en 1959, sigue gestionando bancos, sistemas ferroviarios, agencias espaciales y la propia Seguridad Social. Los pocos programadores que lo dominan cobran sueldos elevados y son un cuello de botella para cualquier modernización. La paradoja es que el fraude de los 150 años no se debe a un error de COBOL, sino a que nadie ha limpiado la base de datos en décadas.
La auditoría de Musk ha tenido al menos el mérito de sacar a la luz un problema que los sucesivos gobiernos habían ignorado. Queda por ver si la depuración del registro se lleva a cabo o si, como tantas otras veces, el escándalo se diluye en el olvido. Si los datos son ciertos, el sistema de pensiones estadounidense tiene un agujero que ni la mejor de las reformas puede tapar sin antes limpiar la lista de beneficiarios.