La fiesta de Halloween que nadie pisó desata la guerra de cifras
La discoteca de un pueblo de Zaragoza que se quedó sin público en Halloween sigue dando de qué hablar. En este tramo, el hilo se parte en dos: los que creen que el problema es que no hay jóvenes y los que sostienen que los jóvenes existen pero han cambiado de hábitos. La conversación arranca con un tuit que se comenta aquí:
Qué se ha sabido
El debate se llena de cifras y comparaciones. Un participante asegura que en España la población ha crecido en **3 millones de personas en los últimos cinco años** y, sin embargo, los negocios de ocio están cada vez más vacíos. Otro responde que esos nuevos residentes se han ido a Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza, no a los pueblos. Se menciona un pueblo tipo de **3.000 habitantes** donde, según un forero, en 1980 el **50% eran menores de 30 años** y ahora el **50% son mayores de 55**. También se habla de la caída de la fiesta en Bilbao: hace 30 años, para llegar a la barra de una txozna en fiestas había que pelearse; ahora, a la 1 de la madrugada, las barras se ven desde lejos. Y se lanza un cálculo: _un ratio de éxito del 4% te ponía en la cima de la pirámide social de tu cuadrilla_.
Dónde está la bronca
El choque es entre dos explicaciones. Por un lado, los que defienden que la despoblación y la falta de relevo generacional lo explican todo: «Lo de no tener hijos en los últimos 20 años pues es lo que tiene, que juventud, lo que se dice juventud, no hay mucha y ya si es un pueblo pues aun peor». Por otro, los que sostienen que el problema no es demográfico sino de hábitos: «Antiguamente la gente se divertía y ligaba en ellas. Ahora ligan por tik tok». A eso se suma el coste: pagar por una copa el precio de una botella de supermercado y escuchar «musica de mierda» no justifica la salida, según otro forero. La réplica llega con ironía: «Pero esos no beben. Perdón, no pagan para beber».
El hilo también discute el argumento del pequeño comercio. Frente a la idea de que cada cierre resta vida al barrio, un participante responde que «la mayoría de vecinos sacan champán cuando cierra la discoteca que tienen cerca». Y añade: «No había finde sin policía ambulancia y sangre». La cosa se cruza con la inmigración: un forero afirma que «Joventud hay. O todos los menas que vienen no son jóvenes?», y otro replica que esos jóvenes no beben o no pagan. La conversación deriva hacia acusaciones sobre venta de alcohol y locales regentados por extranjeros, con afirmaciones que no se sostienen en datos.
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate se centraba en la queja de la discoteca y en la nostalgia del ligue. En este tramo entra con fuerza el factor económico y demográfico con cifras concretas, y aparece la comparación con otros países y otras ciudades. También se cuela un enfrentamiento sobre si los jóvenes de ahora son menos o simplemente se divierten de otra manera. La predicción de que «si no va nadie esa noche las otras tampoco irá mucha gente y tendrá que cerrar y reinventarse en otra cosa» queda sobre la mesa. Nadie la rebate con datos.
La experiencia personal que aviva el fuego
Un forero cuenta que vivía en un piso cuya ventana daba a un polígono de discotecas y que no había fin de semana sin policía, ambulancia y sangre. Otro recuerda que hace 30 años, en fiestas de Bilbao, para llegar a la barra de una txozna había que «matar a tres personas»; ahora, a la 1, las barras se ven desde lejos. Son dos caras de la misma moneda: la fiesta como exceso y la fiesta como recuerdo.