El hilo se enciende con el linaje y la dureza de la piel
La conversación sobre el cazador de Chiclana se ha partido en dos frentes: los que buscan el origen noble del apellido y los que discuten la viabilidad técnica de abatir un hipopótamo o un cocodrilo con arco. Los primeros han llenado el hilo de enlaces genealógicos; los segundos, de dudas sobre la penetración de las flechas.
Qué se ha sabido
Un forero ha aportado la
historia del linaje Ramírez de Arellano, que se remonta al siglo XII con Sancho Ramírez de Arellano, primer Señor de Arellano. Otro ha enlazado el
registro del archivo estatal sobre el mismo apellido. También ha aparecido una
referencia académica navarra y la ficha de
Teodomiro Ramírez de Arellano en Wikipedia. El enlace al señorío de Cameros, concedido en 1366, y al condado de Aguilar de Inestrillas, otorgado en 1475, ha servido para alimentar el comentario socarrón sobre el abolengo. En el plano técnico, se ha discutido la dureza de la piel del cocodrilo y del hipopótamo. Un forero ha asegurado que el cocodrilo tiene una zona blanda justo detrás de las extremidades anteriores, y que con un calibre .22 detrás del ojo se le deja seco. Varios han dudado de que una flecha pueda penetrar esa piel sin punta explosiva o veneno. Se ha mencionado que un elefante puede costar cerca de 100.000 dólares, y que ese dinero mantiene reservas y puestos de trabajo.
Dónde está la bronca
El choque principal es entre los que defienden la caza como herramienta de gestión y los que la ven como un acto innecesario. Un participante sostiene que "la mayoría de animales que quedan vivos en esos sitios es gracias a la caza" y que "con ese
turismo de cazadores se mantienen la reserva y viven mucha gente". Frente a él, otro responde con una analogía incómoda: "Con el dinero que pagaron por matar civiles se podría haber ayudado al resto de la población, ¿verdad?". La discusión deriva hacia el turismo sexual como término de comparación, y ahí se enciende: "La mayoría de las chicas que quedan vivas por esos sitios es gracias al turismo sexual y muchísima gente vive de ello ¿esto te suena bien?". La réplica no se hace esperar: "me repugna mucho más el turismo sexual que hacen la mayoría de urbanitas modernos". En medio, un cazador con licencia pero que no caza explica que entiende el argumento económico, pero que "el leopardo, el león y el elefante son animales muy inteligentes, con una vida plena y libre, y no nos deben nada". La conversación salta también a la política: un forero ironiza con que "con lo clasista que os habéis vuelto la izmierda, en estos momentos irse a cazar por África y pagar varios cientos de miles de euros por ello es más de izmierdas que de remeros patrios".
Qué cambia respecto a antes
Hasta ahora el debate se centraba en el mérito del cazador y en la legalidad de los permisos. En este tramo entra con fuerza el origen nobiliario del apellido, que unos usan para burlarse y otros para contextualizar. También se instala la duda técnica sobre el método: cómo se certifica un abate con arco de un animal de piel dura. La predicción de que el hilo derivaría hacia la política se cumple: ya hay referencias a Ferraz y a la izquierda. Y aparece un argumento nuevo: la caza como preparacionismo, la idea de que un cazador así podría defender su casa en un escenario de crisis. "Este cazador puede defender sus latunes llegado el caso", escribe un forero. La conversación no se cierra; de hecho, acaba de abrir un frente nuevo.
La experiencia de un ganadero
Un participante que se define como ganadero y cazador ha contado su caso: "he tenido plaga de conejos en la finca, Jabalíes minando el suelo y jodiendo las vallas, corzos y venados entre mis vacas con el riesgo de trasmisión de tuberculosis, brucelosis o leucosis". Explica que usa hurones y rifle por necesidad, no por trofeo. Su testimonio ha servido para matizar la diferencia entre caza de gestión y caza de trofeo, aunque no ha zanjado la discusión.