El hilo se parte en dos: «el trabajo es violencia»
El foro arde. Un mensaje resume la paradoja y a partir de ahí ya no hay vuelta atrás:
«yo no trabajo, el trabajo es violencia... pero tengo necesidades, así que necesito que tú sí que trabajes». La mitad del hilo se ríe. La otra mitad asiente. Y en medio, un enlace que alguien suelta a mitad de página:
un análisis sobre las elecciones del 29N y el peso de las pensiones, los subsidios y las nóminas públicas en la campaña.
Qué se ha sabido
El hilo se abre con el tuit que ya circulaba y que alguien vuelve a pegar:
. A partir de ahí, los mensajes se multiplican. Un participante calcula que con el
Ingreso Mínimo Vital de 800 euros, juntándose cuatro en un piso, se puede vivir sin trabajar. Otro dice que a él le quitaron el
38% de la nómina el mes pasado. Un tercero recuerda que las paguitas existen desde los años 80, cuando tras el cierre de fábricas la gente se colocaba de peón o pedía una incapacidad permanente. Y alguien apunta que el 29N está a la vuelta de la esquina y que estos temas pesan.
Dónde está la bronca
Dos bloques. Los que dan la razón al acampado:
«pues tiene razón, el trabajo es violencia», dice uno.
«El trabajo embrutece», añade otro, y sostiene que la culpa no es de los de abajo sino de los de arriba. Un tercero matiza que el trabajo es violencia, pero los principales generadores de violencia son los gobiernos que viven de todos los demás. Y un cuarto sentencia:
«el trabajo es un mal bíblico».
Enfrente, los que ven la paradoja:
«¿Y que otro trabaje para que tú lo parasites no lo es?», pregunta uno.
«La paguita que recibe del dinero de los demás, a la fuerza, eso no. Eso no es violencia», dice otro. Y un tercero avisa:
«Pues que todo el mundo se haga paguitero, a ver si revienta todo ya de una vez».
La propuesta más repetida:
tres meses de ayuda y, si no hay trabajo, vuelta al país de origen o emigración. Uno lo defiende como realismo:
«La realidad le vuelve a uno fascista y todo eso aunque yo simplemente lo defino como realista». Otro pide directamente limpiar la plaza. Y hay quien sostiene que esto le quitará votos a la izquierda en lugar de dárselos.
La ironía también tiene su hueco:
«En la acampada están profesores del MIT, Oxford y Cambridge, se les nota en la forma de hablar y la educación». Y otro remata:
«No le gusta el trabajo? Es un casero de esos».
Qué cambia respecto a antes
El hilo deja de discutir sobre la mascarilla y se centra en la paradoja de fondo. Lo que antes era un tuit suelto ahora es un debate con dos bandos claros: los que defienden que el trabajo asalariado es violencia y los que responden que vivir de la paguita es una violencia mayor. La propuesta de limitar las ayudas a tres meses gana terreno en los mensajes. Y aparece un dato nuevo: el 29N. Alguien enlaza un análisis sobre cómo pensiones y subsidios pueden decidir las elecciones. El hilo no se apaga. Se encona.